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La Máscara: el renacer de la mujer a partir del arte

La Máscara: el renacer de la mujer a partir del arte

En una casa rosada de San Antonio, zona declarada patrimonio histórico y cultural de la ciudad de Cali, se abren las puertas para dar rienda suelta a la palabra, el arte, la estética y la sensibilidad. “Buenas tardes caballeros, buenas tardes ¿cómo están?, este grupo desplazado aquí les viene a cantar… nos vinimos a Cali buscando protección del maltrato que nos dieron”. Así ha escuchado cantar este teatro a muchas mujeres, que como Yolanda y Amparo, encontraron en el arte una herramienta de sanación.

Obra de teatro La Máscara.

La Máscara es pionero de teatro de género en Colombia, y fue fundado por Lucy Bolaños, quien siempre se interesó por la temática femenina. El primer número lo escenificó a partir de un poema de La Infanticida Marie Farrar, al lado de dos compañeros – un hombre y una mujer – que abordaban el tema del aborto y representaban el mismo personaje. Aquí, las protagonistas son las mujeres.

Paz es el apellido de Yolanda, oriunda de Iscuandé (Nariño) y quien llegó a Cali en 2004 desplazada por la guerrilla. Paz es la que vino a buscar Amparo Rivas a la misma ciudad, cuando fue desplazada del Pacífico. Ambas viven ahora en el distrito de Aguablanca y se mueven en el “rebusque” para dar de comer a sus hijos. Por eso Yolanda alza la voz en una melodía que dice: “amigos campesinos, ¿qué vamos a hacer?, en esta ciudad no nos quieren valorar. Pidámosle al gobierno una casa digna y un proyecto para trabajar”.

Paz también es la apuesta del Teatro La Máscara. Y por eso realiza talleres de experimentación social hace cuatro años, que denomina laboratorios. “Hemos hecho cuatro laboratorios de creación teatral y pensamiento feminista. La idea es difundir las herramientas que ha proporcionado el feminismo a través de los años en sus propuestas filosóficas como políticas”, dice Pilar Restrepo, dramaturga, actriz y maestra del Teatro desde hace más de 30 años, quien además es la directora del laboratorio. Así, se pretende empoderar a las mujeres para adelantar luchas ideológicas que defiendan su posición en la sociedad.

Con el proyecto de La Máscara se encontraron Yolanda, Amparo y muchas otras mujeres desplazadas. Allí se unieron y vieron la oportunidad de decir y mostrar lo que callaron durante años por la guerra. Juntas formaron el grupo “Aves del Paraíso” e hicieron una puesta en escena a la que asistieron todos sus familiares y amigos. “El teatro me ha enseñado a borrar… Cuando salí a la obra yo me sentí bien, con ánimo, energía, con el autoestima alto. Me sentí orgullosa cuando la gente me aplaudía. Me dieron ánimo para seguir guerreando”, asegura Yolanda.

El trabajo que adelanta La Máscara, según dice Nasly Sánchez, actriz y coordinadora de proyectos locales, se enfoca en cuatro líneas: Producción y proyección de espectáculos teatrales, Teatro empresarial, Asesoría y dirección de espectáculos de artes escénicas, y, Desarrollo de proyectos socio – culturales, donde las mujeres han tenido mayor participación. En esta línea, se diseñan y ejecutan proyectos dirigidos a poblaciones menos favorecidas que permiten, por medio del teatro, sensibilizar y visibilizar a la comunidad sobre problemáticas sociales.

Es por esto que la misión de La Máscara está direccionada al trabajo con grupos de mujeres vulnerables. Comunidades afro, comunidades indígenas, menores infractores, mujeres detenidas en las cárceles y mujeres violentadas, son algunas de las que han hecho parte de los laboratorios. En 2016 participaron 250 mujeres entre niñas del Reformatorio Valle del Lili y transgénero del INPEC Villahermosa.

Los ensayos y las presentaciones, les permiten también a las mujeres recordar y recuperar lo que eran antes, lo que amaron alguna vez. Porque al fin y al cabo es lo que son, es su esencia. “Lo que más extraño de mi pueblo es la pesca… pisar la arena”, recuerda Amparo. Por eso todas vuelven a sus raíces y cantan, entonando la música de sus ancestros y abriendo la mirada a un mundo diferente.

Antonio Cadavid, quien estuvo acompañando todo el proceso de las desplazadas como formador, cree que La Máscara “es un espacio donde estas mujeres pueden sentirse libres, expresarse, manifestar su inconformidad y todo el dolor y la tragedia que traen a cuestas.  El arte es su herramienta de sanación”.

“Lo más importante es que soy mujer, que estoy en un proceso de empoderamiento y de entendimiento a partir de mis derechos, deberes y también de una deconstrucción de todos los mitos patriarcales que nos han venido imponiendo desde toda la historia de la humanidad”, dice Sky Velásquez, quien a sus 31 años ha intervenido en dos laboratorios – el primero como participante en formación y el segundo como docente en la parte corporal. Afirma además que, trabajar con mujeres significa romper el paradigma.  “Es trabajar a partir de las sensibilidades y poner en nuestra palabra una voz y una reexistencia también”.

Como asegura Pilar Restrepo, “el feminismo no se enseña.  No hay cátedras de feminismo. Ahora hay escuela de género. Entonces ha sido muy innovador el experimento, y fuera de innovador pues es un trabajo político, social y ético que estamos adelantando”. Ella, Pilar, estructuró los laboratorios de manera que las mujeres trabajen el cuerpo, la voz, la música, la pintura y diferentes conceptos como el amor y la palabra robada.

bajo artístico. Pilar dice que “el arte es una manera de cicatrizar las heridas, de sanarlas, de ponerlas en escena, de compartirlas con las otras personas. Cuando se hace arte la gente se transforma, porque el teatro, la pintura, la escritura, la música… hacen que la gente se conecte con su niño interior y que lo exprese de manera creativa”.

El Teatro La Máscara se suma al compromiso coyuntural en el país de la construcción de paz y la equidad social. Yolanda Paz y Amparo Rivas no fueron las primeras, ni serán las últimas mujeres a las que el teatro les transforma la vida.  Todo esto con el fin reconstruir su identidad y crear otro mundo posible para ellas, sin juzgar su historia. “Yo sentía muchas cosas: rabia, venganza, tristeza… y el teatro me ha ayudado a sanar”, dice Amparo.

El Teatro La Máscara, entonces, se ha convertido en un espacio de encuentro, construcción y proyección social para las mujeres en situación de vulnerabilidad, que a partir de la resiliencia y el trabajo sobre el ser, siembran la posibilidad de otros mundos más justos. Y es allí precisamente donde se evidencia su gran aporte e impacto no sólo a nivel de ciudad, sino de país. Pues queda claro que como dice Pilar “donde hay arte, hay paz”.

 

Datos:

  • La Máscara nació en Cali en 1972, formado en la sala del T.E.C (Teatro Experimental de Cali Enrique Buenaventura).

  • El grupo representativo del Teatro La Máscara ha participado con sus obras en festivales internacionales de América Latina, Estados Unidos, España, Australia y Nueva Zelanda.

  • La sala del teatro tiene capacidad para 100 personas y mantiene una amplia programación.

 

Por Maria Camila Tabares Marín y  Valeria Rebolledo Moreno

Estudiante de Sala de Periodismo

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