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Superando las barreras de la discriminación y la exclusión en Cali

Superando las barreras de la discriminación y la exclusión en Cali

Por Angela María Ortiz  y Andrea López Uribe

Estudiantes de Sala de Periodismo

Estímulo: centro de estimulación para el aprendizaje y las artes de personas con discapacidad.

Su vida era cada vez más oscura, más triste, más gris. El mundo que una vez conoció comenzó a convertirse en tinieblas. El color y la luz que lo rodeaban se desvanecieron ante sus ojos como un vago recuerdo que, más pronto que tarde, desaparecería para siempre de su memoria.

A sus 18 años de edad, Humberto Cerón fue diagnosticado con retinitis pigmentosa, una enfermedad degenerativa que desemboca en la pérdida total de la visión. En ese momento, pasó a ser una de las más de 21.600 personas con discapacidad visual en la ciudad de Cali, según estudios realizados por la Secretaría de Bienestar Social y de Salud.

Estas personas conforman tan solo el 20,6% de la totalidad de la población caleña con algún tipo de discapacidad física, que hoy excede los 150.000 habitantes que deben enfrentarse diariamente a una realidad no muy favorecedora en cuanto a condiciones de vida digna y oportunidades tanto laborales como de otra índole.

Lo anterior, sumado al hecho de carecer de capacidades con las que la mayoría de las personas cuentan, supone barreras aparentemente insuperables que sólo la voluntad y las ganas de salir adelante son capaces de romper.

“Cuando ya quedé ciego, comencé a buscar otros medios, otras opciones. A no darle tanta mente a lo que me estaba sucediendo, porque eso me estaba matando. Empecé a buscar cómo rehabilitarme, cómo defenderme yo solo”, recuerda Humberto con nostalgia en su expresión, pero también con mucha satisfacción y orgullo.

Y así lo hizo, no sólo se rehabilitó sino que también se aventuró a hacer cosas nuevas, cosas que no hacía cuando tenía sus cinco sentidos. En su búsqueda de retos que lo ayudaran a superarse a sí mismo, conoció la Sala Jorge Luis Borges en el Centro Cultural de Cali.

Allí, aprendió a hacer manualidades “a puro tacto y paciencia porque toca manejar hasta agujas”, dice Humberto mientras cose con destreza y una naturalidad asombrosa un adorno navideño en el que lleva trabajando ya tres clases y se encuentra deseoso de terminar.

De esta manera y mediante diferentes actividades, personas como Humberto aprenden a convivir con su ceguera, mientras otros nacen con ella, y se enfrentan desde un principio, en muchas ocasiones, al rechazo.

Este es el caso de María Paula, que nació con retinopatía de la prematuridad, una enfermedad ocular que se produce en un pequeño porcentaje de bebés prematuros y que puede provocar ceguera total.

Hoy en día, María Paula con 21 años de edad, cursa octavo semestre de Administración Ambiental en la Universidad Autónoma de Occidente, lugar donde, asegura, ha recibido todo tipo de apoyo.

Sin embargo, esto no es lo usual en múltiples espacios de la ciudad, lo cual puede limitar el talento y las ganas de salir adelante de estas personas.

Aunque para María Paula la ceguera no es un impedimento, para su entorno sí lo es. Lo ha vivido desde que era pequeña, pues “no lograba encontrar un jardín y tampoco un colegio, ya que los directivos tenían miedo de tratar con una niña ciega”.

Así mismo, cuando fue a la rueda con sus amigos durante el pasado diciembre, se encontró nuevamente con la realidad de la exclusión, en la que podía entrar al parque de diversiones, pero no podía montar en nada debido a su discapacidad.

Sala Jorge Luis Borges: ofrece diferentes talleres artísticos y culturales a personas con discapacidad física y cognitiva.

“Para mí Cali es una ciudad que le falta inclusión hacia las personas con discapacidad, y esto empieza sobre todo con las personas que se encuentran llenas de estereotipos.”

“Falta que la gente entienda que uno es una persona común y corriente, que le gusta reir, salir y divertirse”, dice María Paula recordando tristemente experiencias que ha dejado de vivir a causa de los prejuicios de la sociedad.

Por otro lado, su hermana melliza, Laura Andrea, quien nació con una discapacidad auditiva que ha logrado sortear gracias a un implante coclear que le permitió aprender a hablar (aunque con mayor dificultad que otras personas), reconoce también las dificultades a las que se enfrentan las personas sordas en la ciudad que no corren con su misma suerte.

“Cali es excluyente con las personas con discapacidad auditiva porque las personas sordas pueden comunicarse entre ellas con lenguaje de señas, pero muy pocas personas que no lo son lo saben, y es necesario contratar a un traductor para que ellos puedan hacerse entender ante las personas oyentes.”

La gravedad de esta situación, la reafirma con preocupación Luz Marina Gamboa, coordinadora de la Sala Jorge Luis Borges, “¿qué tal que llegue una persona sorda a un hospital con algo grave y no haya nadie que sepa el lenguaje de señas? ¿Cómo hace para comunicarse?”

 

Las barreras en la jungla de cemento

Así, cientos de dificultades se presentan en el diario vivir de estas personas, entre ellas, una de las más preocupantes es la relacionada con temas de movilidad.

Institución Sullai: trabaja con personas con más de una discapacidad y con alteraciones en la comunicación.

Los sistemas de transporte público, los semáforos y los andenes son algunos de los aspectos más graves, pues como lo menciona Julián Gutiérrez, arquitecto y profesor de la Universidad del Valle, el “sistema de transporte masivo no brinda plena accesibilidad a invidentes o sordos, la información auditiva o escritura braille dentro de buses es limitada.”

A lo anterior, se le suma el hecho de que en Cali, en especial en los espacios públicos, “hay muchas barreras arquitectónicas, no existe plena continuidad de andenes libres de vehículos, franjas táctiles y rampas que salven diferencias de niveles. La mayoría de los semáforos carecen de señales auditivas para ciegos.”

 

 

El desempleo, un enemigo común

Otra de las principales problemáticas a las que se enfrentan por igual las personas con discapacidad es la falta de oportunidades laborales, que se ve reflejada en el dato proporcionado por la Secretaría de Salud y Bienestar, que afirma que sólo el 15,5% del 52,3% de esta población en edad productiva cuenta con algún tipo de trabajo.

Alma Rocío Mercado, trabajadora social de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Bienestar Social, quien está en silla de ruedas por secuelas de polio, comenta que “existe una normativa desde la Organización Internacional del Trabajo donde las personas con discapacidad tienen garantías para acceder a un trabajo, sin embargo esto no se refleja en la práctica. Las personas con discapacidad que tenemos una profesión y hemos tenido experiencia laboral somos muy pocas.”

Una preocupante realidad que personas con discapacidad que cursan estudios profesionales, como María Paula y Laura Andrea, divisan en el horizonte con intenciones de superar contra todo pronóstico.

Por otro lado, personas como Humberto que, siendo ya mayores, no cuentan con un empleo, optan por asistir a lugares como la Sala Jorge Luis Borges, donde pueden realizar diferentes actividades para tratar de llevar una vida normal y explotar sus potenciales.

“No tengo un empleo fijo, pero no me quedo quieto. Me gusta salir, socializar, aprender. Superar día a día las cosas que se me presentan en el camino. Vivo feliz a pesar de mi ceguera, la domino por todo lado, o sea que esto para mí no es un impedimento”, comenta Humberto mientras guarda la guitarra que acaba de tocar y despliega su bastón para aventurarse en un recorrido hacia su hogar.

Como Humberto, María Paula, Laura Andrea y Alma Rocío, existen miles de personas que convierten las condiciones de las que carecen en una oportunidad para explotar su verdadero potencial y superar la exclusión.

Componente para la atención de la discapacidad “Derechos con Equidad, Superando barreras para la inclusión”

Según la página web de la Alcaldía de Santiago de Cali, éste en el Plan de Desarrollo 2016-2019, con el fin de impulsar el desarrollo humano de la persona con discapacidad, en contextos de inclusión en para una vida digna, garantizando así el goce de los derechos en igualdad de oportunidades que los demás ciudadanos.

En el programa se incluyen capacitaciones a cuidadores, comunidad e integrantes de redes de apoyo, mejoras en los servicios de movilidad urbana, oportunidades laborales y educativas, adecuación de espacios para la integración social cultural y artística, entre otras medidas para cumplir los objetivos planteados.

¿Cómo ayudar a las personas con discapacidad?

  1. Preguntarles si desean recibir algún tipo de ayuda.
  1. No coger a las personas invidentes, sino dejar que ellas se prendan de uno, para no limitar su movilidad.
  1. Al llevar una persona en silla de ruedas en un descenso, apoyar la silla sobre ruedas traseras, de manera que quede en posición horizontal.
  1. Si la persona sorda sabe leer labios, hablarle de frente, pausado y vocalizando.

 

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