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Entre las tablas y el arte independiente en Cali

Entre las tablas y el arte independiente en Cali

Hablar sobre teatro es indiscu­tiblemente hablar de historia, de personajes que ejemplifican de la mejor manera el concepto del arte y enmarcan sin dejar lugar a opiniones cándidas la acción misma del quehacer. Creer en­tonces con propiedad en un tema que refiere una portentuosidad gigantesca contenida en siglos de valioso vivir, es atreverse a imaginar tiempos, espaciosos, escenarios, pero sobre todo, atre­verse a subyugar una profesión en un juicio que finalmente se reduce a la subjetividad.

Julián Gil es un enamorado eterno del teatro, un caleño ha­cedor de nuevas posibilidades y de nuevos puntos de vista para quienes de verdad se interesan en apostarle a un modo diferente de ver este oficio.

Él hace parte del ahora llama­do ‘Teatro Salamandra del Bar­co Ebrio’, un espacio que nació hace unos años con el afán úni­co de pertenecer, de convertirse en una mejor alternativa para varios actores que buscaban, no solo ofrecer buen teatro, sino, además, ser escuela y cuna de ge­neraciones próximas como ellos; así es como el teatro de forma in­dependiente, al menos para esta compañía, tuvo comienzo.

Nosotros vivimos de esto. El teatro es una profesión como cualquier otra, como la de un médico, un inge­niero, la de un docente, un perio­dista, un administrador, vivimos de esto. ¡No sobrevivimos!, nos dedicamos a esto las 24 horas del día”, afirma Julián con una certeza altiva y grata.

El teatro independiente es una idea que adopta el talento de cientos de actores empíricos es­peranzados en una oportunidad más tangible para ellos. En 1993 un grupo de aspirantes y directo­res de teatro que formaban parte del teatro experimental Calitec, junto con Enrique Buenaventu­ra, deciden indagar otras formas teatrales y conformar un nuevo grupo de teatro llamado ‘El bar­co Ebrio’; su nombre rinde tribu­to a un magnífico poema escrito por el poeta maldito Arthur Rim­baud, que significa para ellos casi que su personalidad conjun­ta en un texto.

El primer montaje

Este grupo empieza su traba­jo entendiendo que la prioridad más evidente estaría en el espa­cio para ensayos y presentacio­nes, así es como los primeros lu­gares correspondieron a salones en alquiler, o sitios improvisados que ahora reconocen como gran parte del impulso que los arrojó a conseguir lo que hoy existe de la agrupación. Es por esa tempo­rada que, además, le otorgan la beca de creación teatral por par­te del entonces conocido como Colcultura con la obra ‘Santo Oficio’ y este, a su vez, se trans­forma de a poco en el Ministerio de Cultura como todavía lo reco­nocemos hoy.

Sin embargo, los espacios se­guían pareciendo un obstáculo que les impedía sacar provecho absoluto de sus logros. Diego Pombo, integrante líder del gru­po, decide entonces utilizar su propio estudio en la casa de su familia paterna para tener un acercamiento mas real a lo que finalmente querían conseguir con la creación de ‘Barco Ebrio’

Cuando por fin el primer montaje teatral está listo, todos coinciden en que resultaría mas simple hacer las presentaciones en el mismo lugar, en la casa de Diego Pombo. Cada uno cree de algún modo que hacer las ade­cuaciones técnicas necesarias allí, iba a ser más barato y menos complejo también que buscar un teatro formal, conformado, como el Municipal o el Jorge Isaac por ejemplo, y el 1 de marzo de 1994 se conforma así, con estás prime­ras presentaciones El teatro Sa­lamandra del Barco Ebrio.

El Teatro Salamandra, como es posible conocerlo ahora, co­menzó a funcionar desde enton­ces y de hecho, cada 27 del mes de febrero celebra un aniversa­rio más recordando que él mis­mo es el mejor regalo para varios actores y aprendices que ahora cuentan con sus tablas. Diego Pombo, Julian Gil e Iván Mon­toya son tres de los actores que conforman el grupo base de Sa­lamandra, ellos, al igual que los demás integrantes de la agrupa­ción, dan fe que desde ese 1 de marzo el teatro no ha parado de dar funciones y crecer en el co­lectivo que siempre buscaron.

Estos personajes, a los que desinteresadamente nos refe­rimos con un placer enorme, han hecho de su propio colec­tivo artístico una prueba feha­ciente de entrega absoluta y de creatividad enfocada a la edu­cación. El Teatro Salamandra, como compañía independiente, no busca dar cuenta de su arte a través de un buen show, más bien intenta llamar la atención valiéndose del teatro, pero aho­ra ellos tienen una lista enorme que también hace parte de sus prioridades en este lugar: artes plásticas, exposiciones trimes­trales de pintura, presentacio­nes de danza, música, poesía, cine, un espacio abierto para proyecciones llamado cineforo-cinemandra (6 años), y uno de­dicado a la literatura: palabra suelta (11 años), encuentro de creadores de jazz y especialmen­te claro, teatro.

Con respecto a Salamandra, pareciera fácil dilucidar un marco cultural bellísimo y un futuro artístico enorme, pero de algún modo es casi necesaria la incertidumbre acerca del soste­nimiento y la pre­valencia económi­ca, sobre todo en una sociedad que funciona de mane­ra independiente. Julian Gil se refie­re a este tema en particular de una manera tan propia que de hecho permite entrever parte de la indignación y, contra­dictoriamente, parte de la complacencia que le produce participar de la cuestión.

Política cultural

Gil cree también que la necesidad de convertir el referente lucrativo en algo re­levante, supone que adolecemos de formación de público para el arte. Dice que las universida­des no tienen realmente unas políticas culturales claras para que los estudiantes accedan a la formación artística, no solo como actores o partícipes, sino como espectadores que es otra alter­nativa importante de formación y reconocimiento.

Los actores base del Teatro Salamandra del Barco Ebrio representaron la obra ‘Orgía para Tres’.

‘Salamandra’ es paradójica­mente una “industria” indepen­diente. Con el tiempo, lo que an­tes pareció un proyecto a largo plazo, ha crecido de tal modo que ahora pue­de presumir de una oferta cultural y artística completa donde además de promover el emprendimiento social a través del arte, vende y ofrece produc­tos relacionados con el teatro, realiza cineforos, recitales poé­ticos, exposiciones itinerantes, charlas con el maestro Diego Pombo, talleres orientados a jó­venes, trabajos específicos sobre expresión corporal y construc­ción de personajes , ha creado un portafolio completo para las empresas donde se apuesta más a temas específicos rela­cionando actividades teatrales propias de salamandra, con las necesidades de la empresa con­tratista.

Ésta es sin duda una ciu­dad de espacios culturales, de personajes con­sagrados con la única ambición de convertir su arte en un tipo de “tradición oral”. Cali cuenta con alrededor de 12 salas de tea­tro independientes, además de otras salas de pequeño formato que han surgido igualmente.

Entre ellos sostienen una re­lación sin rivalidades, de hecho, según los teatros Salamandra, La Concha y La Máscara, hay más de 50 agrupaciones de tea­tro experimental si se cuentan las que no están conformadas ‘oficialmente’ o que trabajan en las calles o plazoletas abiertas.

El Teatro La Concha, igual que la agrupación independien­te Salamandra, considera el arte o bien, el teatro que es su enfo­que contiguo, un evidente tras­formador social. Lastimosamen­te, aseguran, ninguno de ellos siente un respaldo económico para continuar con lo que ellos consideran una labor social. Los dos teatros insisten que en com­paración con las grandes compa­ñías teatrales de la ciudad, ellos no están recibiendo la ayuda económica que se supone debe­rían tener por ser parte legal de la población artística de Cali. Lo que corresponde a cada teatro independiente, con respecto a la colaboración económica, es prác­ticamente nulo, y aunque ellos parezcan tener los recursos su­ficientes, según la necesidad de su sala, la infraestructura, por ejemplo, es un factor que altera el presupuesto siempre que ten­gan que hacer cambios o adapta­ciones nuevas.

Hace un par de años, el dinero público destinado para la mejora de los teatros en Cali fue utili­zado como inversión únicamente del Teatro municipal. Se invir­tió alrededor de 500 millones de pesos que si bien, para ese teatro no representaba mucho, repartido entre las sociedades independientes de la ciudad hu­biese significado un gran alivio, aunque los apoyos del Estado no permitan ser empleados en infraestructura o en compra de equipos.

Reflexiones

“Nuestros espacios dinamizan el trabajo artístico, tenemos programación permanente cada fin de semana, de hecho, el tipo de teatro que ofrecemos difiere en mucho al teatro presente en las grandes salas, sobre todo por la contratación de actores”, afirma Lucy Bolaños, directora del Teatro La Máscara (1972). Sin embargo, el apoyo continúa siendo invisible.

Por su lado, la agrupación Sa­lamandra hace una reflexión de su contenido, es decir, sobre lo que verdaderamente los hace particulares y valiosos dentro de la apuesta del teatro. “So­mos otro tipo de teatro, uno que en definitiva, permite una re­flexión profunda de los sucesos de la vida del colombiano”.

La mayoría de teatros expe­rimentales o independientes en Cali reciben anualmente entre 25 y 50 estudiantes de diferen­tes universidades y carreras, la idea es que al menos una cifra similar de jóvenes pueda ha­blar, sin meditar demasiado, sobre dónde se encuentran cin­co teatros de la ciudad, así como pueden hablar de 7 discotecas o 7 moteles. Para los artistas, sería muy motivante que los jó­venes se den cuenta que apoyan el desarrollo social de la región cada vez que compran una bo­leta y entran a ver una buena función.

La población caleña es toda­vía párvula, necesita ver más, percibir y analizar mejor su cul­tura pero sobre todo, ¡necesita entender que no es gratis!

Salamandra, La Máscara y La Concha quieren seguir ade­lante con su trabajo, van a con­tinuar invitando, proponiendo, pretenden trascender mas allá de los estereotipos, hacer que los universitarios no visiten es­tos espacios solo para completar un trabajo, sino que se acerquen a la taquilla, compren una en­trada y disfruten con una obra lo que creen poder conocer con una simple entrevista.

 

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