El Giro

El periódico universitario El Giro es un proyecto institucional que hace parte de la materia Sala de Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente, donde los estudiantes son los encargados de investigar y redactar los informes que se incluyen en cada edición. El proyecto está dirigido por Gerardo Quintero, Jefe de Cierre del diario El País. El Giro es un espacio que pretende plantear una mirada periodística distinta respecto a diversos temas sociales, promoviendo entre la comunidad universitaria caleña la reflexión frente a decisiones que afectan su vida cotidiana.

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Teatro de los sueños Reviewed by Momizat on . Por: Valentina Echeverry Y Juan Manuel Trujillo Sala De Periodismo  El Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co, al oriente de Cali, se ha convertido en una esperan Por: Valentina Echeverry Y Juan Manuel Trujillo Sala De Periodismo  El Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co, al oriente de Cali, se ha convertido en una esperan Rating: 0
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Teatro de los sueños

Teatro de los sueños

Por: Valentina Echeverry Y Juan Manuel Trujillo

Sala De Periodismo

 El Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co, al oriente de Cali, se ha convertido en una esperanza de formación de vida para decenas de jóvenes en alto riesgo.

nota4-2Surgir entre la adversidad para poder trabajar y resocializarse mediante el arte y la cultura fue difícil para Yair Quiñones, un personaje alto, enérgico, pícaro, con una sonrisa luminosa que contagia, así es él, un afrodescendiente proveniente del barrio Potrero Grande, que debido a su situación socio¬-económica y cultural se vio afectado por las bandas criminales que en ese lugar emergieron hace algunos años.

Su historia inicia el día en que decide robar a la Hermana María Ester, que en ese entonces, era la encargada de un proyecto que iba a mejorar la historia de la comuna 21 de Cali o por lo menos su iniciativa iba a cambiar los titulares de los periódicos, en donde día a día tildan a este barrio como uno de los más peligrosos de la ciudad. La única reacción de ella frente a este hecho, es emprender la búsqueda de Yair, sin temor alguno. “El día en que ella llegó a mí, desesperado le iba a devolver todas sus pertenencias, pero de su boca solo salieron palabras como: Quiero invitarte a que hagas parte del Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co, te cambiará la vida, te lo aseguro”, cuenta Yair.

nota4-1De los errores se aprende, dicen por ahí, y Yair Quiñones aprendió. Pasó de ser una de las personas que se sumaba a la lista de los tantos que cometen crímenes en Potrero Grande, a uno de los más queridos y solidarios en el barrio. Todo esto se reúne en un solo lugar: El Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co. Ubicado en el oriente de Cali, especifi camente en uno de los barrios a los que le temen entrar por sus grandes índices de violencia, Potrero Grande; pero como un oasis en el desierto está la fundación que aleja a los jóvenes de la violencia por medio de la cultura. Los habitantes de esta comuna llegaron ahí porque fueron desplazados con sus familias, por la violencia y pobreza que se vivía en la década de los setenta en el Cauca, Chocó, Huila y Nariño.

El barrio Potrero Grande ha sido dividido con fronteras invisibles por la delincuencia pandillera. Cada sector tiene un grupo que impide el paso de los extraños o enemigos a través de intimidaciones armadas. “Desde que llegaron los primeros sectores, siempre ha existido el problema del confl icto, pero lo que más me ha impactado es que no se encuentran personas mayores de 30 años, todos son jóvenes que han perdido los valores”, dice Jaime Moreno, uno de los primeros habitantes del barrio.

Sin embargo, la magia y los sueños sí existen, están en Potrero Grande, y aunque es bueno conocer la esperanza del futuro, también lo es conocer el principio de todo.

Sergio Vargas hace un panorama claro de lo que es el Tecnocentro en su parte administrativa: “Nuestro aliado más grande es la fundación Alvaralice, lo que ellos hacen es conseguir recursos para proyectos en diferentes fundaciones, nosotros somos una apuesta importante donde están invirtiendo todo su apoyo. La Secretaría de Cultura, por medio de un convenio, brinda el 60% de la operación del proyecto”. El Tecnocentro Cultural Somos Pacífi co surge como una alternativa para la construcción de paz, liderada por una alianza pública-privada integrada por la Alcaldía de Cali, la Fundación Alvaralice, la Caja de Compensación Familiar del Valle del Cauca y la Fundación Paz y Bien.

Cuenta con una gran variedad de programas para todos los gustos, entre ellos se encuentra la formación musical, con el apoyo de la Fundación Nacional Batuta, que tiene como objetivo principal fortalecer e incrementar el disfrute de la práctica y la enseñanza de la música en el país, generando mayores oportunidades para el ejercicio de los derechos culturales de los niños colombianos. Valmore Escandón, director de Batuta, cuenta que “lo más gratifi cante de trabajar con la comunidad es ver el proceso fi nal, ver cuando el niño está interviniendo en la orquesta, cuando de alguna u otra manera está cambiando su rutina diaria por pertenecer a ella y vemos que ese proceso transformador se puede dar a través de la música”.

nota4-3La concentración es la característica que identifica a los integrantes de este programa, en su mayoría niños, donde el ritmo armónico que surge del contacto de las cuerdas y los arcos, expresan la tranquilidad que desde hace mucho quieren los habitantes de Potrero Grande. El violín y la fl auta: sus cómplices, la voluntad: su motor, y sus compañeros: sus familias.

En este lugar se encuentran historias particulares. Michael, un niño de 15 años, pasa las horas del día en Facebook, observando fotos y eligiendo detenidamente algunas para hacerle un vídeo a su tan anhelado amigo que ya no está con él. El Tecnocentro con sus diferentes programas, ha ayudado a los jóvenes a expresarse de diferentes maneras, esta vez las Tecnologías de la Información y la Comunicación le han permitido a Michael desarrollar diferentes habilidades en el programa de edición Premiere y lograr que su tristeza se vea reflejada en un vídeo y no en conflicto. Michael cuenta que “antes de entrar al Tecnocentro, a mis amigos y a mí nos tocaba camuflarnos, ponernos gafas, techo, cualquier cosita para que no nos vieran. Hubo amigos que no quisieron entrar, a uno de ellos se le metieron al rancho y lo mataron porque él cobró venganza por lo que le hicieron a la mamá”.

Sin embargo, no todos los jóvenes llegan al Tecnocentro para mejorar su pasado, o tal vez para olvidar lo que el contexto los obligó a ser, sino simplemente para alejarse de la violencia, para encontrar un espacio nuevo en donde puedan olvidar el trajín de su barrio que los acoge día tras día. “Si vienen niños de otros lugares aquí, se crean el imaginario de que este lugar es como un chaleco antibalas”. Él es Camilo González, un pequeño que llegó con la ilusión de hacer cosas grandes por su familia, por él y por sus amigos. Esas habilidades y esas destrezas, no solo de él, sino de un grupo pequeño de niños en el Tecnocentro, se vieron unidas hace algunos años en Boston (Estados Unidos) donde compartieron sus conocimientos. Todo esto ha sido posible gracias a la dirección de su docente Carlos Rueda, quien ha estado acompañando a los pequeños viajeros en su proceso.

El bilingüismo, con el apoyo del Centro Cultural Colombo Americano es otro de los programas en donde Santiago, es protagonista. Tiene 15 años, en su mirada siempre se le ve algunas chispas de felicidad, este chico nunca desiste, sigue las señales como se las dictan, y aunque a veces no le salgan las cosas como quiere, hay que saber que generalmente es la última llave del llavero la que abre la puerta.

En el Computer Clubhouse, una franquicia de Intel, se dictan talleres de diseño gráfi co, producción musical y audiovisual y además, se ofrece un ambiente creativo y seguro fuera del aula de clase. Son más de 10 computadores Mac los que están ocupados por los jóvenes a eso de las 4:00 p.m. un día común y corriente de la semana. En aquél lugar, se encuentran niños desde los 6 años intentando retratarse en Illustrator, poniéndole efectos a sus vídeos de clase en After Effects y miles de cosas más. Es ahí, donde explotan toda su creatividad, la rebeldía queda a un lado, le meten todo el empeño, inclusive, hasta con gotas de sudor, sobran miles de carcajadas y en sus ojos nunca falta ese brillo de felicidad. Club House fue la inspiración que tuvo Yair para continuar su carrera como tecnólogo en informática en la universidad Santiago de Cali, con el fi n de darle una mejor vida al pequeño Jhon Alexander, su hijo, quien es fuente de inspiración y fue el motivo por el cual se alejó de las calles.

En otro de los tantos rincones del Tecnocentro, se encuentra Diego Montaño, un joven productor de música, que al igual que muchos de los jóvenes del sector, ha tenido que afrontar la violencia, lo bueno aquí, es que encontró una manera ingeniosa de combatir esta problemática, respondiendo a los disparos con música, un arma que ha sabido compartirla con muchos de los jóvenes, y que ha dado buenos resultados. El estudio de grabación es ese espacio donde el ritmo nunca deja de sonar, especialmente el Rap, donde se cuentan historias y sueños que los jóvenes tienen, pero que nunca han tenido la oportunidad de ser escuchados. Su objetivo principal es promocionar los trabajos musicales, todo con un fi n: que su pasado lleno de confl icto, quede en el olvido y en las letras de sus canciones.

“La música es el mejor instrumento para olvidar los problemas, está recuperando la felicidad y la tranquilidad, ellos han logrado dejar las drogas, la mentalidad de maldad, las armas y a través de ella han encontrado una manera de que la sociedad les preste atención”, explica Willington Montaño, ese hombre sonriente, de baja estatura, y al que todos conocen como ‘Añañay’, fundador de la agrupación Los Traviesos.

Jaime Moreno, quien es uno de los primeros habitantes de Potrero Grande, también es docente de pintura en el Tecnocentro. Sin duda, el arte es otro programa fundamental en este lugar, siendo el lenguaje de las imágenes el que permite hablar de los conflictos sin hacerlo directamente. La biblioteca, con libros y cuentos de hadas no puede faltar, y algo de gastronomía, la que le da un toque de picante a su vida.

Por último, Yair deja un mensaje a todo el público y dice: “Todo en la vida es duro y nada es regalado. Yo los invito para que aprovechen las oportunidades y mejoren si están en malos caminos. Me gustaría escuchar el día de mañana palabras como: los jóvenes de Potrero Grande son de los mejores; la cara siempre para el frente y nunca para atrás”. Así es Potrero Grande. Así es el Tecnocentro, el espacio donde se unen centenares de historias, de luchas, de afanes por salir adelante. Sí, aquí es donde el teatro de los sueños se hace realidad.

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