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“Cali es potencia creativa y cultural”: Paola Guevara, escritora vallecaucana

“Cali es potencia creativa y cultural”: Paola Guevara, escritora vallecaucana

Paola Guevara- Imagen de cortesía para El Giro

Paola Guevara, una caleña que ama la literatura y a la que el periodismo le llegó por casualidad, hoy es editora de cultura, entretenimiento y tendencias en el Diario El País de Cali, editora de dos revistas semanales, columnista de las páginas de opinión cada quince días y acaba de terminar su segunda novela, Horoscopo, que fue publicada este mes por Editorial Planeta.

¿A qué edad supo que su pasión era el periodismo?

Mi pasión no es el periodismo sino la escritura en su significado más amplio, y lo supe a los 5 años de edad. Escribí y leí muy pronto en la vida y recuerdo que mi libro de español en primero de primaria tenía un fragmento en la primera página de Cien años de Soledad. Cuando yo leí que Gabriel García Márquez hablaba “piedras como huevos prehistóricos”, esa imagen impactó mi mente de niña. Me dije: “escribir es lo que quiero hacer toda mi vida”.

El periodismo vino más bien por casualidad, porque tal vez yo habría estudiado literatura o filosofía. Pero fue la decisión correcta. El periodismo es como el vodka, va bien con todo, es un oficio noble. La comunicación social y el periodismo son como un buen traje hecho a medida, una extraordinaria base para asomarse a cualquier otro saber. No hay profesión en la que comunicar bien no constituya un gran aporte.

Horoscopo, el nuevo libro de Paola Guevara.
Crédito: @pgpaolaguevara

¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?

Yo no tengo un trabajo, yo tengo muchas pasiones, doy charlas, presento autores, hago miles de cosas y así fue desde siempre, desde que era practicante en la facultad de periodismo de la Universidad Javeriana en Bogotá. Para mí estar vivo y dinámico es muy importante. Crear es mi alimento. Desde los primeros semestres de universidad ya tenía varios trabajos porque mis profesores me apreciaban mucho y me recomendaban en los medios con mucha generosidad, sin que yo se los pidiera. Por eso les digo siempre a los estudiantes que la carrera no se construye al graduarse, sino desde el primer día de clases. La impronta se deja desde el aula.

¿Cómo emprendió el camino hacia el periodismo cultural?

Todo comenzó en la Revista Cambio, mi primer trabajo oficial, mi primera sala de redacción, era donde yo quería trabajar. Trabajé gratis para aprender de los grandes, y mis ingresos venían de otros medios impresos para los que colaboraba en esa época. Es muy importante, cuando uno llega a la primera redacción de su vida, ver los perfiles de los periodistas que trabajan allí. Yo era la más chica entre extraordinarios periodistas como María Elvira Samper, Mauricio Vargas, como Fernando Quiroz, Fernando Gómez, Edgar Téllez, un “dream team”.

Sin embargo, uno de ellos en particular, Fernando Quiroz me mostró el camino, él se convirtió en mi mentor, jefe y gran amigo. Como editor cultural y escritor, fue mi padre laboral, luchó porque me pagaran, peleaba por mis ascensos, luego me llevó a trabajar con él en creación de revistas de lujo. Así me fui encaminando por el periodismo cultural, pero cultura entendida en un marco amplio donde caben también la gastronomía, el cine, la televisión, la moda, los viajes. A la sección que edito en El País yo la llamo “la sombrilla de las cosas buenas de la vida”.  

¿Periodismo o literatura?

¿Por qué habría que escoger entre la vainilla y el chocolate?

¿Cuál cree que es principal vacío cultural en Cali?

En los últimos años se ha logrado mucho en cultura, creo que hay gente que hace  cosas interesantes desde diferentes escenarios de la cultura. También se ha crecido en materia de articulación. Pero hacen falta cosas estructurales, como crear unos muy buenos escenarios para espectáculos, para que a Cali puedan llegar más conciertos, más eventos de primer nivel y para que -por ejemplo- la ciudad pueda atraer ferias, eventos y exhibiciones de arte muy exclusivas que sí llegan a Medellín o a Bogotá, o a otras ciudades de Latinoamérica, pero que no aquí.

A Colombia le hacen falta, en general, gobernantes más cultos, que no vean la cultura como un rubro prescindible sino como condición de existencia. La empresa privada podría apoyar más de lo que hace. Y también algunos sectores de la cultura local podrían innovar más, porque viven de su pequeño público cautivo, pero si innovaran podrían atraer a un público inédito más amplio e inquietar a personas que en este momento no se sienten atraídas por la cultura. Pero Cali es potencia creativa y cultural, una cantera de talentos para la danza, el teatro, la literatura, la música, el cine. Veo muchas razones para la esperanza.

¿Cuáles son los retos del periodismo actual?

Hoy, por cuenta de las redes sociales y las ‘fake news’, la gente vive su propia ficción. Estamos tan sesgados, que si le presentan un mismo hecho a dos grupos de personas, los primeros creerán lo que ya creían antes, y los otros creerán lo opuesto, reforzado por los mismos datos. Nadie convencerá a nadie. Nadie cambiará de opinión. Nadie se pasará al otro bando. Nadie dialogará con nadie, porque si a mí no me gusta lo que tú piensas te voy a bloquear de mis redes sociales. Así, poco a poco y con la influencia de los algoritmos que filtran nuestra realidad, no me voy a dar cuenta sino de lo que dicen las personas que piensan como yo. Se va creando una burbuja de pensamiento que se alimenta de sí misma.

Tenemos sociedades cada vez más alejadas del dialogo, más polarizadas y al borde del conflicto, porque nos estamos desacostumbrando a que el otro piense distinto, y cuando lo expresa es como si nos atacaran “ad hominem”, nos tomamos las opiniones ajenas a título personal, en lugar de sentir que se está atacando una idea.

Vamos a crear una identidad tan grande con las ideas que las vamos a confundir con nuestro propio ser, y resulta que puedes cambiar de idea pero no de ser. En eso el periodismo sirve mucho, yo creo que  es el mejor antídoto contra el fanatismo porque esta profesión te obliga, necesariamente, a conocer personas distintas todos los días, a oír el argumento irritante, a entrevistar al que no comparte nuestra postura, a darle voz al divergente. El periodismo te obliga a estar en contacto con el otro, por eso entre las personas de mente más abiertas, más críticas y más sensibles ante los problemas de la sociedad están los periodistas. Admiro mucho a mis colegas y aprendo de su mística todos los días de mi vida.

Su libro ‘Mi padre y otros accidentes’ y la familia

Mi Padre y Otros Accidentes, primer libro de Paola Guevara.

Mi familia creó para mí una ficción de 34 años. No me dijeron quién era mi padre, qué nombre tenía, cuál era mi verdadera identidad. Por eso creo que lo mío no es tanto el periodismo, como la literatura. Si fuera otro tipo de periodista me habría dado cuenta del engaño. Yo, por el contrario, creo en las personas. Tal vez por eso soy editora, porque para ser reportero hay que dudar mucho de los otros y yo tengo la tendencia natural a creer, a esperar lo mejor de todos. Por eso no me dedico al periodismo político, porque mi tendencia a creer me convertiría fácilmente en alguien usable por diferentes poderes. En cambio me dedico a la cultura, porque la cultura es como el sol, que brilla para todos, y como la lluvia, que refresca a todos.

Desde su experiencia personal ¿cómo ve usted el rol de madre y padre en Colombia?

Este es un país sin padre, pero las mujeres también han propagado un discurso muy dañino que dice “madre es madre y padre es cualquiera”. Y resulta que ese discurso es nocivo para la propia mujer, porque de antemano justifica llevar sola la carga de los hijos. Lo normal y lo deseable debe ser que los hijos tengan la protección de sus padres, no el abandono. El padre no es prescindible, amputable y eliminable de la vida de los hijos. También el hombre ha caído en ese relato, entonces vende por cualquier plato de lentejas su derecho a estar con su hijo. Pero también hay muchos padres extraordinarios, presentes; creo que el hombre colombiano avanza hacia una mejor paternidad.

¿Se cuestionaba sobre su padre? ¿Tenía un imaginario de él antes de conocerlo?

Yo creía que mi padre estaba desaparecido, entonces idealicé todas las virtudes del padre, me invente en mi ficción de niña un padre justo, bueno, extraordinario, amoroso, recto, todos los valores ideales los volqué en esa gran burbuja del padre que no tenía. Eso hizo que yo tuviera una visión muy positiva de los hombres. Todos los hombres de mi vida han sido así, extraordinarios, justos, bondadosos, porque tal vez ese era mi modelo de padre, aunque fuera un ideal. Siempre tuve estándares altísimos para la selección de los hombres de mi vida.

¿Qué era lo que más le inquietaba saber de él?

Quién era.

¿Siente que influyó la ausencia de un padre en su vida? ¿Cómo?

Claro, como no estaba pues no pude ver sus defectos humanos, entonces construí este ideal de padre que tenía todas las virtudes de un hombre ideal.

¿En qué momento pensó en que una historia personal se volvería un libro? ¿Por qué?

Desde el primer momento que recibí el mensaje de texto de mi madre, que me decía “tu padre no es el que te dije, es otro”, allí supe que ese era el libro que yo había nacido para escribir. El que desde los 5 años de edad estaba esperando escribir, y simplemente llegó el tema, lo que no me imaginaba es que fuera sobre mi propia vida. Eso sí no lo vi venir.

¿Terminó siendo una catarsis?

La catarsis es un lugar común, pero en mi caso es cierto que la escritura tuvo un poder catártico. Hay muchos escritores que dicen “¡hice catarsis!”, por ejemplo, hace poco oí de un escritor que hizo un libro sobre unos atentados terroristas donde no estuvo, donde no perdió a nadie, que vio por televisión, y dijo “¡hice catarsis!” ¿Cuál catarsis? Si ni siquiera te tocó, si no lo viviste, si no perdiste a nadie allí. ¿Uno cómo va a hacer catarsis de Aníbal atravesando los Alpes para invadir al Imperio Romano?, por ejemplo, es ridículo. La catarsis se hace sobre algo que para uno es un evento traumático, no sobre una noticia televisada sin consecuencias sobre la vida propia. Pero se oye bien, y romántico, y a algunos les parecerá inteligente que el escritor diga en la entrevista “hice catarsis”.

¿Su padre estuvo de acuerdo con que escribiera el libro?

Sí, pero igual es irrelevante, porque yo lo iba a escribir a pesar de todo.

¿Y él lo leyó?

Yo le leí unos pequeños fragmentos, pero para él fue una sorpresa leer el libro completo, le impactó mucho.

Después de 7 años… ¿Cómo es la relación con su padre?

Es muy buena, hemos ido de vacaciones juntos, hemos recogido el tiempo perdido y lo hemos usado sabiamente, quiero mucho a mis hermanos menores, completaron muchos rasgos de mi identidad que estaban vacíos, se llenaron por completo y yo si pienso que soy un ser humano distinto, muy distinto, porque solo tenía información de un costado de mi familia y, al tener información de ambos lados en profundidad, eso me transformó para siempre.

Por Daniela González Llano/ Reportera de El Giro

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