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Literatura en cali: ¿una ciudad que se quedó en su salsa?

Literatura en cali: ¿una ciudad que se quedó en su salsa?

POR: ANDRÉS ARISTIZÁBAL, JUAN
DAVID PATRÓN Y JAÍR VILLANO

SALA DE PERIODISMO

La Sucursal del Cielo es una ciudad en la que se baila mucho, pero se lee poco, ¿qué hay detrás de esto? El Giro se entrevistó con expertos en función de hallar posibles causas.

[dropcap font=”arial” fontsize=”16px”]H[/dropcap]ablar de literatura en Cali es hablar de un autor que dejó un jo­ven legado y que mu­rió hace más de 30 años: Andrés Caicedo. ¿Por qué seguimos ha­blando del autor de ¡Que viva la música! a pesar de que falleció hace tanto tiempo? ¿Qué ha pa­sado con la literatura después de su muerte? ¿El mito Caice­do ha estado en detrimento de otros autores caleños igual o mejores que este?

Para empezar hay que decir que este es un país en el que sus habitantes no leen (ver cifra). A diferencia de otras manifesta­ciones culturales, como el cine y la danza, la lectura en Cali ha quedado opacada por la imagen con la que se presenta la ciudad ante el mundo: la ciudad de la salsa (o sin eufemismos: de la rumba). Ello es una de las razo­nes para que la Administración Municipal no invierta en la lite­ratura lo que en otras ciudades del país invierten.

El escritor y columnista Fabio Martínez coincide en esto, dice que “el presupuesto que tiene la Secretaría de Cultura de Cali para la literatura es ínfimo en comparación con el presupuesto que tienen para la cultura las secretarías de Medellín y Bo­gotá. Aquí la Universidad del Valle programó durante varios años la Feria del Libro, sola­mente con el apoyo financiero de la universidad y eso en un momento dado se cayó. Y se cayó porque a la Secretaría de Cultura y a las diferentes admi­nistraciones parece que nos les interesara el mundo del libro”.

Martínez agrega que en Cali hay talento literario, pero que el problema está en la falta de visión de la cultura del libro por parte de los organismos cultu­rales y la empresa privada.

Y es que, en efecto, siendo Cali una de las ciudades prin­cipales del país es inexplicable que su feria del libro no se acer­que a los festivales que se viven en Medellín, Bogotá y hasta Bucaramanga, donde en su más reciente celebración fue invita­do nada más y nada menos que el premio Nobel de literatura sudafricano J.M. Coetzee.

Ismael Nieto, periodista de la Secretaría de Cultura, acep­ta que el presupuesto que se le asigna a las letras en estas ciudades es más alto que el otorgado a la capital del Valle, pero atenúa esta circunstancia con la falta de congruencia por parte de los actores que deman­dan mayores recursos. “AI Plan Decenal de cultura fue muy poca gente, y es en esos espacios donde esas inconformidades se pueden expresar”.

En esa perspectiva, la promo­tora de lecturas en espacios no convencionales de la Secretaría de Cultura, Diana Luz Correa, añade que lo que sucede con Bo­gotá y Medellín es que en estas capitales la lectura es una polí­tica pública:

-¿Y por qué en Cali no?

-Acá se han venido haciendo esfuerzos, pero por diferentes motivos se caen.

-¿Por qué se caen? ¿Qué hace que en Cali no sea equiparable con estas ciudades?

Diana Luz lo piensa, final­mente responde:

-Se necesita contar con más voluntades políticas. Nosotros aquí hacemos esfuerzos, pero ¿quiénes avalan las políticas públicas de lectura? ¿Quiénes están allí?

Más allá de la ausencia de un presupuesto monetario para los eventos literarios en la ciudad, resulta pertinente cuestionarse ¿a qué causal obedece el rezago que parece tener Cali en con­traste con otras ciudades del país a nivel literario?

El profesor y poeta Carlos Patiño arguye que en la ciudad “hay una especie de canibalismo que impide que cualquier per­sona que esté construyendo su obra pueda ser leída, pueda pu­blicar, que sus textos circulen. Es muy difícil publicar aquí. El único premio regional, que es el Jorge Isaacs, ha sido des­montado gradualmente. No hay una participación mayor de los escritores vallecaucanos en los premios nacionales”.

Opinión que no comparte Humberto Jarrín, premio Na­cional de Literatura, quien asevera que pareciera que la ciudad padece un atraso, pero en realidad lo que hace falta es una exaltación de las bondades de las obras de autores que en otras ciudades se hace: “Bogotá y Medellín son unos referentes editoriales. Son centros de po­der. Y en esos centros de poder se necesita hacer también de la literatura un objeto comercial y, por lo tanto, se incentivan este tipo de escritores a través de editoriales consagradas y se los promueve”.

Lucy Libreros, periodista de la revista Gaceta (el suplemen­to cultural del periódico El País, de Cali), dice que más que re­zago lo que hace falta en la ciu­dad es visibilizar las obras que hacen sus autores. “Se crean unos círculos muy cerrados y se quedan únicamente en las uni­versidades. Luego llegás a una librería y no hay forma de darte cuenta qué están publicando”.

No obstante lo anterior, el es­critor Umberto Valverde da a entender que lo que presenta la ciudad es ausencia de calidad en la escritura: “Después de mi generación, de Andrés que ya murió y de Fabio Martínez que supuestamente es un poquito menor que nosotros, y de Boris Salazar, y de Harold Kremer, no hay generaciones jóvenes”.

Todo lo cual lleva a otra dis­cusión.

¿Falta de calidad estética o de sellos editoriales?

Valverde recuerda que hace poco fue jurado del Premio Jorge Isa­acs en la categoría cuento y que, haciendo unas pocas salvedades, los trabajos que llegaron no eran los mejores, añade que ha tenido discusiones con la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle por lo exiguos que son los espacios para charlas en tor­no a los libros: “Si bien yo creo que una Facultad no debe produ­cir escritores, eso no se da por tí­tulo académico, sí debe crear los ambientes para que los jóvenes escritores tengan herramientas de la escritura. Y eso, creo que no existe en Cali”.

Carlos Patiño cuestiona el papel de las publicaciones, dice que nunca antes había habido tanto taller de poesía en Cali: “Lo que yo me pregunto es dón­de está la poesía que correspon­de a tantos poetas. ¿Por qué no se publica?, ¿por qué no circula? ¿Dónde están los novelistas va­llecaucanos? ¿Qué están escri­biendo?, ¿Cuáles son los asun­tos que los ocupan?”

Javier Buitrago, Coordina­dor del Departamento de Arte y Diseño de la Impresora Feriva S.A., advierte que lo que en rea­lidad hace falta son sellos edito­riales. Cuenta que Feriva incur­sionó dos años como editorial, pero que al ver los malos resul­tados comerciales que tuvo, si­guió en el diseño e impresión de libros. “La falla no está en que el Valle del Cauca o Colombia en general no sea prolífica en escritura, la falla está en que no haya quién la comercialice, quién la difunda, quién la ponga en las manos de los lectores. En­tonces los escritores se encartan con los libros en la casa”.

El escritor Óscar Perdomo Gamboa añade, en este sentido, que efectivamente lo que hace falta son publicaciones: “El problema es que no se publica, y cuando se publica no se leen y cuando se leen no se estu­dian…”.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura, Cali tiene la red pública de bibliotecas más grande del país.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura, Cali tiene la red pública de bibliotecas más grande del país.

Buitrago concluye diciendo que, sencillamente, lo que no hay en Cali es editoriales; no obstante, Roberto Caro, director de El Bando Creativo (agencia de publicidad que cuenta con el servicio de diseño editorial), saca a colación un factor que hasta el momento no se había considerado: “En Cali hay toda una fuente de libros alternati­vos que son invisibilizados por los medios de comunicación. Aquí hay niñas poetas, autores que escriben sus libros, pero no son conocidos y no aparecen en la prensa… ellos arriesgan su capital para que el libro se pu­blique, hasta para que se distri­buya; pero son invisibilizados por los grandes medios de co­municación”.

Medios de comunicación, escritores y cultura del libro

Ciertamente, si bien en Cali hay algunas revistas cuyo con­tenido es cultural, no hay, en cambio, una revista que aborde, únicamente, temas de carácter literario: crítica, reseña, sem­blanza, perfiles. Si bien en las universidades hay medios que propenden por realizar un con­tenido de altura, verbigracia, Ciudad Vaga (Univalle), Poli­gramas (que dejó de circular), estas no son masivas. El único espacio que cuenta con prestigio en la ciudad es Gaceta, el su­plemento cultural que viene to­dos los domingos junto al diario El País. Con la reapertura de El Pueblo se quiso revivir Estra­vagario, ese excepcional maga­zín literario por el que pasaron plumas como Anabel Torres, Gustavo González Zafra, Álvaro Bejarano, Arturo Alape, Tomás González, Andrés Caicedo, en­tre muchos otros; no obstante, no hubo nada más allá de la retrospectiva de los relatos de esos escritores.

Es que Cali, dice Fabio Mar­tínez, ha sido muy monoculti­vista, no solo en la economía, también a nivel cultural. Lo di­cho atrás: la prevalencia que se le ha dado a la salsa ha ido en menoscabo de otras expresiones artísticas, como esta que aquí se refiere.

El comunicador Ismael Nieto advierte que lo que hace falta es sensibilizar a la gente, ya que en Cali se hacen eventos de esta na­turaleza, arguye Nieto, pero la asistencia del público es escaza.

Esto resulta paradójico si se tiene en cuenta que según el funcionario de la Secretaría cul­tural, esta es la ciudad con la red de bibliotecas públicas más grande del país: “Mientras que en Bogotá hay por lo menos 19 bibliotecas en todo el Distrito, en Cali hay 61 bibliotecas que están en corregimientos y co­munas”.

¿Qué es lo que sucede enton­ces? ¿Por qué si hay una red en la que las personas pueden acercarse a leer, los escritores de esta ciudad no son leídos?

Diana Luz Correa dice que los escritores deben aunar es­fuerzos con los organismos cul­turales; pide más acercamiento por parte de estos con los acto­res que están haciendo trabajos en procura de volver la lectura como un hábito en la ciudad.

En otras palabras, la promo­tora de lecturas en espacios no convencionales de la Secretaría, demanda un looby que el direc­tor del Bando Creativo cuestio­na: “Infortunadamente le pedi­mos todo al autor. El autor es el creativo, el de la imaginación, el que escribe, el que suda para parir dos renglones. También queremos que vaya a hacer ges­tión de marketing. Queremos que también vaya a hacer lobby con los medios de comunicación. ¡Por favor! Sería muy bueno que acá también existieran ciertos mecenas que apoyaran esa otra gestión para lo cual no fue he­cho el autor”.

Óscar Perdomo cree que todo parte de la educación básica: “Las escuelas tienen que salir del canon de que todo es María, Caicedo, Alférez Real y leer. Es que los profesores de primaria, de educación secundaria, qué tristeza, pero muchos de ellos no leen. Entonces se quedan con lo tradicional. A veces no son ellos, sino que los obligan”.

En suma, en Cali hay espa­cios que propenden por hacer de la lectura un hábito, pero estos, como reconocen los funcionarios citados, no son suficientes, y no lo son solamente por la ausencia de un presupuesto financiero, también porque –como dice Nie­to– la población caleña no tiene cultura del libro.

Al final de todo, Perdomo con­cluye algo que viene al caso:

“Hay que recordarle al joven que leer es divertido, que leer le da vida, le da cultura y le da inteligencia para que vuelva y mire su ciudad, no solamente desde lo que le dice la academia, sino desde otros lados”.

*Población mayor a 12 años.

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