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Cali, una población con capacidades invisibles a la sociedad

Cali, una población con capacidades invisibles a la sociedad

Juan Carlos realiza ejercicios de fortalecimiento en su casa.

Con sus paisajes repletos de caña de azúcar, un sol que en su tope más alto irradia felicidad, mujeres bellas por donde sea el caminar, cuna de los mejores bailarines de salsa a nivel mundial, así es reconocida por turistas y extranjeros Santiago de Cali, o llamada también la ‘Sucursal del cielo’. Es una de las ciudades principales del país, y aunque cuando se habla de ella aparentemente todo es color de rosa, cuenta con una problemática social: la inclusión en el mundo laboral de personas discapacitadas.

En la ciudad, hay más de 150.000 personas en situación de discapacidad, ya sea física, visual, auditiva o cognitiva. De ellas, alrededor de 8.000 tienen un empleo, según la Secretaría de Bienestar Social de Cali.

Andrés Felipe Gordillo, hace parte del pequeño porcentaje de personas discapacitadas que cuentan con un empleo en la capital del Valle. Vestido con colores neutros, sombrero negro con algunas rayas blancas, sentado en la sala Jorge Luis Borges y mirando al horizonte, recuerda con un toque de picardía, aquel día que quiso subirse a un árbol sin ser consciente de las consecuencias, con tan solo 14 años, el destino le jugó una mala pasada y se cayó de este, dándose un golpe muy fuerte en la cabeza que generó un desprendimiento de retina, causándole así la pérdida de su visión.

Volver a empezar

A partir de ese momento, Andrés decidió renacer como el ave fénix, empezó a tomar clases particulares porque a su edad ya no le permitían ingresar al Instituto Para Niños Ciegos y Sordos de la ciudad. En compañía de profesores privados, inició un proceso de rehabilitación o como él lo llama “readecuación” donde aprendió nuevamente a leer y a escribir con el sistema táctil Braille, además tomó clases para poder movilizarse, porque según él, “cuando uno pierde la visión, la sensación que hay es de vacío, es como si el piso se fuera a abrir”.

En este largo proceso, aprendió a confiar en los demás, pues afirma que los ciegos tienen una característica que a muchos se les dificulta: confiar en el mundo y en las personas. Después de su rehabilitación, él decidió culminar sus estudios y emprender nuevos retos, estudió Música en el Instituto Popular de Cultura en simultáneo con la carrera de Filosofía en la Universidad del Valle.

No conforme con sus estudios, Andrés quiso aprender sistemas, su finalidad era trabajar arreglando computadores, pero esto lo hizo por cuenta propia, pues existe un software llamado Jaws que permite la lectura de pantalla para personas ciegas. Entre risas cuenta que dañó muchos computadores antes de empezar a trabajar en reparación de estos equipos y así recibir un “dinerito extra”. Nunca se quedó quieto, siempre buscaba alternativas para emprender y generar un sustento económico. Vendió café, velas y artesanías en la calle, también abrió un restaurante en convenio con sus amigos.

Tiempo después, trabajaría para un proyecto llamado Convertic del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia (Mintic) como conferencista en capacitación del software Jaws y  Magic para la población discapacitada, -esta es una herramienta que agranda hasta 16 veces las imágenes en pantalla, para que personas con baja visión accedan con comodidad a contenidos digitales-.

Ganar experiencia laboral para los jóvenes en Colombia es complejo, pero aún más para las personas que sufren alguna discapacidad. De acuerdo con estadísticas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en Colombia existe un promedio de 3 millones de personas con discapacidad que no reciben un ingreso económico, el 52% de esa población está en edad productiva, pero solo el 15,5% realiza algún tipo de trabajo por el que en su gran mayoría reciben menos de un salario mínimo.

Actualmente, a sus 33 años trabaja como promotor cultural de personas con discapacidad en la Secretaría de Cultura de Cali, entre sus labores está generar actividades culturales, clases de idiomas y conferencias para que la población pueda ejercer su derecho cultural. Su secreto para estar inmerso en el mundo laboral, ha sido contar con una buena actitud y “colocarle corazón” a todo lo que hace, según él, estos factores ayudan a abrir muchas puertas.

Los empleadores

Para Andrés Felipe, los empresarios tienen muchos prejuicios hacia las personas con alguna discapacidad, pues afirma que para los empleadores realizar ajustes razonables (ajustar el espacio para que la persona pueda desarrollar sus labores) dentro de las empresas, son mucho más costosos que los beneficios que obtendrán de  esta comunidad.

Así como él, Juan Carlos García, una persona con movilidad reducida, afirma que la población de discapacitados es constantemente discriminada en muchos aspectos, pues son vistos como personas incapaces, aquellas que no pueden cumpir con las responsabilidades de un empleo. Y aunque romper estos paradigmas es bastante complicado, trabajan constantemente para cambiarle el chip a la población colombiana, con el fin de que puedan ser vistos como personas que pueden pensar y no solo como los empacadores de un supermercado.

Es por esto que Andrés Felipe invita a todas las personas con alguna discapacidad, a que cambien su actitud por una más positiva, que sean autónomos y aprendan por cuenta propia, para así demostrar que sí son capaces. “Las personas con las que me rodeaba me trataron sin ninguna compasión”, se le oye decir con un tono de agradecimiento, para él esto fue positivo, pues le permitió tener una exigencia propia para cumplir los compromisos y labores que debía realizar.

Por otra parte, Alexandra Valencia, psicóloga con énfasis en apoyo a personas discriminadas y marginadas, hace un llamado para que piensen esta inclusión laboral más allá de realizar un ajuste razonable dentro de la empresa. Recalca que el contratar a una persona con discapacidad no es solo hacer un tratamiento comunicativo con señales, rampas en vez de escaleras o un escritorio a medida y que pueda tener todo a su alcance; sino que además de asegurar un ambiente laboral saludable, promueva tanto dentro como fuera de la empresa, un cambio cultural.

Además, recalca que aunque es un trabajo que se debe hacer entre las dos partes, -tanto el empleador como las personas con alguna discapacidad-, son estas últimas quienes son responsables de fortalecer su confianza y salir del estigma propio de que son un “grupo diferente” dentro de la sociedad.

Hoy en día, Juan Carlos, a sus 50 años, se desempeña como gerente de un club deportivo de fútbol. Cuando tenía 18, sufrió un accidente automovilístico que le ocasionó la pérdida de movilidad de cierta parte de su cuerpo, desde entonces su silla de ruedas, son sus piernas. Es administrador de empresas de la Universidad Icesi, y aunque reconoce que el no poderse desplazar como lo hacía antes fue su mayor reto, le agradece inmensamente a su familia, sobretodo a su hijo, quien es su motor para luchar por ser mejor cada día y nunca bajar la guardia.

Para Andrés Felipe en cambio, su motivación para nunca rendirse, fue aprender que la vida es muy corta y demasiado hermosa como para quedarse esperando a que el tiempo pase. Finaliza la historia de su vida regalando otra de sus grandes sonrisas, y a manera de consejo dice que “cuando uno quiere algo, hay que salir a buscar las cosas, encontrarlas y cumplir lo que uno quiere”.

 

Beneficios 

Beneficios legales y tributarios por vincular trabajadores con discapacidad (Leyes 361 de 1997 – 1618 de 2013):

 

  • Deducción en la renta
  • Menor cuota de aprendices
  • Ventajas en licitaciones públicas
  • Créditos con entidades estatales
  • Preferencia de sus productos adquiridos por el Estado

“Las empresas interesadas en contratar a personas en situación de discapacidad, se pueden dirigir a la oficina de atención al discapacitado en la Alcaldía de Santiago de Cali, donde podrán encontrar una base de datos de personas de esta población que perfectamente pueden laborar”. Francisned Álvarez, Sociólogo y coordinador de la oficina de atención a la población discapacitada de la Alcaldía de Santiago de Cali en el año 2009.

 

Por: Juan Pablo Echeverry y Mariana Paz/Estudiantes Sala de Periodismo

 

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