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La cultura MÍO

La cultura MÍO

 

Por Ángela María Ortiz Valencia

Estudiante de Sala de Periodismo

Si usted es uno de los bendecidos y afortunados que tiene que vivir la odisea del MÍO a diario, o la ha experimentado alguna vez, seguramente le es familiar la cólera de esperar buses que no llegan, la guerra de Troya para conquistar una silla vacía, la claustrofobia al montarse en buses tan llenos que puede disfrutar del reconfortante calor humano de los demás, la “rica y deliciosa golosina que no tiene ningún precio o valor más allá del que su corazón desee apoyar”, y, la banda sonora del Masivo con diversos géneros musicales desde rap hasta alabanzas cristianas.

Alguna o varias de las características anteriores, se le pueden “tirar el día” a cualquiera. Pero de eso ya se ha hablado mucho, y la verdad hay un aspecto puntual que me preocupa e incomoda aún más, que nada tiene que ver con las condiciones estructurales del sistema sino con un aspecto más personal: la cultura ciudadana no sólo de los usuarios sino también de algunos conductores cuyo servicio deja mucho que desear.

¿Qué más frustrante que correr cual Usaín Bolt para alcanzar el MÍO y que el conductor cierre las puertas en su cara? Es comprensible en algunos casos, pero lo que me parece injustificable en otros es el cinismo con el que algunos lo hacen.

Una vez llegué con el corazón en la boca a la puerta que se cerraba, el conductor vio desde el retrovisor mi desesperación suplicando que la abriera de nuevo, en su lugar, se rió mientras me miraba a los ojos haciendo un gesto de despedida con su mano, justo antes de arrancar dejando mi dignidad por el suelo. He sido testigo de muchas historias parecidas hasta con ancianos y mujeres embarazadas como protagonistas.

Esto, entre otras cosas, construye un ambiente propicio para la tensión y el estrés que resulta no ser sano ni para el usuario ni para el conductor. Se ha perdido el respeto, la tolerancia y la comprensión desde ambas partes, haciendo que algo tan sencillo como el transporte de un lado  a otro se convierta en una experiencia detestable.

Si se quiere construir una ‘cultura MÍO’ como lo dice Metrocali, con el propósito de hacer de la vida en el transporte público menos traumática, hay que comenzar a preocuparse de que sus trabajadores promuevan dicha cultura en primer lugar, por medio del buen ejemplo y un servicio amable y digno para el usuario, porque eso sí está en sus manos. Frente a lo estructural… seguiremos esperando el milagrito.

 

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