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Así es la vida más allá de VHI

Así es la vida más allá de VHI

Siendo estudiante universitaria, Adriana Mora descubrió que estaba viviendo con VIH, tiene claro que jamás olvidará ese día, esa tarde y ese lugar en el que recibió el resultado positivo de la prueba Western Blot.

“A mí jamás se me olvidará ese día, a mí me marcó”… “en mí hubo una especie de negación, hubo un dolor porque había que hacer conciencia  de este proceso de duelo”.

Después del diagnóstico -recuerda Adriana- permaneció sentada durante un buen tiempo en la fría y solitaria sala de espera del Hospital Militar de Pasto. Temblando y con el papel en la mano trataba de asimilar aquella noticia que jamás imaginó recibir. Veía el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) como algo que le sucedía a otras personas.

Una enfermera le entregó un papel y le dijo: ‘joven, usted tiene VIH, lo mejor es que vaya a una fundación aquí en Pasto para que la atiendan. La enfermera no dijo otra palabra y se marchó. Allá no tuvo la atención psicológica y médica que necesitaba, le tocó esperar varios años para poder tener un tratamiento retroviral. En vista de esa situación, Adriana decidió trasladarse a Cali, en busca del apoyo que no había encontrado en su ciudad natal.

En el municipio nariñense, dijo adiós a su antiguo estilo de vida, pero fue en la capital vallecaucana donde logró su despertar pues se topó con Janeth Valencia, directora de la Fundación Lila Mujer, una organización que trabaja en el empoderamiento de mujeres que viven con VIH .

Adriana hace parte de las más de 17 millones de  mujeres que han sido diagnosticadas con está condición en el mundo, según datos de ONU Mujeres. La situación no mejora. Cada día en América Latina y el Caribe a 150 mujeres les transmiten el virus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Lucha contra el Sida, ONUSIDA.

Cali es la tercera ciudad con mayor número de casos registrados de personas diagnosticas como seropositivas. A pesar de eso aún persiste mucho desconocimiento en torno al manejo de la enfermedad. Son bastantes los retos que mujeres como Adriana ha tocado enfrentar en su entorno social, laboral, familiar y con el sistema de salud.

Adriana recuerda que cuando llegó a una clínica de la ciudad en busca de ayuda fue maltratada. «Al principio el médico se negó a atenderme, yo me exalté y le dije que era mi derecho. El vigilante me pegó una cachetada, me pegó una patada y me tiró al andén. Hice un proceso con la fiscalía y sólo recibí una disculpa”.

Para Yoseth Ariza, médico e investigador que dirigió un estudio sobre el VIH en las mujeres en situación de pobreza del suroccidente colombiano, tanto hombres como mujeres deben tener atención efectiva por parte del sistema de salud colombiano. Convencido de esto asegura que: “Como sistema tenemos una deuda que saldar con las personas que han estado sistemáticamente excluidas y que además han estado expuestas a factores de riesgo”.

Un reciente informe de la Secretaría de Salud calcula que en el 2018 hubo  1177 personas identificadas con el virus y 118 fueron del género femenino. Es por esto que Augusto Luna, sexólogo de la Clínica de Infectología, asegura que el sistema de salud debe empezar a trabajar de una  manera diferente.  Consolidar políticas públicas hacia “la prevención de las enfermedades y la promoción de la salud, vemos que en este momento las políticas públicas están netamente diseñadas a curar, que no debe ser el norte”.

Además de los desafíos médicos, también producto de la desinformación, Adriana ha tenido que afrontar en carne propia distintos estigmas culturales.

“Las mujeres tienen miedo frente al rechazo que puedan tener de su familia, de su comunidad, de su entorno, de la sociedad, en las instituciones y el miedo a revelar ese diagnóstico”, enfatiza Ana Ardila, coordinadora de la Liga contra el Sida y VIH  seccional Santander.

Pese a que existen campañas de prevención a nivel local, departamental y nacional todavía se siguen enfatizando en poblaciones de ‘alto riesgo’: trabajadoras sexuales, comunidad LGBT, presos, drogadictos y personas en situación de calle. Yoseth indica que el sistema también debe enfocar dichas campañas hacia la población femenina.

“Hay que ofrecerles estrategias a esta comunidad, a este grupo de población que es uno de los más grandes, pero es precisamente el que estamos teniendo mayor cantidad de casos y que se están diagnosticando más tarde (…)”

Como Adriana también hay mujeres que bajo su condición, se han agrupado para empoderarse. La Fundación Lila Mujer, – es un ejemplo de ello – , allí entre pares se apoyan, informan y enseñan acerca de este virus que habita en sus cuerpos.

A pesar del trabajo que como  lideresa ha hecho en la ciudad, todavía falta derribar los muros de exclusión y discriminación, al respecto Ana concuerda que el principal es: “Romper con el estigma de que VIH es sinónimo de muerte”

Fue la neumonía -la enfermedad oportunista que apareció cuando su sistema inmune estaba debilitado- la que le hizo poner los pies sobre la tierra. En ese momento replanteó su actitud frente a la vida que llevaría. Tuvo que reconsiderar sus acciones, desde la manera cómo duerme, cómo se alimenta, cómo se relaciona consigo misma y el mundo.

Asegura que le ha tocado presenciar que no todas las mujeres al enterarse que viven con el virus asumen una actitud de empoderamiento, “Muchas mujeres lo pueden significar como un castigo, si alguien considera que lo que le ocurre es una tragedia que marca su existencia, ( …) probablemente estás personas perezcan en el camino”

En la actualidad Adriana continúa siendo una mujer empoderada, desenvolviéndose como activista y lideresa, ayuda a sus pares que viven bajo la misma condición de salud y también a una comunidad afro en el Cauca. Ahora ella brinda apoyo y acompañamiento, con el propósito de convencer a otras mujeres, especialmente, que también pueden hacerle frente a la enfermedad. «Es que en ese despertar junto con otras mujeres, uno se fortalece como persona y se reconoce como alguien digno de derechos».

Síntomas

Gran parte de las personas que viven con VIH no presentan síntomas, estas reciben el nombre de ‘asintomáticas’: otras por el contrario, presentan síntomas en las primeras fases del curso de la infección y son llamadas ‘sintomáticas’. Los síntomas pueden variar y ser desde fiebre, malestar, hasta pérdida de peso y diarrea.

 

Por Sarita Jiménez Lenis  y Camila Ramos

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