El Giro

El periódico universitario El Giro es un proyecto institucional que hace parte de la materia Sala de Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente, donde los estudiantes son los encargados de investigar y redactar los informes que se incluyen en cada edición. El proyecto está dirigido por Gerardo Quintero, Jefe de Cierre del diario El País. El Giro es un espacio que pretende plantear una mirada periodística distinta respecto a diversos temas sociales, promoviendo entre la comunidad universitaria caleña la reflexión frente a decisiones que afectan su vida cotidiana.

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Crónica – ABPB, Los colores de la silla de la ruedas Reviewed by Momizat on . Casi como una quimera divina y repentina, aparece la Asociación de pintores con la boca y el pie (APBP), en la vida de Carlos Barrera, un hombre de 60 años, cuy Casi como una quimera divina y repentina, aparece la Asociación de pintores con la boca y el pie (APBP), en la vida de Carlos Barrera, un hombre de 60 años, cuy Rating: 0
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Crónica – ABPB, Los colores de la silla de la ruedas

Casi como una quimera divina y repentina, aparece la Asociación de pintores con la boca y el pie (APBP), en la vida de Carlos Barrera, un hombre de 60 años, cuyas manos y piernas dejaron de moverse hace ya mucho tiempo. Sin embargo, su voluntad e inquebrantable fe, permanecen inquietas, y se convirtieron en las precursoras de su innegable talento artístico.

Tras el bastidor, un lienzo en blanco espera deseoso por recibir las primeras pinceladas. Carlos agarra un trozo de madera que se amolda a su dentadura, luego encaja en él, un latón de unos 15 cm. Este desemboca en un pincel, aquel instrumento creador de un nuevo paisaje de ensueño. Entonces, como el alfarero moldea la arcilla, el pintor desliza sutilmente la brocha. Tres, cuatro, cinco trazos, son el inicio de la magia creativa que desborda de su boca.

Años atrás, jamás se hubiera imaginado dedicando todos sus esfuerzos a la pintura, pues dentro de sus planes estaba convertirse en un destacado arquitecto; sin embargo, la vida dio un giro repentino y tras su accidente, el arte se le presentó como un oasis en medio del desierto.

Es así como durante las terapias a las que empieza a asistir en el HUV, la directora de fisioterapia le habla de pintar con la boca. Al principio Carlos estaba muy escéptico, y no quiso ni siquiera considerar la idea. “En esa época estaban de moda los libros escritos por mentalistas, que con su poder movían cosas, doblaban cucharas. Yo contaba con lo que tenía y dije: bueno, si tengo la cabeza, pues será usar la mente. Entonces empecé a leer, pero nunca moví nada”. No obstante hubo algo que Carlos sí logró mover: su voluntad. Entonces, después de una lucha consigo mismo y muchos esfuerzos, accede a dibujar, y pronto comienza a pintar. “Así empecé, hice un caminito con árboles, una casita, un cielo azul, y cuando me asomé, me gustó, entonces no tuve que volver a leer libros de mentalistas.”

Al igual que Carlos Barrera, David Dagua, un joven resiliente de las batallas de la vida,  experimentó hace 17 años, uno de los sucesos que cambiaría por completo el curso de su destino. Fue atacado con arma de fuego sin una razón aparente, al parecer le habían confundido con otra persona y deliberadamente decidieron arremeter contra su vida. Por fortuna, una persona dadivosa le encontró y le auxilió, este gesto lo recuerda hoy con gratitud.

Su vinculación a la Asociación de pintores con la boca y el pie (ABPB), fue, como él relata, “unos pasos invisibles”, pues nunca antes la había oído mencionar. Su primer acercamiento se dio gracias a una recomendación hecha por su fisioterapeuta, quien conocía las bondades de la pintura como una alternativa para desarrollar habilidades y ocupar el tiempo provechosamente. David también se mostró obstinado ante tan descabellada idea, aunque no la descartó del todo. Luego, empezó a visitar una fundación donde conoció a un profesor que lo direccionó a Omar Rincón, maestro del Instituto Popular de Cultura (IPC), quien tuvo toda la disposición para guiarlo en su proceso de aprendizaje con la pintura.  “A la final no sabía ni por qué lo hacía, pintaba para mantenerme ocupado, porque después de tener todas las capacidades, perderlas es un golpe fuerte, es realmente difícil de asimilar”, relató mientras recordaba sus verdaderas motivaciones para dedicarse al arte.

Por su parte, Carlos barrera, cuenta que hacia el año 1984 le llaman para una entrevista con el reconocido presentador Fernando González Pacheco, quien pactó una cita con él en la sala de su casa. Esta entrevista se convirtió en la punta de lanza para que muchas personas se enteraran de sus destrezas con la pintura. De este modo, Aníbal Peña, uno de los encargados de la editorial- APBP, comercializadora de las pinturas en Colombia, queda anonadado con el talento de Barrera y decide hablar con él para brindarle la oportunidad de ingresar a la Asociación más adelante. Este sería, sin duda, un evento trascendental tanto para Carlos como para David, ya que la ABPB guiaría los pasos de estos talentosos y apasionados pintores.

La ABPB tiene su sede principal en Liechtenstein – Suiza. Su razón de ser, persigue incentivar y facilitar el trabajo de los pintores discapacitados. Los pintores que tengan la oportunidad de vincularse con la Asociación, deben enviar su trabajo artístico. Luego, ellos las reproducen para hacerlas llegar a las editoriales, quienes finalmente se encargan de comercializarlas. Los dineros recaudados por ventas son útiles para el pago de becas y la retribución que debe hacerse a cada uno de los pintores por su trabajo.

Esta institución ha sido, durante muchos años, una vía para facilitar el trabajo de los pintores en condición de discapacidad; Carlos y David dan cuenta de ello y hoy se sienten muy felices de haberse topado con esta alternativa. Este también es el caso de Carlos Fernando Ayala, quien después de lanzarse a un río, sufrió un gravísimo accidente que le impidió volver a caminar. Desde este momento, él empezó a asistir a terapia ocupacional para fortalecer su cuello, pues el accidente fue de cervical 3-4. Durante las sesiones, los expertos le recomendaron escribir haciendo bolitas y palitos. “Un domingo, me dio por escribir y hacer algunos dibujos, entonces se lo llevé a la profesora y me dijo que lo hacía muy bien.”, comenta Carlos Fernando, con una expresión de simpatía en su rostro. “Al principio tuve que empezar a fortalecer el cuello, debido a la gravedad de mi lesión. Tuve que fortalecer la respiración, porque permanecí mucho tiempo bajo el agua y me molestó el diafragma. Empecé a pintar como nene de kínder o primaria, hacía unas letras grandísimas  y poco a poco se logró una caligrafía mejor de la que he tenido siempre.”

Después de un considerable periodo de tiempo, un amigo le comenta sobre la APBP. Motivado, decide preparar un material y pide un formato de vinculación. Después de la revisión de los calificadores, su propuesta fue aceptada satisfactoriamente. Carlos Fernando no salía de su perplejidad, pues, él tenía entendido que la persona discapacitada, tanto en Colombia como en Latinoamérica, es  segregada de la sociedad; por ello jamás creyó que la Asociación sería una excusa para incubar su pasión por la pintura y dedicarse de lleno a este oficio.

Nada fue cosa del azar. Desde el colegio, Carlos Fernando se destacó por sus habilidades artísticas, de hecho ganó una competencia de dibujo técnico en el campo publicitario, durante unos intercolegiados. Además, las raíces son irrompibles: su familia paterna está llena de artistas (tanto de músicos como pintores), de modo que siempre llevó este talento en las venas. Luego, en su época universitaria, siguió desarrollando su don especial “En la universidad pintaba en la cafetería para recolectar para las copias y la comida, aunque también lo hacía como hobbie. Estudiaba contaduría, pero nunca me vi ejerciendo esa carrera.” Comentó.

Los destinos de estos tres valientes hombres están unidos por una misma pasión. Con el pasar de los tiempos, Carlos Barrera, David Dagua y Carlos Fernando Ayala, descubrieron un estilo artístico que caracterizaría cada una de sus pinturas y más adelante se convertiría en el sello personal de su producción. Barrera, por ejemplo, comenta que prefiere las composiciones equilibradas y agradables, que cobran vida con la pluralidad de los colores. “Cada uno pinta como es. Un pintor alegre pinta alegre, un pintor triste, usará mucho gris. Yo soy un hombre alegre a pesar de mi condición, me he gozado la vida y todo lo vuelvo un juego.” Para este hombre el arte se ha convertido en una expresión de su alma a través de los sentidos. David Dagua, por su parte, siente predilección por la figura humana “pienso que es algo maravilloso, porque a pesar de que todos los seres humanos tenemos un parecido en sí, somos muy diferentes.” Carlos Fernando también se inclina por retratar los cuerpos humanos, pero especialmente se ha visto atraído por la figura femenina. Sin embargo, las predilecciones de los artistas distan considerablemente de la Asociación. “Desafortunadamente la asociación no publica estos temas, pegan más en Europa, porque aquí en Latinoamérica estamos llenos de Tabús.” Indica Carlos Fernando con un poco de desilusión.

Además de la pasión compartida por la pintura, la amistad fue un lazo que se encargó de unir a estos tres artistas. David Dagua se hizo amigo de Carlos Fernando y le llamaba constantemente para recibir su consuelo, porque siempre lo consideró “un valiente.” Omar Rentería, uno de los maestros de David, conocía a Carlos Barrera. Omar fue el puente para que estos dos artistas se encontraran por primera vez. Cuando Barrera se dio cuenta del deseo de David por ingresar a la Asociación, no dudó en ayudarlo; él mismo se encargó de diligenciar el formulario de su compañero y hacerlo llegar hasta Bogotá. Así, poco a poco, entre las luchas impredecibles de los días, los artistas se hermanaron en un solo sentir.

Encarar las batallas desde la silla de ruedas, evidentemente es difícil pero no imposible. David ha tratado de vencer sus miedos y seguir hacia adelante. “Estamos en una silla de ruedas, pero nuestras vidas no tienen límites”.

Al igual que su compañero, Carlos Fernando, entendió un día, que no valía la pena llorar sobre la leche derramada. “Creo que uno después del choque con la realidad tiene dos opciones: o seguirse quejando y echándole la culpa a todo mundo de su accidente, o en su defecto encarar la realidad y tomar las riendas e ir para adelante. A Dios gracias, me incliné por la segunda.” Además, durante su trasegar como artista se hizo consciente de que la discapacidad sólo se lleva en la mente.

Carlos Barrera, afrontó sus propias batallas internas, donde la búsqueda insaciable por una fe de acero, se convirtió en la gasolina de su motor vital.  “La poca fe que tenía antes del accidente la perdí toda, peleé con Dios hasta el carajo, luego le pedí perdón, hice las paces y empecé a recuperar y a retomarla. Ahora tengo más fe que nunca. Yo tengo más fe que ayer, pero menos que mañana.”, filosofía que todos deberíamos acoger para hacerle frente a las adversidades.

El cuerpo podrá tener limitaciones, pero cuando el alma y el espíritu lo dominan, la vida siempre renace para fructificar y retroalimentar nuestra existenciag. Esta ha sido la clave del éxito de Barrera: “Nunca me he sentido inválido. Hablo del inválido, pero lo trato en tercera persona, el inválido es este cuerpo, pero el que está adentro no, yo no soy inválido… aún sigo hablando a veces en tercera persona,  “álcenlo, súbanlo, vístanlo”. Y mis amigos me preguntaban a quién o a qué y a mí me daba risa, les decía: “a éste” *Refiriéndose a su propio cuerpo*, ¿A quién? – A este, ¿a cuál?, pues soy yo, somos dos: “el que no se mueve y yo, el que no me hace caso y el que manda, es decir, el que habla.”

Por: Ángela María Muñoz Gutiérrez

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