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Derecho de admisión: restricciones de las discotecas en Cali, a un paso de la discriminación

Derecho de admisión: restricciones de las discotecas en Cali, a un paso de la discriminación

Cali, la ciudad salsera por excelencia, enciende sus luces a los costados de la calle y la música de los establecimientos comerciales invade todos los rincones, dándole bienvenida a la noche. La semana finaliza. Santiago en compañía de un amigo, sale a mover su cuerpo, en una de las más tradicionales y emblemáticas discotecas de la Zona Rosa en la carrera 66, al sur de la ciudad. Sin embargo, su sonrisa desaparece cuando escucha la frase, “si hubiese sabido que eran gays, nos los habría dejado ingresar.” Santiago y su acompañante salen de la discoteca, resignados ante lo sucedido. Dan la vuelta con ira y se marchan. 

“Se reserva el derecho de admisión”. Seis palabras que salen estruendosas y amenazantes de fornidos guardias de seguridad, y que se plasman en las paredes de los establecimientos, muchas veces sin ninguna explicación. Una frase que se convierte en el trago amargo de quienes son rechazados, ya que los propietarios de muchas discotecas prohíben, limitan y hasta violan elementales derechos al seleccionar quienes ingresan, bajo un criterio unilateral.

Cali es una de las ciudades que promueve este llamado “derecho”, uno que se respalda en la exclusividad pero que se mantiene sobre una muy delgada línea entre hacer valer esta regla o fomentar algún tipo de discriminación.

Propiedad privada vs Derecho a la igualdad

El derecho de admisión es el punto de quiebre en el que se escudan muchas discotecas para “seleccionar” a quien puede o no ingresar. Pese a que la ley establece con claridad igualdad de derechos, el fenómeno tiene pocas explicaciones por parte de los empresarios  quienes se escudan en la exclusividad e identidad de los establecimientos públicos.

En la Constitución Política de Colombia está ausente, así lo explica el abogado, Leonardo Sabogal, especialista en Derecho Constitucional: El derecho de admisión no cuenta con reglamentación, ni una figura jurídica que pueda ser aplicada, este es un criterio selectivo del cliente que se convierte en una costumbre comercial” .

A pesar de ello, este mal llamado “derecho” es implementado en muchas discotecas en Cali; cada una decide bajo su propio criterio a quienes permite ingresar. “Tiene que ver con el perfil y el cache del sitio, el dueño es quien lo decide y es así que la gente empieza a conocer y sabe a dónde ir” establece un asesor comercial de varias discotecas de la ciudad como Lolas y La negra, quien prefiere omitir su nombre. 

Si bien el posicionamiento y la segmentación de mercado se contemplan en la libertad de empresa y la propiedad privada,  dentro de la ley colombiana existe un derecho que defiende al consumidor. La Superintendencia de Industria y Comercio determina en la Ley 1480 de 2011 en compañía de la ley 1482 de la Constitución Política de Colombia que respaldan el trato equitativo y de manera no discriminatoria. Ni individuos, ni grupos de personas pueden ser vulnerados por actos de discriminación entre los que se encuentra la orientación sexual, la raza y demás razones que se muestran despectivas.

 

Las discotecas en Cali, cuidan su lenguaje al denegar la entrada y se respaldan en posibles problemas que pueda ocasionar el cliente. Por ejemplo “Un joven de color mal vestido puede llegar a ocasionar problemas dentro del establecimiento, o mujeres con escote podrían provocar riñas en el lugar. Todo depende del tipo de consumidor” establece el asesor.

¿Aceptación o impotencia?

Entre las voces de los clientes hay palabras que muestran aceptación de este “derecho”, pues entre luces, música y licor, comparten el ambiente exclusivo que estas discotecas brindan. En redes sociales de los diferentes locales nocturnos, entre los que se encuentran Lolas y Living, hay aceptación principalmente de las restricciones de vestimenta. Yura Arboleda usuario de Lolas en la red Facebook escribe “No se están reservando el derecho de admisión, ¡qué pesar! Lolas era un sitio exclusivo pero ya entra cualquier gamin, las niñas en chanclas, tenis, etc. Si siguen así ya se vuelve un sitio del común”.

La opinión a favor de la “reserva al derecho de admisión” es clara en estas ocasiones, pues para muchas personas es aquello que da la posibilidad de conocer el perfil de los asistentes que requiere cada establecimiento de acuerdo con su identidad y segmentación.

No obstante, Camila González y su primo viven la otra cara ante esta situación. La discoteca Living niega la entrada de su primo por portar tenis en vez de mocasines y un buzo manga larga, en vez de un polo o camisa. “Se siente impotencia porque estábamos muy lejos de casa y ya se había pagado el transporte hacia el lugar”, manifiesta Camila. Muchas veces, no solo se trata de un derecho como lo es el de la igualdad, pues se añaden factores como el tiempo y el dinero. 

El tiempo transcurre y las luces se empiezan a apagar en la ciudad salsera. Muchas personas salen de los establecimientos con caras sonrientes de una noche diversión, pero otras encuentran obstáculos en la entrada. La etiqueta, el abuso de autoridad y el cache del lugar crean cadenas que sobrepasan la ley y la dignidad humana. ¿Hasta qué punto será justo aplicar estas restricciones?

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