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El campesino siempre a pie de lucha

El campesino siempre a pie de lucha

Por Valentina Moreno Rosero / Reportero de El País

Valentina Moreno Rosero / Reportero de El País

Colombia es un país conocido mundialmente por infinidad de cosas, una de ellas, la unión y la amabilidad de sus habitantes; los extranjeros que vienen de visita a nuestro país argumentan que la gentileza y vínculo que tenemos entre todos es de admirar, y es que es verdad, los colombianos siempre nos unimos ante diferentes circunstancias ya sea para apoyar a la selección en una partido de fútbol o para condenar social y moralmente a un delincuente.

Pero pensando objetivamente es preciso reconocer que las tan admiradas uniones no son como parecen. Y es que hoy en día, aunque Colombia está atravesando por un momento histórico como lo es el haber firmado la paz con una de las guerrillas más importantes del mundo, la unión en pro del bienestar del país se ha visto reflejada más en cohesiones individualistas que apoyan solo lo que le conviene a sus intereses y no a lo que verdaderamente importa que es iniciar un nuevo camino como país.

Así entonces, es claro que no somos malos sino más bien acomodados, el bien individual sigue primando en nuestras acciones y un ejemplo acorde es el bienestar del campo de nuestro país. Es verdad que hay y han habido proyectos con el tema de la inclusión para el sector agrario como principal objetivo, sin embargo, lo que se ha evidenciado ha sido muy poco.

Quienes vivimos en la ciudad tenemos la fortuna de llevar una vida entre comillas fácil, vivir en zonas urbanas es más sencillo y llevadero, por supuesto que hay y se asumen dificultades como lo son la economía, la educación y la salud, pero también se adquieren beneficios tales como gozar de tecnología, cultura, recreación e innovación que son elementos que en el campo poco, o incluso nada, se conocen.

Mientras una persona citadina cuenta con gran cantidad de alternativas para tener una vida digna y resolutiva, hay infinidad de campesinos luchando por ser reconocidos, apoyados y protegidos, no solo por los ciudadanos, sino también, y con mayor necesidad, por el Estado.  Aquí no se está diciendo que al Gobierno no le importe el campo, aunque en ocasiones es lo que parece, sino que a pesar de que ha habido y hay proyectos que buscan ayudar los campesinos, las políticas públicas no son suficientes para lograr el objetivo, porque en la mayoría de los casos, los intereses de quienes tienen el poder priman sobre la idea de inclusión campesina.

Los problemas del campo colombiano ha sido relegados y por ende, hoy en día son de mayor magnitud, mientras los dueños de las grandes cadenas de supermercados son cada vez más ricos los campesinos tienen más dificultades económicas porque sus productos son comprados según la voluntad de los mediadores entre ellos y los supermercados y/o las plazas de mercado; como causa del ejemplo anterior, están la falta de adecuada infraestructura, que afecta la correcta siembra de productos legales, y de supervisión de la posesión de las tierras puesto que en muchas de ellas cultivan personas que se han apropiado ilegalmente de terrenos fértiles.

El campo colombiano no solo necesita contar con más apoyo para su agricultura, sino también para la educación, la cultura y el estilo de vida en general; es sorprendente ver, sin decir que está mal o que no lo haga, que un país se una para apoyar a la Selección en su camino al Mundial de Fútbol o para lograr que una soberana colombiana gane un reinado de belleza e incluso para defender a un cantante ante el rechazo de su música, pero que a la hora de luchar en pro de los derechos que benefician a todos o de la mejoría de sectores olvidados de su región, como lo es el campo, ahí si nos olvidemos cómo unirnos y movilizarnos para evitar vulneraciones.

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