El Giro

El periódico universitario El Giro es un proyecto institucional que hace parte de la materia Sala de Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente, donde los estudiantes son los encargados de investigar y redactar los informes que se incluyen en cada edición. El proyecto está dirigido por Gerardo Quintero, Jefe de Cierre del diario El País. El Giro es un espacio que pretende plantear una mirada periodística distinta respecto a diversos temas sociales, promoviendo entre la comunidad universitaria caleña la reflexión frente a decisiones que afectan su vida cotidiana.

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La tierra del olvido

La tierra del olvido

Luciana Carabalí perdió a dos hijos en la tragedia del 30 de abril del año pasado. Ahora , con 63 años, vela por sus nietos huérfanos.

El 30 de abril de 2014, un deslizamiento de tierra en la mina de la vereda San Antonio, Santander de Quilichao, sepultó a 12 personas. Un año después de la tragedia, las víctimas dicen no haber recibido una ayuda sustancial.

-Ellos quedaron sin papá y sin mamá –dice con su voz cansada Luciana Carabalí, mientras se­ñala con su mano de piel negra a sus nietos Heidi y Marlon Gio­vanni–.

Fue insospechado. Fue fina­lizando el día. Heidi dormía en casa de su abuela Luciana sin saber que sus papás estaban tra­bajando en la mina. Míller Ca­rabalí y Yeli Balanta, sus padres, solían ir en grupo a buscar el oro con el que conseguían el dinero para suplir necesidades econó­micas y con el que compraban el cemento para construir su casa.

Aunque el precio suele fluc­tuar, un gramo de oro se vende en promedio a cincuenta mil pe­sos, y había ocasiones en que en­tre los dos se hacían más de tres gramos. Yeli lo hacía más a me­nudo, dado que era una desem­pleada más en la vereda de ho­rizonte verde y en la que, según sus pobladores, se puede dormir con la puerta abierta. Míller, en cambio, trabajaba como fontane­ro, pero el sueldo no alcanzaba, de suerte que hallaba en el bare­queo un suplemento necesario.

Fue el miércoles 30 de abril de 2014. Heidi había estado hacien­do unas diligencias en Santan­der de Quilichao y las últimas palabras que cruzó con su papá fue cuando le pidió para el pa­saje. A su mamá se la encontró llegando de hacer mercado, ba­jando del bus en el que ambas se despedirían –sin saberlo– para siempre.

A las diez de la noche de aquel día, escuchó que alguien tocaba la puerta; era su prima Isaura con la noticia del derrumbe de la mina. Heidi se recuerda corrien­do descalza y en pijama bajo la oscuridad de la vereda y el piso de sus calles atestadas de pie­dras. Con el corazón latiendo a mil, y la esperanza de encontrar a sus progenitores parados en la mina, esperando abrazarlos, es­perando expresar el desaforado amor que en momentos como es­tos desnuda sus elevaciones.

No fue así. Y de alguna mane­ra ya lo premeditaba. Antes de llegar al lugar se había encon­trado con su primo Eligio, quien le había sugerido no subir. Fue en ese momento cuando estalló en lágrimas y sintió más ganas de llegar a la mina. Mas no ha­bía nada que hacer: lo único que se podía observar era un hueco gigante y arropado por la tierra. Y sin embargo Heidi, inundada de inocencia, quería adentrarse al hueco a buscar a los suyos.

De luto, de luto

El último contacto que María Isabel Amú tuvo con su esposo, Jhoiner Carabalí, fue cuando este le pidió que le buscara unos implementos que necesitaba para trabajar en la mina. Ella, quien nunca se había pasado por esos terrenos de extracción, qui­so acompañarlo. Pero él, quizá y con la intención de protegerla, se negó rotundamente.

Aquel día, Jhoiner había re­gresado de su trabajo como de costumbre. Cerca de diez años realizando labores como ayu­dante de construcción con su hermano Edward no le habían sido suficientes para salir de la casa de sus suegros, y formar un hogar propio con María Isabel y sus hijos Jhonier y Jhon. Por eso decidió ir a la mina de la vereda San Antonio. Quizás y lograba conseguir algunos pesos de más, al igual que su hermano Míller, con quien solía ir.

Al salir de su casa pasó por la morada de su madre, doña Lu­ciana, quien al verlo en una moto junto a un primo le dijo: “¿Y es que tu casa es en la mina?”. El hombre de 35 años no protestó. Como respuesta regresó al poco tiempo a explicarle a Luciana, como él la llamaba, que le iban a regalar una tierra para lavar, término que usan para referirse a la labor del barequeo.

-¿Y quién les va a lavar esa tierra?-, cuestionó la madre. A lo que le respondió: “Yeli”, la mujer de Míller. La anciana, sentada, vio cómo marchaban sus dos hi­jos y su nuera. Reconoce que se quedó tranquila, aguardando un pronto regreso.

Con lo que ganaban en la mina, Jhoiner y Míller Carabalí lograron iniciar la construcción de sus casas. Hoy, los ladrillos son el recuerdo de una ilusión.

Con lo que ganaban en la mina, Jhoiner y Míller Carabalí lograron iniciar la construcción de sus casas. Hoy, los ladrillos son el recuerdo de una ilusión.

Al igual que Heidi, María Isa­bel estaba durmiendo cuando los rumores de que algo había pasa­do en la mina llegaron a oídos de su mamá, quien se apresuró a levantarla para darle la noticia. María Isabel despertó a sus dos hijos y se fue deprisa a la casa de doña Luciana, su suegra.

Allí se encontraba reunida toda la familia y el ambiente no podría ser otro que de preocupa­ción. Sin la certeza de saber si su compañero de vida, a quien conocía desde que era niña, en efecto había fallecido o no, María Isabel permaneció toda la noche en casa de su suegra, pues los demás le aconsejaron no pasarse por la mina.

Por más aterrador que pudie­ra parecer la situación, en una esquina de su pensamiento se alojaba la idea de que algo había permitido que se salvara. Tal vez se había refugiado. Tal vez no es­taba en el lugar del deslizamien­to. Tal vez se había ido. Tal vez.

La búsqueda del cuerpo sin vida de Jhoiner duró aproxima­damente una semana. Ese mis­mo día también encontraron los cadáveres de Míller Carabalí (su hermano), Yelis Balanta (esposa de Míller), Edilsa Carabalí (pri­ma de Jhoiner) y de Ílder Alber Díaz (esposo de Edilsa). Así, la familia Carabalí se vistió del opaco color del luto y le dijo adiós a cinco de sus integrantes.

Los olvidados

Un año después de la tragedia las víctimas manifiestan que la ayuda del Estado se ha reducido a dos mercados.

El alcalde de Santander de Quilichao, Luis Eduardo Grijal­ba, dice que la comunidad deci­dió entenderse con la Mesa In­terétnica, pero que antes de eso hizo intervenciones en la mina que casi lo llevan a la muerte. Recuerda que a su ex secreta­rio de gobierno, Ricardo Cifuen­tes, en una visita que hizo a la mina lo golpearon, lo raptaron y lo amenazaron de muerte. El mismo Grijalba ha sido objeto de estas amenazas y por eso se vio obligado a sacar a parte de su fa­milia del municipio.

El alcalde cuenta que cuando las autoridades han ido por las retroexcavadoras las mismas personas lo impiden, arguyendo que gracias a estas comen.

– Es verdad que la gente va a la mina por falta de oportunida­des, pero también por ganársela más fácil –concluye–.

En esto último coincide Ri­goberto Banguero, rector de la Institución Educativa San Anto­nio, pues a la mina no solo iban personas que respondían por fa­milias, también jóvenes que se escapaban de la escuela por eso: dinero fácil.

Alexis Mina, Representante legal del Consejo Comunitario Zanjón de Garrapatero, señala que la minería se convirtió en un fenómeno que atrajo a gente que no es tradicionalmente minera.

En efecto, en San Antonio la gente empezó a sustituir la agri­cultura por la minería y eso, se­gún advierten Mina y el rector, obedece a la falta de acompaña­miento del Estado en la activi­dad agropecuaria.

Es por eso que hoy las activida­des en la mina siguen vigentes, aunque en menor proporción. Ahora, al barequeo lo acompaña otra técnica de extracción. “De manera contradictoria se está haciendo una explotación mine­ra en la zona que se llama metro cúbico, permitido por la ley, que es hacer un hueco de 1×1 e irse hasta donde usted quiera por de­de­bajo de la tierra, como un topo. A mí me parece esto inhumano”, argumenta Grijalba.

Y a pesar de que el Alcalde afirma que el auge de la mine­ría en Santander paró, todavía es posible ver cómo transitan al­gunas retroexcavadoras por las vías de la vereda San Antonio.

A pesar del alto riesgo, la mina con¬tinúa representando una alternativa para obtener ingresos a pobladores de la zona.

A pesar del alto riesgo, la mina con¬tinúa representando una alternativa para obtener ingresos a pobladores de la zona.

En el acta de la Mesa Territo­rial Afrocaucana (ver recuadro), cuya expedición fue el 7 de mayo de 2014, se señala que “el De­partamento para la Prosperidad Social (DPS) liderará la Mesa de Trabajo Social (…) con el propó­sito de desarrollar un plan de trabajo que beneficie a las comu­nidades afectadas”.

Hasta ahora no ha habido ayu­da alguna. Alcaldía y Mesa Inte­rétnica se exoneran de culpas, y entre tanto las víctimas de San Antonio siguen a la espera del plan que las beneficie.

Grijalba recuerda que la co­munidad decidió arreglar con la Mesa, y Mina argumenta que el hecho de que esta se hubiera entendido directamente con el Gobierno Nacional, no implica­ba que la oficina de la Alcaldía de Santander de Quilichao se ol­vidara de sus responsabilidades con las víctimas. Aprovecha para recordar un compromiso al cual se había llegado con la Admi­nistración Municipal, por medio de la Junta de Acción de Riesgo: la designación de viviendas o la mejoría de las que ya se tienen.

María Isabel está sin traba­jo y sus hijos estudian gracias al apoyo de familiares. Luciana vive con Heidi y Marlon, pero se queja de que a sus 63 años su salud se ha complicado. Por eso, ya no resiste el mismo trajín que le ha permitido levantarse a las cuatro de la mañana para ir a la galería de Santander de Quili­chao a trabajar, como lo ha ve­nido haciendo por más de veinte años para sustentar a su familia.

Al final de todo, el alcalde Gri­jalba concluye algo razonable:

-Mientras está el furor de la tragedia la gente viene y ayuda; después todos se van olvidan­do…

¿QUÉ ES EL BAREQUEO?

Según el Ministerio de Minas y Energía de Colombia, el bare­queo es la actividad en la que se contrae el lavado de arenas por medios manuales, sin ninguna ayuda de maquinaria o medios mecánicos y con el objeto de se­parar y recoger metales precio­sos contenidos en dichas arenas. Esta actividad es una forma típica de minería informal.

¿QUÉ ES LA MESA TERRITORIAL AFROCAUCANA Y LA MESA INTERÉTNICA?

“Son espacios constituidos para avanzar en acuerdos sobre el tema de tierras y otros relacio­nados entre afros, indígenas y campesinos y de las acciones inconsultas del Gobierno Nacio­nal que han venido generando conflictos entre los distintos gru­pos y profundizado el conflicto social en la región”. Comunicado de las organizaciones afro de la mesa de desarrollo territorial afrocaucana, fechado el nueve de noviembre de 2014.

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