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Opinión: SOS por la educación en Colombia

Opinión: SOS por la educación en Colombia

Colombia pide a gritos educación pública de calidad, que la formación no se base en la mera producción sino que explote la capacidad intelectual de cada joven. El ingreso a la universidad no puede seguir siendo una oportunidad fugaz, el Estado debe garantizar a todos el derecho a la educación.

En Colombia cada seis meses miles de jóvenes ven sus sueños truncados porque no pueden ingresar a estudiar. Por ejemplo, en la universidad de Antioquia según cifras de El Espectador, de 51.000 estudiantes que se presentaron, solo pasaran 5.000, es decir que solo ingresará aproximadamente el 9% y otro 91% se queda sin estudiar. En Córdoba se presentaron 20.000 y solo pasaron 3.000 y así sucede en muchos otros departamentos y universidades del país. 

Poder estudiar significa progreso y avance. Las mentes brillantes en Colombia sobran, pero no tienen codeudor para pagar las cuotas a Icetex y adquirir un compromiso eterno con el Estado. 

Basta ya de la mercantilización de los servicios y derechos básicos. En Colombia no hay una educación equitativa. Las universidades públicas se posicionan entre las mejores del país, aun cuando el apoyo es reducido y para colmo de males, están sometidas a una desfinanciación es decir que casi que se sostienen con la uñas.

La situación de la universidad pública no es de ahora, se remonta desde hace muchos años atrás, la reforma de 1992 propone financiar las instituciones de acuerdo al aumento del costo de vida de cada año (IPC). Pero estas han crecido, por ejemplo en 1992 se matriculaban 200.000 estudiantes a pregrados y en 2009 eran 500.000. Hoy todavía se sigue financiando bajo la misma cantidad de estudiantes del 92. Los programas de pregrado y postgrado crecen a gran escala y el Gobierno se empeña en frenar el avance educativo.

El apoyo tan mísero que da el Estado ha llevado a que los rectores de las universidades hagan rendir el dinero al máximo y dejen de contratar profesores y recibir alumnos. El país es de los jóvenes, y no solo para una campaña política, el país es de los jóvenes que creen en el progreso, que con su creatividad y emprendimiento innovan en las facetas en las que se destacan.

Bien lo decía el escritor y periodista Mario Mendoza, los estudiantes colombianos están llenos de potencial, pero no tienen patrocinio. La educación y la cultura son herramientas fundamentales para mejorar las condiciones del país, para evolucionar y competir a nivel mundial.

Esto es un grito por el conocimiento, por el saber y la creatividad de los colombianos, hace dos años se decidió no apostarle más a la guerra, entonces apoyemos la educación.

 ‘‘No hay un país en el mundo que haya salido del subdesarrollo comprando armas’’, propone Mendoza, de forma acertada, pues es inconcebible que se invierta más dinero en armamento que en educación. Ninguna madre está dispuesta a parir para guerra. Los jóvenes en Colombia merecen sostener un diploma en lugar de un arma en sus manos.

Columna de opinión por Lizeth Ospina

 

 

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