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La espera de los sobrevientes

Ser ‘Sobreviviente’ después de perder dos hijos, un esposo, y amigos.

La espera de los sobrevientes

…Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna, amén…”

Tres credos, tres padrenuestros y tres avemarías debía repetir el niño Edilberto cada vez que volviera a ver a sus tíos y su papá. Esa fue la recomendación que le había dado el sacerdote de la iglesia a Gladys y resultó siendo la única solución.

Es que aún no había pasado un año después de la trágica pérdida. Fue el lunes 30 de enero de 1989 en la vereda La Estrella, Sevilla, Valle del Cauca, cuando el rumbo cambió para esa familia. El esposo de Gladys, Elvar, junto con sus dos hermanos campesinos, Hernán y Raúl Duque, llegaron a una nueva finca donde iban a cultivar café y plátano, pero sin explicación fueron asesinados a tiros con fusil de largo alcance. Una semana después, Gladys decidió irse de Sevilla para radicarse en Palmira con sus dos hijos, Edilberto, de cinco años, y Leidy Johana, de tres.

Pero las secuelas por haber perdido a su esposo no sólo afectaron su tranquilidad, sino también la de sus hijos, especialmente a Edilberto. “Se me enfermó el niño, casi se me muere, él veía el papá y los tíos por todas partes”. Con el temor de una madre de ver a su hijo en esa situación lo llevó a varios médicos, le formularon diversos medicamentos, pero no hubo ninguna mejoría.

Decidió llevarlo a la Iglesia y el padre le dio una recomendación: el niño debía repetir las oraciones una y otra vez.

En la iglesia, Gladys Herrera encontró una solución a la situación que vivía su hijo Edilberto, pero tal vez Marlene García, en ese mismo lugar no hubiera hallado una respuesta a la condena que vivieron sus dos hijos.

El Giro conoció la historia de tres personas víctimas de la violencia en el Valle, qué sucedió con sus familiares y ahora después de varios años qué esperan recibir como reparación por parte del Estado, en contraste con la versión del gobierno y la ley.

Marlene García García vivía en Cali junto a sus cuatro hijos, los dos mayores eran Jaime Fernando y Jairo Iván Hurtado. En 1984, Jaime estaba prestando servicio militar obligatorio en el Batallón Pichincha, haciendo actividades de tipo administrativas. A los 19 años fue víctima de la desaparición forzada y asesinato, cuenta Marlene. Al parecer ahí se estaba llevado a cabo un “robo continuado” y Jaime no quiso ser partícipe de ese hecho. El homicidio no pudo ser denunciado ni investigado debido a amenazas al único testigo, resaltó Marlene. Ese suceso fue la motivación principal para que el segundo hijo de Marlene, Jairo Iván, eligiera estudiar derecho y hacer justicia correctamente. Desde 1991 se unió al equipo de ‘Justicia sin rostro’, figura del poder legislativo para combatir el narcotráfico, pero su madre tenía el presentimiento que trabajar con la Fiscalia sería peligroso.

tabla-indemnizacionY fue así, Jairo Iván trabajó para el Estado seis años más, pues en adelante comenzó a vivir una serie de amenazas contra Fsu vida y la de su familia. “Él había hecho una investigación contra gente muy importante, personajes políticos” y ese era el principal motivo para callarlo, de acuerdo con el testimonio de la madre. Gladys y Marlene tienen algo en común: hacen parte de las 348.792 víctimas del conflicto armado en el Valle. Ellas podrían estar vinculadas al proceso de reparación integral de víctimas que ofrece el Estado, por aquellos hechos violentos ocurridos después del 1 de enero de 1985, amparadas por la Ley 1448 de 2011.

De acuerdo con la Unidad de Víctimas del Valle del Cauca, hasta julio del presente año se han indemnizado 15.967 personas, con recursos que ascienden a $100.149 millones. Para ejemplificar esa cifra, es como si se tomara el 0,4% del presupuesto anual de defensa Nacional destinado para la compra de armas y carros de combate principalmente, y se utilizara para reparar a las víctimas durante tres años consecutivos. El proceso de indemnización económica empezó en el 2009 durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuando se reparaban las víctimas de los grupos armados organizados al margen de la ley.

Sin embargo, la actual Ley 1448 incluye a todas las víctimas del conflicto a partir de 1985, y la apuesta es a una indemnización integral, derecho a rehabilitación, cura de heridas físicas o psicológicas, derecho de satisfacción, y construcción de memoria.

“Las víctimas tienen derechos adicionales a todos los ciudadanos: la verdad, la justicia y la reparación integral”, asegura Paula Gómez, directora Territorial del Valle del Cauca en la Unidad de Atención y Reparación Integral a Víctimas. Comenta, además, que esta institución cuenta con 60 días para notificarle a cada persona, que haya declarado ser víctima de un hecho violento, si hace parte del Registro Único de Víctimas.

Son muchas las fundaciones que siguen a la espera

Son muchas las fundaciones que siguen a la espera de tener alguna noticia
de sus familiares desaparecidos. Su dolor no ha terminado.

No obstante, Orlando Naranjo, miembro de la Asociación de Familiares Víctimas de Trujillo, cuenta que la reparación no ha sido efectiva, pues de los 230 casos de víctimas registrados tan sólo han recibido reparación económica o vivienda 40 de ellos. Para él, “la reparación empezó al revés”, pues primero era necesario un apoyo psicosocial, educativo y por último aportar un capital semilla, que es la cantidad de dinero mínima para que las familias puedan invertirlo. Pero realmente ocurre todo lo contrario, “es un proceso lento”.

Paula Gómez, vocera oficial, responde que el Estado tiene un principio de gradualidad según los hechos victimizantes. Por ejemplo, una víctima de violación sexual prevalece ante las víctimas indirectas de un homicidio. Además, desde la Unidad de Víctimas planean que próximamente inicien los procesos de reparación colectiva en Trujillo, Tuluá y Buenaventura.

“Sólo queda esperar”, dijo Gladys Herrera, pues después de veinticinco años regresó a Sevilla para iniciar el trámite de reparación, entregó los papeles correspondientes, y por último fue citada el 23 de julio en la Defensoría del Pueblo para declarar, contar los detalles de lo que había sucedido el día en que murió su esposo. Con tristeza reconoce: “Aunque haya pasado tanto tiempo para mí, eso parece que hubiera sido ayer”. Hoy en día el crimen no ha sido resuelto, pero sospecha que la muerte fue a manos de los paramilitares, quienes frecuentaban esa zona.

Gladys, con el dinero de la reparación, piensa comprar una casa. Marlene, en cambio, tiene otro propósito. “Revindicar sus nombres, mi hijo está como si fuera un bandido. La meta, antes de morirme, es que se ponga una placa en el Palacio de Justicia con su nombre”, dice Marlene García. El caso de su primer hijo, Jaime Fernando, quedó impune así como el de Jairo Iván, con la diferencia que el último desapareció de cualquier registro que mencionara que trabajó para la Fiscalia y está en el listado de fugitivos.

A través de manifestaciones artísticas y culturales, muchas familias intentan aliviar el dolor

A través de manifestaciones artísticas y culturales, muchas familias intentan
aliviar el dolor de la desaparición de sus familiares.

 

¿Qué pasó? ¿Por qué pasó? ¿Quiénes fueron los actores? ¿Quedarán los crímenes impunes?
¿Llegará la indemnización? ¿Recibirán verdad, justicia y reparación? ¿Habrá nuevas víctimas? Algunas de esas preguntas serán como velas que encienden los feligreses en la iglesia. Con el tiempo se consumirán y la certeza acabará con ellas. Los diálogos en la Habana para algunos colombianos es una luz de esperanza; para otros impunidad segura. Mientras tanto, Orlando Naranjo, Gladys Herrera y Marlene García siguen esperando que llegue la reparación. Naranjo, miembro de Afavit, continúa haciendo la gestión para que sean reparados los sobrevivientes de la masacre de Trujillo y se preserven lugares como el Parque Monumento.

Pero esa labor ha hecho que se vuelva blanco de múltiples amenazas, una de ellas fue el pasado 25 de marzo cuando encontraron dos grafitis frente al Mausoleo del Padre Tibero Fernández que decía: “Afavit muere Naranjo…”, esto ha hecho que él y otros miembros de la asociación tengan que tomar medidas de seguridad y protección. Estas amenazas hacen parte de las 8.741 hechos denunciados en el Valle del Cauca y registrados en la Red Nacional de información.

Hablar pareciera ser un acto peligroso. Ser revictimizadas es el temor de muchas víctimas, por eso algunos prefieren callar lo sucedido. Marlene García estuvo en silencio por más de veinte años y solo desde el 2010 decidió contar la historia de sus hijos ante amigos, conocidos, desconocidos, fundaciones y el Estado. Narrarla hasta dejar de sentir miedo.

El pasado 29 de agosto se celebró el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada y como acto simbólico en la Plaza de San Francisco se reunieron familiares, amigos de víctimas y, entre ellos, Marlene García.

Junto a la Iglesia cuelgan fotos, leyendas, cartas escritas por madres, poemas, y subyacen historias que esperan ser escuchadas por algún caminante interesado.

A las 5:30 de la tarde, mientras se alcanza a ocultar el sol detrás de la estatua de Cristo Rey y las palomas blancas y grises alzan vuelo en la plaza, Marlene da cierre a la jornada del ‘plantón’ frente a la iglesia San Francisco, no haciendo una oración que le señale el rastro de su hijo, sino que declama un poema de Mario Benedetti que resume en unas letras la incertidumbre de ella y de muchos otros…

“…Nadie les ha explicado con certeza si ya se fueron o si no si son pancartas o temblores sobrevivientes o responsos…”

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