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“Aquí no hay discapacitados”

“Aquí no hay discapacitados”

Maria Crespo

Por María Crespo Castaño
Estudiante de Sala de periodismo

Nadie es ajeno a sufrir algún tipo de discapacidad. Cualquiera de nosotros se ha enfermado, ya sea una fractura, gripa, u operación, y en ese momento la vulnerabilidad se apodera de nosotros y es cuando confiar en nuestra familia, la ciudad y el Estado es lo único que nos queda. Este tipo de situaciones pueden ser transitorias para algunos, pero en otros casos son definitivas. El personero de Cali, Andrés Santamaría, afirma que en la ciudad hay 300.000 personas con impedimentos físicos permanentes. Los adultos mayores, entre los 65 y 69 años de edad, abarcan la mayoría de la población discapacitada. Teniendo en cuenta la cantidad de personas, sería lógico pensar que en Cali existen suficientes programas de inclusión social para este sector, pero no es así. Que una persona de 79 años deba esperar como mínimo 20 minutos en su silla de ruedas para poder pasar la Calle Quinta, teniendo al lado un puente peatonal que no permite el acceso porque no tiene rampas, es lamentable.

Pero más lamentable es escuchar los comentarios de los ciudadanos: ‘Si ellos quieren que el MÍO pare y no pueden escuchar el altavoz entonces que le digan al conductor, que no jodan tanto’. Cali ya no es la ciudad de hace unos años, en la que las personas hacían filas y decían ‘buenos días’. Aquí se perdió el civismo.

A pesar de esta situación, la Corte Constitucional, mediante la sentencia C-401/03, promueve los derechos de estos grupos, a la no discriminación, apoyo educativo, igualdad laboral y ayudas especiales como la rehabilitación.

Según el documento de situación de discapacidad de la Gobernación del Valle, el 34,8% de esta población no recibe pensión y en el ámbito académico la mayoría no ha culminado los estudios. La razón principal: la discapacidad. Es notable que existan leyes que amparan a esta población, sin embargo la realidad que ellos viven en Cali es otra.

Un ejemplo de ello es el Decreto 1538 de 2005, que establece una serie de normas para garantizar la accesibilidad de las personas con discapacidades, en todo el territorio nacional. En Cali, las barreras más grandes para la inclusión de esta población son las vías públicas, ya que no están acondicionadas para facilitar la movilidad de estas personas.

La falta de solidaridad que tienen los ciudadanos por esta población es, en parte, mediada por la ignorancia y el egoísmo. No existe sensibilidad hacia estas personas, quienes podrían ser nuestros abuelos, hermanos o un amigo.

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