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Los Juegos Panamericanos, la cita deportiva que transformó a Cali

Los Juegos Panamericanos, la cita deportiva que transformó a Cali

Publicación del Diario El País de la clausura de los Juegos Panamericanos.

Por María Camila Quintero Salazar/ Especial para El Giro 

El 22 de julio de 1967, la delegación colombiana obtuvo para Cali la sede de los VI Juegos Panamericanos, uno de los eventos más importantes en el mundo del deporte. Durante 17 años un grupo de caleños estaba solicitando ser sede de estas justas, con lo cual buscaban el progreso de la ciudad. Persistieron en el empeño ‘panamericano’, hasta que finalmente llegó el día soñado. A partir de ese momento se inició la organización de esta cita, se buscaron los mecanismos de financiación, y seguidamente a las personas que harían parte de los respectivos comités.

Dos años después del anuncio, el 18 de febrero de 1969, en la reunión del comité organizador con el presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, el gobernador del Valle, Rodrigo Lloreda Caicedo, aseguró que se aprovecharía la “realización (de esta justa) para adelantar planes de transformación en Cali y el Valle del Cauca”, así quedó plasmado en la edición del 30 de julio de 1971 del Periódico El País.

Cali carecía de los escenarios deportivos y de un equipamiento urbano que estuviera a la altura y que pudiese con el titánico reto titánico de organizar por primera vez una cita de esta magnitud. En solo cuatros años, la ciudad debía experimentar una gran transformación para asumir el desafío. También,  la capital del Valle presentaba graves problemas de transporte y un gran crecimiento poblacional, debido a la acogida de familias del Pacífico, Cauca, Eje Cafetero y sus alrededores que llegaban a la ciudad en busca de una vida mejor.

Para moldear este evento se necesitaban muchas manos, así lo recuerda la profesora del Liceo Femenino Clementina Restrepo quien evocó el proceso en el que se involucró a varios ciudadanos en este gran proyecto deportivo.

Recuerdo la energía de los vecinos, de los muchachos al salir de sus clases, que se ofrecían como guías y traductores para los visitantes que hablaran inglés, de las amas de casa que decían tener a disposición sus hogares para recibir a los deportistas en caso de que los hoteles no dieran abasto”,  contó Restrepo.

A pesar del gran reto que representaban los VI Juegos Panamericanos, la ciudad inició su transformación. La Autopista Sur, la Avenida Guadalupe, la Avenida Pasoancho, el aeropuerto Alfonso Bonilla, el Hotel Intercontinental, la Villa Panamericana de la Calle 9, la Sede Univalle, las piscinas Alberto Galindo, el Coliseo El Pueblo, el estadio Panamericano, el Polígono de Tiro y el Parque de las Banderas, fueron algunas de las obras que se construyeron para recibir por lo alto a esta importante justa deportiva.

Posteriormente, se remodeló el escenario más grande e importante que acogería a estos Juegos:, el estadio para fútbol Pascual Guerrero. Se amplió el “sótano a un área 1.936 metros cuadrados; la tribuna occidental  y la oriental quedaron con una capacidad 15.000 personas; la Norte y la Sur de 12.500 espectadores; la cancha de fútbol con medidas aprobadas por la FIFA y se construyó la pista atlética- Pista de Tartán, para las diferentes pruebas de atletismo.

Por otro lado, para armonizar  la increíble arquitectura que se presenciaba en el Gimnasio Auditorio se tomó la decisión de construir un velódromo con un estilo moderno y con una gran estética, el cual este fue construido con la capacidad para 6 mil personas. En el momento de su inauguración fue considerado uno de los más bellos y modernos del mundo.

Otro escenario que se mostró con imponencia en la ciudad fue el Diamante de Béisbol, fue una obra que como las anteriores poseía grandes y modernas instalaciones. Un hecho curioso de esta construcción fue que al ser tan poca la afición del valle por este deporte, la obra se hizo con una capacidad para cuatro mil espectadores, y fue en su momento el único campo abierto que tenía la totalidad de sus graderías cubiertas.

Después de varios años de preparación  llegó el gran día. El 30 de julio de 1971 se realizó la inauguración de estas justas para recibir a los casi 3.000 deportistas que se enfrentarían en 18 deportes y los cientos de turistas que atraería el acontecimiento.

Ese día se cumplía el sueño de Alberto Galindo Herrera, uno de los mayores precursores de este evento. Galindo quería  hacer en Cali un evento que posicionara a la ciudad hacia el progreso y paradójicamente no vivió para verlos, ya que siente meses antes de las justas falleció.

Toda la población estaba sintonizada, hablando en todo momento de las expectativas que tenían para las competencias que estaban por iniciar. Cali supo resolver las limitaciones de movilidad y creó grandes estrategias para la alimentación y el hospedaje de todos los visitantes que durante más de una semana iba a tener la ciudad.

Con los escenarios colmados de un público, que por primera vez experimentaba este tipo de justas; después de superar el desafío de organizar una de las citas más importantes del deporte y de transformarse físicamente, Cali logró, y con creces,  el objetivo de organizar los Juegos Panamericanos.

Este evento es un recuerdo que siempre estará vigente, pues no solamente posicionó internacionalmente a Cali, sino que involucró a todo un país que vibró y se lució con la impecable organización, demostrando que un país del tercer mundo podía realizar exitosamente un evento de magnitud internacional.

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