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La academia y la paz

La academia y la paz

Por: Lizandro Penagos Cortés

Jefe del Área de Periodismo

La paz está de moda en las universidades. Se hacen foros y conversatorios. Paneles y debates. Encuentros y simposios. El formato es lo de menos, porque la paz no está de más en las instituciones de educación superior, sino que es el eje de la discusión en la academia. Y si le incomoda escuchar paz, digamos que está de moda el diálogo abierto sobre el posconflicto. Y si le molesta moda -por banal-, digamos que es la tendencia. La ecuación parece haber dado un giro y ellas responden a la realidad política de la nación. Lo que por años se propuso desde la burbuja académica, hoy se discute al interior de ella con los propios protagonistas.

Se deben mejorar algunas cosas, como no dejar a las víctimas para cuando los auditorios están semivacíos; diseñar estrategias que no revictimicen sino que trasciendan el relato del drama; alternar las voces de quienes analizan y aquellos que vivieron los horrores de la guerra; abrir espacios para que la participación sea la norma y no la excepción; y, sobre todo, enseñar a toda una generación que es posible estar de desacuerdo con el otro y no ser su enemigo, solo un contradictor al que por ninguna razón debe eliminarse físicamente. Desarmar la palabra. La universidad se proyectaría así como un verdadero tanque de pensamiento, concepto americano que también se traduce como un laboratorio de ideas, en este caso, aportante en la construcción de nación.

Esa problematización de la realidad es un insumo de la reflexión intelectual, que si bien puede tener una orientación ideológica, debe propender por la inclusión multidisciplinaria. Pensar y debatir para entregar directrices o, por lo menos, consejos prácticos para dejar de ver que los problemas son responsabilidad de los otros y no de cada uno de los miembros de una sociedad.

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