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Sara, la heredera del talento artístico del maestro Ómar Rayo

Sara, la heredera del talento artístico del maestro Ómar Rayo

Sara y su padre Ómar Rayo.

Sara Rayo, hija de dos reconocidos artistas, el pintor colombiano Ómar Rayo y la poetisa newyorquina Águeda Pizarro, en sus primeros años de vida profesional ejerció el diseño de la comunicación visual que le permitió trabajar de la mano de figuras como Christian Dior, pero al final la sangre fue más fuerte y decidió cambiar su rumbo y encaminarse por el mundo del arte.

Aunque vivió 30 años de su vida rodeada de una selva de cemento, esa que es reconocida a nivel mundial por ser un ícono de moda y arte: Nueva York, ella decidió regresar a sus raíces para darse una segunda oportunidad en el mundo artístico. Cali fue su punto de partida para reinventarse. No fue fácil, lo admite, pero deja claro que en la capital del Valle se vive mejor.

Llegó a Colombia como dirían algunos, por el destino. Su padre, Ómar, sufrió un infarto y no dudó en trasladarse a Cali para acompañar a uno de los seres más importantes de su vida.

Su padre fue uno de los pilares de su vida. Ese ser que impulsó su vena artística.

Sara jamás logró borrar de su mente una de las historias de niñez que le contaba su padre. En esa anécdota cuenta que era castigado por sus padres luego de pintar “la sombra de un perro en la pared de la casa”. A sus cinco años, el futuro maestro del arte ya daba sus primeras pinceladas.

Otro de los recuerdos que más atesora al lado de su familia era aquellos  fines de semana cuando iba al estudio de su padre, que quedaba a 10 cuadras de su casa en Nueva York. En una mesa “grandísima” le ponían un pedazo de tela y al ritmo de la música y en compañía de su progenitor hacían una fiesta de color.

Padre e hija

Durante la adolescencia la relación con su padre no fue la mejor, la disciplina que su él le imponía y la rebeldía que ella desplegaba, producían rayos y centellas.Sin embargo, hoy, ocho años después del deceso de su padre sabe que sin su guía no sería la madre y la mujer que es hoy en día.  Lo recuerda cuando regaña a sus hijos, pues de alguna forma siente que se terminó pareciendo a él.

Sus obras

Sus obras son 50 % pintura y 50 % esculturas con papel esculpido, técnica que aprendió de su padre, a quien ella recuerda diciendo: “que el papel era un dios que tenía dos espaldas”.

Después de terminar su carrera universitaria, trabajó para L’Oreal haciendo los empaques para los tintes de pelo; vestía vitrinas para Roberto Cavalli, Valentino, Christian Dior, era un espacio tridimensional, no solamente de impresión plana.

Su apartamento tiene varias de sus obras en las paredes e incluso en la mesa del comedor tiene algunas, pues ha realizado tantas que se las trae a casa, pues ya no le caben en su estudio.

A pesar de su apellido, Sara considera que es difícil vivir del arte en el país,  pues lo considera un negocio volátil, por eso, para obtener otros ingresos se desempeña como profesora de diseño de la comunicación visual en una universidad de la ciudad. Cabe resaltar que aún realiza logos, revistas, catálogos.

El museo Rayo

Otra las responsabilidades de Sara es la dirección creativa del Museo Rayo, ubicado en Roldanillo, Valle, donde reposan la mayoría de obras de su padre.

No tiene recuerdos de la construcción del museo, “estaba muy chiquita, es un hermano que hace pataletas, hay que buscarle apoyo económico y mirar a ver cómo nos ayudan, ahora está al mando mi mamá pero en un futuro me va a tocar a mí, pero no es una tarea fácil”.

Lo más difícil, según ella, es mantener el estilo de su padre con un toque moderno.

Por Daniela González/ Reportera de El Giro

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