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Mujeres indígenas del Cauca tejiendo paz

Mujeres indígenas del Cauca tejiendo paz

Por  Valeria Rebolledo Moreno y Maria Camila Tabares Marín.

Estudiantes de Sala de Periodismo

Los colores de la tierra se funden en los accesorios que cuelgan de la piel trigueña de los indígenas Nasa. Hacia el horizonte, la cordillera occidental deja ver el verde de las grandes montañas que rodean el municipio de Santander de Quilichao. Aquí, en la finca Gualanday, un lugar de encuentro para comunidades indígenas ubicado en la vereda San Pedro, se reúnen representantes de diferentes cabildos y coordinadores de tejido para abordar problemáticas de su comunidad en contextos determinados. Actualmente, la paz y el posconflicto son protagonistas en su agenda.

“Los pueblos indígenas antes de que iniciaran los procesos de diálogo con las guerrillas de las Farc-Ep, veníamos con una agenda muy fuerte de posicionar el tema de la paz”, asegura Feliciano Valencia, líder político de los indígenas del Cauca. Aquí, la mujer se convierte en sujeto clave de la reconstrucción del tejido humano, pues su fragilidad se transforma en fuerza dinamizadora de paz.

Los 242.000 indígenas que habitan en este departamento, han luchado a través de los años por la defensa de sus tierras y la conservación de su cultura. Como el resto de la población colombiana ellos han sufrido los efectos de la guerra. En los últimos 50 años más de 5.000 indígenas fueron asesinados por paramilitares, guerrillas y miembros de la fuerza pública. Esto, según informó Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Como consecuencia, los cabildos indígenas se han visto obligados a fortalecer su modelo de resistencia política y autonomía social, en busca de conservar sus formas de vida y su estructura jurídica. 

Las mujeres indígenas como dadoras de vida contribuyen de manera fundamental a mantener el equilibrio y la armonía con la pacha mama. “Somos esencia y fundamento”, dice Rubiela Yascué, dinamizadora del tejido “Mujeres”. Es por esto que ellas son las protagonistas del debate en Gualanday. Se han presentado con una serie de propuestas dirigidas hacia la restitución, la equidad, la restauración, la identidad, el pueblo y la cultura.

Su principal preocupación ahora, de cara al posconflicto, es la situación de los indígenas excombatientes de las Farc-Ep, muchos de ellos hijos o familiares suyos. La Organización Nacional Indígena calcula que son cerca de mil. Por esto, las mujeres están seguras de que se necesitan procesos de formación integral en términos políticos, culturales y sociales para que estas personas puedan incorporarse de nuevo en sus cabildos. Con todo y esto, temen que esas ideas de guerrilla con las que ellos vivieron tantos años, puedan llegar a afectar el equilibrio de sus familias.

Feliciano Valencia se mantiene al frente de todos los procesos promovidos por las mujeres indígenas. “Nosotros como indígenas tenemos que estar en nuestros espacios, porque en ninguna cárcel del país existen condiciones para tener a población indígena donde no pierda su cultura y que se mantenga como un sujeto de derechos fundamentales y especiales”.

La Jurisdicción Especial Indígena (JEI) es el espacio que hay dentro de la ley colombiana para que esas justicias actúen de manera autónoma. Sin embargo, las comunidades aseguran que el gobierno no ha conversado con ellos para acordar las penas de los ex guerrilleros indígenas. Y se preguntan ¿A quién le compete judicializarlos si ellos son sujetos con derechos especiales? Por eso, cuentan con 16 espacios de reclusión que denominan ‘Centros de Armonización’. Éstos, están distribuidos en las 9 zonas que conforman el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), y que agrupa cerca de 121 cabildos.

El contexto del conflicto para las comunidades indígenas no sólo se dio a nivel de armas, sino que comenzaron a aparecer fenómenos de violencia intrafamiliar y abusos, como consecuencia de lo permeada que estaba su cultura con la guerra. En este escenario que podría denominarse pasado, la mujer tenía un papel de guía en 2 aspectos. El primero a nivel espiritual, donde ellas defendían su cuerpo como territorio sagrado y protegían a otras mujeres víctimas de maltratos. El segundo de frente a lo cultural, que les exigía un trabajo fuerte por mantener la armonía en sus hogares.

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Víctimas del conflicto armado en el departamento del Cauca se encuentran registrados (Unidad de Víctimas).

Celia Umenza, una de las mujeres que pertenecen al tejido, asegura que “la mujer está al frente de la familia y tiene la labor de unir experiencias con otras culturas para formar a los muchachos”. Ahora, en un nuevo escenario, los retos de la mujer indígena se plantean en lo político y lo jurídico sin dejar de lado los otros dos. Esto, debido a que la figura femenina estaba siendo doblemente re victimizada. Así, otro de los objetivos principales que plantean como tejido es el de erradicar las violencias ejercidas contra las mujeres indígenas y exacerbadas en el contexto del conflicto armado en Colombia.

“La mujer ha cogido mucha fuerza, hoy en día ya es autoridad. Eso desde hace unos 15 años cuando se proyectó políticamente y se prepararon para rutas de paz”. Ellas han sido dinamizadoras de espacios interétnicos gestados desde 2004 a raíz de la violencia del paramilitarismo; un momento el cual se unieron afros, campesinos e indígenas para establecer un mandato por la defensa de los derechos humanos.

guerrilla con las que ellos vivieron tantos años, puedan llegar a afectar el equilibrio de sus familias.

Feliciano Valencia se mantiene al frente de todos los procesos promovidos por las mujeres indígenas. “Nosotros como indígenas tenemos que estar en nuestros espacios, porque en ninguna cárcel del país existen condiciones para tener a población indígena donde no pierda su cultura y que se mantenga como un sujeto de derechos fundamentales y especiales”.

La Jurisdicción Especial Indígena (JEI) es el espacio que hay dentro de la ley colombiana para que esas justicias actúen de manera autónoma. Sin embargo, las comunidades aseguran que el gobierno no ha conversado con ellos para acordar las penas de los ex guerrilleros indígenas. Y se preguntan ¿A quién le compete judicializarlos si ellos son sujetos con derechos especiales? Por eso, cuentan con 16 espacios de reclusión que denominan ‘Centros de Armonización’. Éstos, están distribuidos en las 9 zonas que conforman el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), y que agrupa cerca de 121 cabildos.

El contexto del conflicto para las comunidades indígenas no sólo se dio a nivel de armas, sino que comenzaron a aparecer fenómenos de violencia intrafamiliar y abusos, como consecuencia de lo permeada que estaba su cultura con la guerra. En este escenario que podría denominarse pasado, la mujer tenía un papel de guía en 2 aspectos. El primero a nivel espiritual, donde ellas defendían su cuerpo como territorio sagrado y protegían a otras mujeres víctimas de maltratos. El segundo de frente a lo cultural, que les exigía un trabajo fuerte por mantener la armonía en sus hogares.

“Las mujeres indígenas somos constructoras de paz desde nuestros hogares. Esa es nuestra apuesta, buscamos paz con justicia social”.

Celia Umenza, una de las mujeres que pertenecen al tejido, asegura que “la mujer está al frente de la familia y tiene la labor de unir experiencias con otras culturas para formar a los muchachos”. Ahora, en un nuevo escenario, los retos de la mujer indígena se plantean en lo político y lo jurídico sin dejar de lado los otros dos. Esto, debido a que la figura femenina estaba siendo doblemente re victimizada. Así, otro de los objetivos principales que plantean como tejido es el de erradicar las violencias ejercidas contra las mujeres indígenas y exacerbadas en el contexto del conflicto armado en Colombia.

“La mujer ha cogido mucha fuerza, hoy en día ya es autoridad. Eso desde hace unos 15 años cuando se proyectó políticamente y se prepararon para rutas de paz”. Ellas han sido dinamizadoras de espacios interétnicos gestados desde 2004 a raíz de la violencia del paramilitarismo; un momento el cual se unieron afros, campesinos e indígenas para establecer un mandato por la defensa de los derechos humanos.

Las mujeres indígenas adelantan procesos de articulación en 27 de los 42 municipios del Cauca pues aseguran que “la paz se construye desde los territorios”. “Las mujeres indígenas queremos contribuir en el posconflicto desde 3 propuestas: velar por el cuidado de nuestras familias, hacer un acompañamiento político y psicológico a los muchachos que regresan, y realizar un proceso de investigación y sistematización que nos permita tener documentada nuestra propia historia”, dice Oneira Campo, coordinadora zonal del equipo de apoyo y seguimiento.

En el ámbito económico las mujeres no se quedaron atrás. Desde siempre, ellas han participado del TUL, donde producen y comercializan sus tejidos artesanales y los alimentos que ellas mismas cultivan en sus tierras. La idea ahora es poder integrar esos procesos con proyectos educativos y reparativos, con el fin de mantener el equilibrio económico y social de sus cabildos.

En este contexto de resistencia y de lucha, que ya no es armada sino ideológica, ellas tejen equilibrio en sus tierras, tejen armonía en sus hogares y tejen fuerza en sus comunidades. Las mujeres indígenas demuestran que con todos sus sueños ahora plasmados en proyectos están tejiendo paz en Colombia.

19,4% 

de la población total del departamento del Cauca corresponde a las comunidades indígenas. (Informe de reconstrucción de identidad – Santander de Quilichao).

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