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La historia de un sueño sobre ruedas en Cali

La historia de un sueño sobre ruedas en Cali

En la cancha lisa del Coliseo Evangelista Mora, Alex Figueroa se detiene en el área de tiro libre, con la vista en el tablero. Levanta los brazos y tira el balón de baloncesto al aro. Es una cesta limpia, solo suena el roce del caucho anaranjado contra la red. Él sonríe, pero no celebra, no por ego, sino porque sabe que, en su condición actual como deportista de alto rendimiento, lo raro sería no hacer el punto, en especial porque no hay defensas, es un uno a uno entre él y el aro. Sentado en su silla de ruedas deportiva se impulsa con las manos hasta alcanzar el balón, para intentarlo de nuevo.

Una nueva vida

Hoy son solo tres en la cancha. Wilson Mesa, el entrenador, fue el último en arribar. “Somos 16 en total, en el equipo”, dice él, “pero no todos pudieron venir, seguramente porque llovió”. Tiene 22 años y los últimos cuatro los ha dedicado al deporte de la pelota naranja. Fue por él y su amigo, Juan Camilo Gamboa, que esta disciplina llegó a Discapacitados con Fe y Amor al Deporte (DISFAD), uno de los cuatro clubes para personas en condición de discapacidad física que existen en Cali. “A Juan lo conocí en las terapias. Nos gustaba jugar baloncesto en las canchas de las Panamericanas”, cuenta él. Un día la profesora del HUV, Olga Lucia Hincapie, los llevó a ambos al coliseo y fue así como llegaron a DISFAD para quedarse.

Wilson tenía otro sueño, “yo quería ser soldado profesional, por eso presté el servicio”, confiesa. Pero en un tiroteo en su barrio, Siloé, una bala le alcanzó la médula y perdió total sensibilidad en las piernas. ¿Fue desafortunado? Para él, “si se cierra una puerta, se abren dos grandes”. Su nueva vida lo llevó a DISFAD y al baloncesto en silla de ruedas, un deporte que ama. En la cancha se desconecta y no sufre de los dolores que a veces siente en casa. Está tan feliz y orgulloso, que a los discapacitados que ve en la calle los invita a entrenar y les cuenta su propia experiencia. “Somos el mejor club de aquí del Valle”, se regodea, “pero yo quiero que seamos el mejor de Colombia”.

Ser los mejores del país es el mismo sueño de Margarita Reyes, quien hace tres años es presidenta del club, ya que Fernando Aguirre (fundador de DISFAD) tomó un trabajo en la Secretaría del Deporte y la Recreación, lo que le impide ocupar puestos privados. “Wilson es un líder nato”, dice Margarita. Los reconocimientos que ha brindado el equipo de baloncesto al club la llenan de orgullo. La gran mayoría de los integrantes son selección Valle, pero no solo en este deporte, según ella “en todas las disciplinas de DISFAD hay gente en Selección Valle”, por esto Indervalle los tiene en la mira y los apoya.

El club es principalmente de carácter social. Según Margarita “sobrevivimos con mucho esfuerzo, donaciones y patrocinios, pero vale la pena. Damos la oportunidad de un cambio en la calidad de vida de las personas discapacitadas”. Para Silvia Pérez, la tesorera, “los discapacitados suelen creer que sus vidas han terminado, pero DISFAD les demuestra que hay otras alternativas, como el deporte de alto rendimiento”. Según Olga Lucía, el deporte les “ayuda a identificar sus capacidades, mejora su autoestima, los hace valorar la vida propia y ajena. Además pueden disfrutar pequeños y grandes logros y la compañía de otros en la misma situación que valoran sus capacidades”.

Al club llegan ex-combatientes, gente que estuvo en el microtráfico, consumidores, civiles; pero Wilson dice sonriendo que “DISFAD recibe a la persona que sea, como esté. Aquí le cambiamos el aspecto a la gente”. Hasta a Margarita, que no es discapacitada, le cambió la vida, “porque aquí uno se da cuenta que desperdiciamos la vida y ellos le enseñan a uno a valorarla”, afirma.

Un golpe a la exclusión

Ser deportista en Colombia es difícil y aún más si se es discapacitado. Al principio era poco el apoyo económico y Wilson pensó en retirarse. Pero Margarita y Gustavo Bermúdez, presidente discapacitado de la Liga de Discapacidad Física, lo disuadieron para que se quedara. La mayoría de muchachos sueña con ser selección Colombia y llegar a una liga extranjera. Según Wilson, porque “afuera hay ligas para los deportes de discapacitados. A Colombia le falta mucho en inclusión, ni siquiera en las calles hay rampas para nosotros”.

Según Isaura Girón, madre de Alex Figueroa, “hay días en que él ni puede ir a entrenar, porque pasan muy pocos MIOs con rampas”. Él desea irse a Estados Unidos, para dedicarse al baloncesto. Hace un año que practica el deporte y ya es selección Valle. Para él competir en el departamental “fue una muy buena experiencia, aunque no me gustó haber perdido”, comenta sonriente. Alex perdió la movilidad luego de caer de un carro en movimiento a los dos años, pero el espíritu lo tiene intacto. “A mí no me gusta quedarme quieto”, dice, por eso practica baloncesto, que lo mantiene activo y le pone empeño al colegio, para luego hacer una carrera en Diseño Gráfico.

Andrés Mosquera es el otro jugador en la cancha. Tiene 22 años y anda a dos ruedas por culpa de un accidente de tráfico. Él aún podría caminar. Logró dar unos pasos en las terapias, pero desistió por los laberintos de las EPS. “Aún tengo sensibilidad y reflejo en las piernas”, cuenta, “pero la EPS no me da las cosas”. Tan solo para conseguir una silla hay que poner tutela y pelearla.

A pesar de todo en DISFAD la inclusión no para. Hace aproximadamente un año están recibiendo deportistas venezolanos, que llegan por el fenómeno de migración. Según Margarita “abrimos las puertas del club a esos deportistas y ellos han brindado conocimientos que han subido el nivel deportivo”, está feliz. La idea es que el club siga creciendo y que todos entiendan que, como dice Margarita más que un club DISFAD es una familia.

Por Susana Serrano Arango y Alejandro Cabra Hernández/ Estudiantes de Sala de Periodismo

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