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Opinión: ‘petrochavismo’ y violencia partidista

Opinión: ‘petrochavismo’ y violencia partidista

Foto tomada de https://pixabay.com

Por Harold Cortes- Reportero de El Giro

El 2 de marzo Diego Martinez Lloreda, director de información del diario El País de Cali, publicó en una columna que el “Petrochavismo no es cuento” y que si Petro se hace al poder en este país Colombia no se convertirá en otra Venezuela, “se volverá algo peor”. El artículo generó un debate en las redes sociales que, entre otras cosas, no tuvo en cuenta el carácter histórico del término, el contexto político actual, y la responsabilidad social de los medios de comunicación en la divulgación de dichos contenidos. ¿Existe ese término? ¿Quién lo dijo por primera vez? ¿A qué publico iba dirigido? ¿Cómo llegó a permear la opinión pública de los colombianos?

 

El fantasma del ‘Castrochavismo’

Para responder a estos interrogantes hay que regresar al 2010, momento en el que la efervescencia política en Venezuela levantó las banderas de la oposición contra el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez. Allí los contradictores del chavismo acuñaron el término por primera vez, refiriéndose a un modelo político e ideológico que, como afirma Diego Cediel, politólogo y docente de la Universidad de la Sabana “sí es palpable en Venezuela, por la afinidad política que existió entre los hermanos Castro y Hugo Chávez, quienes compartían, entre otras cosas, arsenal militar, capital humano e ideales políticos”.

En Colombia el término fue introducido en septiembre del 2012, luego de que el presidente Juan Manuel Santos, que ya empezaba a romper relaciones con el expresidente Álvaro Uribe, anunció en público una agenda de negociación de seis puntos para poner fin al conflicto armado con las Farc. Así, tras la ruptura definitiva entre ambos, Uribe creó el Centro Democrático y en marzo de 2014 inició una estrategia de comunicación para impactar la opinión pública.

Según Andrei Gómez, analista político y autor del libro ‘El triunfo del No’,  la estrategia del Centro Democrático consistía en utilizar el término en las calles de todas las ciudades de Colombia, mientras Uribe “alimentaba el miedo a seguir el modelo chavista”.

El impacto fue tal, que algunos analistas afirman que el triunfo del no en el plebiscito por la paz en el 2016 se debe a los imaginarios sociales en los ciudadanos producto de la campaña de los políticos que estaba en desacuerdo con el proceso de Paz.

De allí a pensar que Colombia puede ser peor que Venezuela tiene tanto de largo como de ancho.

De la teoría a la práctica

La idea del ‘castrochavismo’ le caló a muchos colombianos por una sencilla fórmula: Hugo Chávez y Castro eran de izquierda, la Farc son de izquierda, Venezuela vive una crisis histórica, entonces, todo lo que se llame izquierda y guerrilla nos llevará a una crisis.

Pero, pasando de la teoría a la práctica, ¿puede Colombia volverse una segunda Venezuela?

Para Diego Cediel la aplicación en Colombia del castrochavismo es restringida porque “para hacer posible esa lógica se necesita un esquema de participación política cívico-militar como en Venezuela, es decir, la profunda relación que hay del estamento militar en las altas y cotidianas decisiones del gobierno”. Para Cediel  pensar que el ejército vaya a tener esa participación de legitimar un gobierno ideológico afín a la izquierda, como sí lo hace el Frente Militar en Venezuela, es impreciso.

Por otra parte, es difícil pensar que un movimiento político como la Farc pueda llegar al poder pues su favorabilidad es cercana al 0%. Y lo mismo podría decirse de Piedad Córdoba, por poner un ejemplo de otros candidatos afines a la ideología del gobierno venezolano, según lo ha manifestado públicamente.

Tengamos en cuenta que Colombia cuenta con una Corte Constitucional que no permitió, incluso, que el presidente más popular de la historia fuera reelegido por tercera vez. Además de una política fiscal que regula el presupuesto del Estado de forma tan disciplinada que de hecho se cuestiona si esto puede afectar el desarrollo del país.

Así mismo, el país cuenta con sistema de partidos políticos democratizados desde la constitución de 1991. Sin mencionar que el congreso para bien o para mal cuenta con oposición y, más importante, que los procesos políticos en cada país son diferentes. Basta con recordar los resultados del socialismo del siglo XXI en Bolivia y Ecuador para darse cuenta que lo que pasó en Venezuela no es consecuencia de la ideología política de izquierda, sino de la mezcla de los muchos factores antes mencionados. Por tanto, Colombia no puede ser una segunda Venezuela porque las condiciones sociales, económicas y políticas del país son diferentes.

Guerra de tribus

Algunos políticos y medios de comunicación, sin embargo, han optado por ingresar al lenguaje común otro neologismo: ‘Petrochavismo’. Y la fórmula es la misma: recordarle a Petro su cercanía al expresidente Hugo Chávez y asociar su campaña con la crisis venezolana. ¿Otra estrategia de cara a las presidenciales?

Pedro Viveros, consultor en Comunicaciones y profesor de marketing político de la Universidad Javeriana de Bogotá afirma que “sin duda en una campaña sale lo mejor y lo peor del ser humano. Lo que le están haciendo a Petro es recordarle unos hechos que fueron evidentes y reales. Pero debemos aclarar una cosa, Gustavo Petro no fue guerrillero de fusil, como muchos afirman, fue un ideólogo y un hombre urbano del M-19. De ahí pensar que Petro es el heredero de Hugo Chávez en Colombia es más una interpretación política que real”.

De esta manera, en palabras de Viveros, la política electoral tiene un componente racional pero un alto componente de emociones. “Lo que está sucediendo en Colombia es la consecuencia de un fenómeno que yo llamaría el tribalismo. Cada colombiano acepta la postura de uno u otro político convirtiéndose en parte de su tribu. Luego cada político levanta su tribu para defender su proyecto político”, explica. Y es que parece ser que en eso se ha convertido la política moderna: una especie de efervescencia “tribalista” de los sentimientos con una dosis pequeña de raciocinio.

El ejemplo de esto es lo ocurrido el 2 de Marzo en Popayán y Cúcuta. Álvaro Uribe fue blanco de insultos e intentos de agresión en el centro histórico de Popayán, Cauca, y el vehículo en el que se transportaba Gustavo Petro fue impactado por manifestantes en la plaza principal de Cúcuta. Lo mismo ocurrió con Rodrigo Londoño en su gira por la campaña presidencial, en el Valle del Cauca.

Vale la pena preguntarse si la manera correcta de hacer política es trivializando las posturas del otro, especulando sobre neologismos inventados con el fin de mover los sentimientos de los colombianos, comparando a Colombia con Venezuela como si este país ya no tuviera sus propios problemas, o argumentando que si X político llegase a la presidencia se adueñaría del país, como si el 1% de los cuarenta y cinco millones que habitamos este territorio ya no fuera su dueño.

Ya lo había dicho Andrei Gómez-Suárez en el 2014 respecto a los dispositivos retóricos que usan los políticos: “el riesgo de esta estrategia es que sus promotores terminan creyendo las ficciones que producen”. ¿Las creerá Colombia también?

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