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La mujer y el animal

La mujer y el animal

Hace unos días una amiga me decía: “A mí no me gusta ponerme shorts porque siento que me violan con la mirada” y yo me pregunté ¿por qué le tiene que dejar de gustar? Según Caracol Radio hasta enero y febrero de 2017 se reportaron 1.446 feminicidios en Colombia, menos mal mi amiga no ha sido una de ellas, ¿o sí?

La Organización Mundial de la Salud define la violencia sexual como la acción que “abarca actos que van desde el acoso verbal a la penetración forzada…” aquí es donde yo me pregunto ¿en qué momento las mujeres dejaron de ser respetadas por el hecho de ser ellas mismas? Y la respuesta es: desde siempre.

Mi abuela dice que sus épocas fueron las mejores porque su pretendiente tenía que pedirle permiso a su papá para poder besarla, la visita era en la sala y no se les permitía salir solos. Mi mamá cuenta que le tocaba volarse de la casa para disfrutar con sus amigos y con su novio. Mi amiga menciona que su papá la regaña por verse con su ex y le dice que es una degenerada. Las épocas cambian pero de verdad me cuesta creer que hay avances en el respeto al género femenino y la disminución del machismo en Colombia.

Las mujeres han sido denominadas como ‘perras’ por estar solteras y ‘mojigatas’ por tener una relación, pero el ser mujer no se relaciona solamente con las interacciones personales, yo creo en otro tipo de mujer, aquella que lucha por sus derechos, que no pide silla en el transporte público por ser ella; una mujer que carga su maletín, que paga sus cuentas, que puede decidir si tener o no hijos, que sale a bailar sin pedir permiso a su pareja, que se pone shorts, faldas o pantalones y no le importa. Yo creo en la mujer como un camaleón, de esos que cambian cuando quieren y se adaptan a lo que deciden, no a lo que les obligan.

Los mal llamados ‘micro-machismos’ que de pequeños no tienen nada, son esas frases o acciones que sentencian a la mujer en un rol o ideal inferior a otro ser humano y que son ‘aceptados’ cotidianamente y en Colombia sufrimos de este cáncer. “Es que ella (mi hermana) es mujer y por eso la tiene que acompañar” decía mi mamá y yo le respondía “¿a mí quién me acompaña? ¿O es que a mí no me pueden agredir?”. Que los hombres no terminemos siendo los animales sin razón que vemos a alguien inferior a nosotros por coger una escoba o no jugar futbol, es por eso que a mi amiga le respondo aquí: la igualdad es imparable y seguiremos luchando para que usted se ponga sus shorts y nadie le quite las ganas de ello.

Por Mario Perlaza/ Estudiante de Sala de Periodismo

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