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La cárcel no sirve para reinsertar

La cárcel no sirve para reinsertar

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Por Andrés Felipe Guevara
Estudiante de Sala de Periodismo

Para poder hablar de cárceles o centros penitenciarios en nues­tro país, primero debemos poner en contexto lo que sucede alre­dedor del mundo con el sistema carcelario. El nuestro ofrece unas condiciones de vida preca­rias para el prisionero. Proble­ma que se agudiza con el haci­namiento que crece cada año en un 53,3%, según el Inpec.

La transformación del siste­ma penitenciario tradicional a un nuevo mode­lo de gestión penitenciaria sería el camino más lógico para llegar a tener un buen sistema en Colombia. Las cárceles deben de ser higiénicas, separar a los condenados por delitos mayores de los condenados por delitos menores, incentivar el trabajo de los procesados en las cárceles y tener en cuenta que el aislamiento del condenado en una celda evita que se dé la promiscuidad y la corrupción moral entre los presos.

Un claro ejemplo de esto se puede evidenciar en el sistema carcelario de Noruega, uno de los mejores del mundo. Se trata de un sistema dise­ñado para recuperar socialmente a quienes han transgredido la ley.

Basándonos en el contraste entre el sistema co­lombiano y el noruego como un ejemplo a seguir, se puede ver claramente que el sistema colombia­no necesita con urgencia un cambio radical, ya que de la manera tradicional, como se ha venido manejando este tema, no ha funcionado. Ya sea por falta de compromiso con esta labor por parte del gobierno o por el deterioro de los derechos hu­manos de los presos, lo cierto es que en vez de que el sistema resocialice a las personas, lo que pro­voca es una deshumanización, convirtiéndolo en un criminal más rencoroso con la sociedad civil.

Hay una mala profesionalización dentro de los centros y la corrupción aumenta cada vez más, al igual que el abuso de los guardas. Igualmen­te, tendríamos que distinguir también entre las cárceles pequeñas, generalmente antiguas, y las macrocárceles. Por ejemplo, la Modelo, cárcel de 1904 para 2.900 presos, tiene hoy recluidos a unos 7.218 mil, es decir, siete por celda, llegando a un hacinamiento del 200%.

La reinserción es la resocialización a través de la disciplina, el trabajo, el estudio, la formación espiritual, la cultura, el deporte y la recreación, bajo un espíritu humano y solidario. Teniendo en cuenta esto podemos pensar en una buena integración social, que brinde seguridad tanto a la población civil como a la población carcelaria, pues uno de los fines del código es la prevención, la seguridad y la reinserción social.

Pensar en continuar con un sistema carcelario como el actual, lo único que va a lograr es agudi­zar los problemas sociales. Cada vez más perso­nas son privadas de su libertad y las que salen continúan, en buena medida, en la ilegalidad, porque tienen sus hojas de vida manchadas y no encuentran un espíritu de resocialización en las prisiones ni una oportunidad en las calles.

Pensar en construir más cárceles sin que exis­tan programas de rehabilitación y resocialización es una clara violación a los derechos humanos.

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