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El arte como precursor de un barrio sin fronteras

El arte como precursor de un barrio sin fronteras

“He tenido que enterrar parceros, a gente que siempre ha estado ahí para mí, que ame con el corazón y que odie con mucha ira, pero esas personas eran gente que no merecían morir”, dice Alejandro Delgado, ‘Ceja Loca’, un cantante de rap de la comuna 20, mientras la voz se le quiebra y se pone la mano en la cara, para no mostrar su dolor. Uno de los tantos muertos fue su primo, para él era como un hermano. Entonces, fue ahí, donde se dio cuenta que esa vida no era la suya, a pesar de tener en claro que, como él lo afirma, “son poquitos los que aguantan el voltaje de ese cambio”.

Con su candonga plateada, unas chanclas rojas, su camiseta blanca y ancha, de la selección Colombia, una pantaloneta y un tumbado bastante particular de los cantantes de rap, recorre el barrio que lo vio crecer día tras día, el que lo vio pasar por épocas malas. Y buenas también, como las que vive desde hace 10 años, gracias al rap, éste fue su salvación, porque lo motivó a dejar esa vida atrás. Y sí, él lo logró, y cambió, y no solo para él, sino para la comunidad a la que alguna vez le hizo tanto daño. Así que empezó a trabajar por ese sueño y se empezó a involucrar en procesos comunitarios del arte, el grafiti y el rap, que ahora son su pasión.

Una vida no muy diferente tuvo Jeferson Reyes, un joven de 25 años, que también vive en la comuna 20, en el barrio Lleras Camargo, sector La Amistad. Él también hizo parte de esa vida; las drogas, las pandillas y las rumbas, eran su diario vivir. Solo pensaba en él y no le importaba lo que dijera ni siquiera su familia, no le importaba saber que todos estaban decepcionados de él, porque en realidad esas experiencias eran lo único que lo hacían sentir feliz, afirma. Pero hubo un detonante clave, a la corta edad de 14 años, su novia quedo embarazada. Ahí decidió cambiar.

Jeferson era consciente que si seguía en ese camino no iba a ser el mejor ejemplo de sus hijos, sabía que corría el riesgo de ni siquiera conocerlos, y que, si los conocía, lo haría desde una cárcel. Y él no quería eso. Él soñaba con que sus hijos lo vieran como un héroe, alguien que ayudó y ayuda a la comunidad, soñaba con que los amigos de sus hijos les dijeran: “que chévere ser como tu papá, yo quiero hacer lo mismo que él”. Así que empezó su lucha para salir de ese mundo, y aunque no fue fácil, luchó hasta que lo logró, lo cual hubiera sido imposible sin el arte, éste fue el quien le brindó esa posibilidad para cumplir sus metas.

En ese trajín, el camino de Alejandro y Jeferson se unen, más que nunca, aunque ya se conocían desde antes, no habían tenido nada en común que los hiciera ser en realidad amigos, ser el apoyo el uno del otro. Ayudar a la comunidad, luchar por imponer un ideal de progreso y desarrollo, que pretendía mejorar la calidad de vida de la gente de su barrio, fue lo que permitió que se convirtieran en grandes amigos.

Uno de sus primeros sueños fue procurar que el terreno, al cual denominaban cancha, se convirtiera en realidad en una, ya que no tenía ni siquiera un arco, era solo un pedazo de tierra, sucio y embarrado. Entonces, en el 2014, con ayuda legal y económica de la junta comunal decidieron ir a presentar ese proyecto ante la Secretaría de Deporte y Recreación de la ciudad de Cali. Poco tiempo después, el gran esfuerzo empezó a dar frutos, a pesar de que la entidad pública les hubiera puesto muchos obstáculos por falta de recursos y estudios del suelo.

Pero la comunidad no se rindió ante esto, en cambio, se unió, hablaron unos con otros y llegaron al acuerdo de hacer una kermesse para demostrarle al secretario de deporte, Silvio Fernando López, que nada era imposible. “Se recogieron como 3 millones” aseguró ‘El ceja loca’, y con eso se empezó todo.

Luego de seis meses la cancha estaba construida y el secretario la entregó.

Jeferson, ese día no podía estar más feliz, estaba tan contento que fue el primero en llegar a la cancha, solamente para estar al tanto de todas las recomendaciones y posibles consejos que les iba a dar el Secretario de Deporte. Al estar allá, él vio como poco a poco los vecinos de su barrio iban llegando, y de un momento a otro la cancha se llenó. Aseguró, que la comunidad nunca había estado tan unida, y que él y ‘El ceja loca’ se sentían orgullosos de haber trabajado juntos por el bienestar de todos, de su comunidad.

Después de unos días, cuando ya todos habían conocido la cancha, ahora sí ya era propicia para que en ella se empezará a unir la comunidad. Solo faltaba, quizá lo más complicado, hablar con los muchachos de las pandillas.

Al ‘Ceja Loca’ y a Jeferson el miedo los invadía, pues sabían que tratar con los pandilleros no sería nada fácil, pero lo hicieron, no lo dudaron mucho porque eran más grandes sus esperanzas que sus miedos. Entonces actuaron y al hablar, ellos solo accedieron a respetar la cancha, pero eso sí, dejaron claro que las fronteras invisibles no iban a dejar de existir. Porque según Alejandro, que estuvo en una de las más bravas, en la de doña Marta, el odio entre sectores era y es tremendo.

Comenzar fue muy duro para ellos, pero se entregaron tanto a la comunidad, que pudieron desarrollar, hace dos años su primer proyecto, ‘Sunfest’, un festival de grafiti, realizado prácticamente con las uñas. Los dos, buscaron, gestionaron y se movilizaron día tras día para poder encontrar patrocinio y poder traer artistas grafiteros de talla mundial al barrio; Funcem, una fundación caleña, fue su primer apoyo, luego todos vieron que las cosas iban en serio las tiendas del barrio, se unieron, y lo que les faltaba lo solucionaron saliendo a pedir plata a los semáforos a ritmo de rap. Sin todo esto, el evento nunca hubiera sido un triunfo.

La comunidad quedó muy feliz, porque el evento permitió que la comunidad tuviera motivos para unirse, también, logró que todos empezaran a ver la cancha como un lugar para compartir, en donde los odios se dejan afuera, en donde no se vive otra cosa que no sea felicidad. “Lo que pasa en la cancha, se deja en la cancha”, dice Jeferson, con un tono bastante efusivo y una sonrisa de oreja a oreja, y agrega “es un gran orgullo haber construido esto. Logramos llegar tanto a la comunidad, que los niños de 7 años, que antes consumían solución y que se creían perdidos en ella, la dejaran y la cambiaran, así fuera solo por una semana, por una brocha con la que pintaban las paredes de azul; las que próximamente iban a ser el lienzo en blanco de los grafiteros”.

También, éste dio paso a otro tipo de eventos, conciertos de rap, torneos de fútbol, aeróbicos y demás; permitiendo que la comunidad no tuviera más miedo de salir a la calle, convirtiendo así al arte como el precursor de un barrio sin fronteras, y al barrio un lugar de grandes cambios.

Yesenia Giraldo, una de las fundadoras de Lleras Camargo, que vive a una cuadra de la cancha de fútbol, afirmó que “anteriormente las calles del barrio eran muy peligrosas, todo era muy solo y la cancha, que se suponía tenía que ser punto de encuentro, era una de las zonas más peligrosas; disparos, drogas, heridos y muertos invadía el lugar, en especial cuando las pandillas se juntaban. Ahora, ya puedo salir a caminar tranquila y mi hija, Andrea Erazo, ya no tiene que rodear la ladera para poder llegar al colegio sana y salva”.

Y todo esto es gracias al grupo de Alejandro y Jeferson, llamado “La amistad es una, el compromiso es de todos”. Gracias a ellos hoy, ahí donde había violencia desenfrenado, se vive un ambiente diferente, se siente la paz, y se vive la tranquilidad en la cancha; ahora, todo se aprecia diferente, ya se disfruta de la brisa que mueve los árboles de lado a lado, y del sol radiante que permite llenar de luz los hermosos grafitis que adornan las paredes de la cacha y del barrio.

También, todo es más bonito, y cómo no si se vive en paz. Ahora, ya no hay miedo, ya los niños salen a jugar y corren por toda la cancha; se llegan sentir tan bien ahí que apenas salen del colegio se van a jugar fútbol, o a hacer ejercicio, o simplemente se sientan a compartir con sus amigos, y no solamente los más pequeños disfrutan de este espacio, ahora se han unido las señoras, ellas también salen, los señores igual, porque ya nadie tiene miedo de ir a la cancha de La Amistad.

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