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Hijos de la guerra; frutos de la paz

Hijos de la guerra; frutos de la paz

Este es el cuarto de Joan Manuel, hijo de Tania.

Hace 21 años más exactamente en diciembre de 1995 mientras se combatía con el ejército colombiano en las profundidades de la selva oriental, Camila Cienfuegos, esposa de Jorge Torres Victoria más conocido como “Pablo Catatumbo” dio a luz a una pequeña niña llamada “Amalia”, en ese entonces la guerra estaba agudizada y había que escoger entre ser mamá o seguir siendo combatiente, Camila decidió ser las dos y aunque dejó su niña al cuidado de su familia muy lejos de ella, celebra gozosamente al ver que esta niña hoy es una profesional y orgullo de sus padres.

Después de la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Farc esto está cambiando, y estos niños de excombatientes están pasando de ser hijos de la guerra para convertirse en frutos de paz, esperanza y reconciliación.

Es por eso, que a cinco metros del portón principal de la Zona de Transición y Normalización Carlos Patiño ubicada en la vereda de La Elvira, municipio de Buenos Aires del departamento del Cauca, a tres horas de Cali en un viaje por carretera destapada, una puerta de madera brillante con la fotografía del ex comandante de las Farc “Mono Jojoy” es la entrada y salida de un cuarto fresco con aroma de shampoo para bebé, que en ese momento se encontraba sintonizado de música con el movimiento de las maracas y juguetes de arrullo.  En ese recinto de una sola cama al lado izquierdo de la habitación con fotografías del embarazo de Tania pegadas en las paredes, peluches y demás juguetes duerme Johan Manuel, él bebe de Tania nacido en mayo del presente año.

“Cuando mi niño tenga conocimiento le explicaré la realidad, el conflicto que hemos vivido, pero aún así desde muy pequeño le inculcaré valores, respeto por las mujeres, a no ser egoísta porque la idea es hacerlos crecer de una forma muy solidaria, muy unida y sin indiferencia alguna” expresa “Tania”, quien ingresó a las Farc hace 15 años y quien estudia actualmente periodismo a través de cátedras y capacitaciones que realizan sus compañeros con experiencia en el área o inclusive instructores contratados de afuera que llegan a la zona expresamente a enseñarles.

Asimismo, a unas diez habitaciones pasando por la cocina de la guerrillerada y subiendo una montaña un poco inclinada, mucho más adentro de la zona de transición, que desde agosto son llamadas Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, se encuentra Mayerly, la pequeña más inteligente de dos años de edad, la más juguetona, la mayor entre todos los niños de a quienes el 21 de agosto del presente año bautizaron, nació en Girardot, Cundinamarca en una clínica privada el 20 de marzo de 2015.

Clara es la madre de esta pequeña, ella es una excombatiente Fariana de 31 años de edad, la cual recuerda que mientras otras madres no quisieron cargar con sus bebés y prefirieron abandonarlos en la guerra, ella luchó por su hija al estar convencida que Mayerly es la representación de la reconciliación y el amor.

“Ella no se quedará sin estudiar” afirma Clara, pues la inscribirá en la escuela que se tiene pensada hacer en la Zona Veredal por parte de los líderes de la organización, si esto no es así, mirará otros horizontes ¿Cuáles? No sabe, no responde.

“Amanda Ríos” quien es una de las Coordinadoras de esta zona de reincorporación, tiene el sueño de construir por lo menos dos guarderías y una escuela, con el fin de brindarle educación a todos los niños como Mayerly y Johan Manuel, los cuales han venido naciendo desde que empezó la negociación para la terminación del conflicto armado, social y político del Gobierno Colombiano con las Farc.

Al dialogar con el Sacerdote encargado de bautizar a los hijos de los excombatientes el pasado mes de agosto, el párroco Smith Ortega de Timba-Cauca, cuenta que existe una doble moral en este proceso y futuro de estos niños que han nacido como producto de la guerra, ya que si la madre se caracteriza por ejercer la rebeldía, su hijo también lo será, a menos que se le intervenga con muchas herramientas educativas, vuelve e insiste que estos niños serán la esperanza del posconflicto siempre y cuando haya una educación de calidad.

A lo anterior, la Directora Nacional de Bibliotecas Públicas, la señora Consuelo Gaitán Gaitán, dice que la labor del Gobierno en la Zona Veredal de concentración de Buenos Aires, Cauca, ha sido prestar todos los servicios bibliotecarios, asegura que han llevado bibliotecas a esas zonas de paz con las cuales los niños gozan de 15 computadores, 20 lectores, libros físicos, 200 películas para realizar cine foro entre otras. Todo esto lo hacen con el fin de llevar toda una oferta cultural para que los hijos de los ex integrantes del grupo armado sigan dentro de su entorno.

Un bombardeo de energía viven ahora los excombatientes de las Farc.

Pero la realidad es diferente, al parecer nada es cierto, algunos niños realizan obras de arte, juegan con pinturas, bailan, cantan pero no leen libros. Sin embargo, los universitarios,  líderes sociales y algunas organizaciones como “Criando la paz” que llegan a esta zona para comprender su realidad, ven en estos niños la posibilidad de un cambio social fuerte, por eso llevan sus ganas de enseñar y la humildad de donar algunos recursos educativos.

Amanda asegura que por parte del Gobierno no se han recibido ningún tipo de ayuda,  lo cual es desconcertante para padres que sueñan con ver a sus niños profesionales sin tener que separarse de ellos como en la guerra. Camila Cienfuegos reafirma lo que dice Amanda,C expresando que el Estado no tiene presupuesto para otorgarle un futuro próspero a estos niños, sin embargo ellos como padres lucharán porque sus hijos cuenten con el amor y cariño de una familia combatiente unida por la paz.

Gustavo Arbeláez, anteriormente denominado como “Santiago Cepeda”, jefe del frente Manuel Cepeda al cual pertenecía Clara, salió hace dos meses de la cárcel por haber sido uno de los intelectuales en el secuestro de los once diputados del Valle del Cauca. Siente un gran orgullo, no por el secuestro del cual armó, sino por ser llamado como el “tío” de los hijos de los excombatientes pues es el más cariñoso, el más comprensible, el que más sabe… tal vez el más educado. Gustavo sueña con ver a estos niños empoderados de la defensa de los derechos ciudadanos y sus reivindicaciones, como grandes líderes sociales que respetan las diferencias, amantes de la labor política con sentido humanista y de pueblo.

Muchos de los excombatientes en la Elvira piensan que si la ciudadanía no se reconcilia y no cooperan para la implementación de los acuerdos de paz, asimismo si no se respeta el derecho a la vida y no se puede hacer política sin armas, el futuro de estos niños se tornarán menos próspero y educado, pues ser madre o padre guerrillero en el contexto colombiano es muy difícil, porque no solo está en riesgo la vida de los niños, sino también la de sus padres.

 Por Jessica Valencia Zambrano y Estiven Quiñones Castro/ Reporteros de Sala De Periodismo

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