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Los titanes del reciclaje en Cali

Los titanes del reciclaje en Cali

Por César Roldán y Stephany Chávez 
Estudiantes de Sala de Periodismo 

[dropcap font=”arial” fontsize=”16px”]C[/dropcap]arlos Ramírez, un joven de 31 años, con una carre­ra encima de Mercadeo y Negocios Internaciona­les, amante de las motos, el fútbol y los negocios, no tenía entre sus proyectos que el trabajo social se­ría la vocación más grande de su vida. Cuenta que lo supo una tar­de cuando daba una charla en el Centro de capacitación Don Bosco, donde hacía su práctica, a jóvenes víctimas del conflicto armado. “Al principio vi una oportunidad de hacer empresa ayudando a todas estas personas con las que interactuamos, pero después en­tendí que por medio de la corres­ponsabilidad social, podía mejorar la calidad de vida de gente que ha pasado por cosas muy bravas…”.

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Así que ‘Caliche’, como lo re­conocen muchos, decidió crear al lado de un grupo de amigos la Fundación CRESE. Se trata de una organización que funciona desde el 2006 y que promueve la equidad social generando ingre­sos para población vulnerable. En este momento tiene como bandera una iniciativa para educar a los caleños en el tema del reciclaje, apoyándose en su programa de te­jido social REDCICLAR.

Su idea es crear una red de re­ciclaje en la que participen las instituciones y la comunidad, en conjunto con los actores empresa­riales del reciclaje para el mejora­miento de procesos de recolección y logística de los desechos. Quiere brindar capacitación y servicios especiales para preservar el me­dio ambiente.

reciclaje2Y es que la Corte Constitucio­nal, en la sentencia T-229 de 2009, ordena que los recicladores deben ser incluidos como empresarios en la economía formal del aseo. Debido a esto las personas que se desempeñan en este oficio se han ido organizando al punto que en Cali ya existen 17 agremiaciones en torno a una asociación llamada ARCA (Asociación de Recicladores de Cali).

José Aldemar lleva 17 años en el mundo del reciclaje y es una de las 56 personas carnetizadas que hace parte de la asociación de re­cuperadores de la Comuna 22. Re­corre todo el barrio Capri en busca de material que vende en un lugar llamado ASOBOSUR, una especie de chatarrería en el sur de la ciu­dad.

“Todos los días sale la misma vaina, el mismo reciclaje, chata­rra, cartón, archivo (papel, pren­sa), pero lo mejor es cuando uno encuentra aluminio”, dice abrien­do los ojos emocionado.

El trabajo de REDCICLAR incluso ha permitido recolectar aceite que¬mado para evitar que se arroje por los alcantarillados

El trabajo de REDCICLAR incluso ha permitido recolectar aceite que¬mado para evitar que se arroje por los alcantarillados

Muchas familias en condición de pobreza extrema han encon­trado en este campo una forma de subsistencia digna, como es el caso de Martha Chacón, una joven que junto a su familia conforma­da por su esposo Jorge y sus tres hijos Michael, Oliver y Yuliana, recorren las calles de la ciudad desde las 4:00 a.m. hasta las 2:00 p.m. en busca de material reci­clable. “Todos camellamos, pero los muchachos cada uno va por lo suyo, el kilo de hierro nos lo pa­gan a 350 pesos, el de cartón a 150, el de latas que mi marido le dice clausen a 1800, periódi­co a 50, el archivo (libros y pa­pel blanco) a 400 y el aluminio grueso, que le decimos ‘perfil’, a 2700 pesos”. Martha recoge un promedio de 25.000 pesos dia­rios por su jornada.

“Todos los días sale la misma vaina, el mismo reciclaje, Chatarra, cartón, archivo (papel, prensa), pero lo mejor es cuando uno encuentra aluminio”.

Otro grupo, quizá más afortu­nado, hace parte de la empresa Aire 3R, que conforman 934 re­cicladores que se unieron y con el apoyo de la Secretaría de De­sarrollo Territorial y Bienestar Social crearon un esquema aso­ciativo que permitió competir como empresa y consolidar una organización dedicada a la re­cuperación de residuos sólidos aprovechables en Cali.

Una publicación del diario El País señala que más de 4000 personas en Cali viven de este negocio, que no solo ofrece una fuente de ingreso sino el apro­vechamiento de desperdicios y objetos para la preservación del medio ambiente. Datos arroja­dos por el Departamento Admi­nistrativo de Gestión Ambien­tal, Dagma, dan cuenta que en Colombia solamente se aprove­cha el 10% de los residuos sóli­dos.

En esto debió haber pensado ‘Caliche’ cuando puso en mar­cha su proyecto de REDCICLAR donde además de los elementos que generalmente se recogen, ha consolidado una red de res­taurantes que le entregan el aceite quemado de sus negocios para convertirlo en combustible biodiesel y comida para perros y caballos. Está convencido que el reciclaje no es solo un negocio, también una oportunidad para hacer tejido social.

“El tema del reciclaje tiene un impacto ambiental que bus­ca mitigar la problemática que tiene el mundo disminuyendo el mal manejo de los residuos y esta red busca ampliar la in­formación y mejorar los niveles de producción de separación en los municipios del suroccidente Colombiano, capacitando a los participantes de la red”, explica ‘Caliche’.

Centro de acopio

Por otra parte, en Cali, a través del Dagma, se inició un proceso para tramitar un espa­cio donde funcione un centro de acopio para reciclaje de residuos sólidos que empezaría a operar desde junio de este año. Será una estación de aprovecha­miento y clasificación que viene acompañada con una estrategia para desarrollar una cultura de separar adecuadamente la ba­sura en las casas de los caleños. La directora del Dagma, María del Mar Mozo, enfatizó que esta labor se realizará en compañía de los operadores privados en­cargados Promoambiental Cali, Ciudad Limpia y Emas.

Entidades internacionales han visto en Cali una gran ini­ciativa en este tema, como la ONG Center for Clean Air po­licy, que aportó recursos en el 2013 para diseñar rutas de re­siduos orgánicos y generar ne­gocios a través de este material reciclado que es casi un 50% de lo que se bota.

Si se pone un ejemplo prác­tico, nuestra ciudad produce a diario en basura el equivalen­te a dos piscinas olímpicas de 50 por 25 metros, motivo por el cual la Administración Munici­pal de Cali ha pensado a futuro en la construcción de una plan­ta que trate estos residuos.

Asimismo, la Alcaldía, a través de Policía Ambiental y el Dagma quieren concientizar cada casa, familia o individuo sobre el uso y manejo de los desperdicios aplicando compa­rendos ambientales, que van desde los 2 hasta los 20 salarios mínimos.

De alguna forma, las autori­dades quieren mandar el men­saje de que si quizá nos tocan el bolsillo entenderemos a la fuer­za muchas cosas, como el daño ecológico que hacen los lixivia­dos cuando se filtran por la tie­rra contaminando el agua o los problemas de inundación cada vez que se tapan las cañerías.

De una u otra forma la his­toria de Carlos Ramírez debe ser ejemplo e inspiración para lograr acciones en beneficio del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la generación de recursos para sectores menos favorecidos utilizando materia prima que ha sido desechada por unos, pero que para otros representa una forma de sobre­vivir y una oportunidad en la selva de cemento.

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