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Tres guerreros que le apuestan a la paz

Tres guerreros que le apuestan a la paz

Una Lucha Constante

“Ingresé a los 14 años al M-19 por voluntad propia, debido a que era una guerrilla nacionalista de izquierda, no con propósitos
económicos sino porque me gustaba su perfil bolivariano y no Marxista como lo eran el ELN y las FARC”

Para Diego Arias no es un tabú relatar su historia, ni esconder su pasado de 1979 a 1990, periodo en el cual recorrió Nicaragua, San Salvador, Libia y algunos lugares del sur de Colombia. Su odisea lo llevó a combatir junto con Carlos Pizarro, líder de esta guerrilla, en Yarumales, Tacueyó y otras poblaciones del país.

A su corta edad fue actor de la guerra, testigo de muertes y acciones armadas que emprendió el M-19.

En 1990, al regresar a Cali, se encontró con una sorpresa que no esperaba, y es que el grupo guerrillero al cual pertenecía había firmado la paz, lo que lo llevó a repensar su vida y buscar, desde la civilidad, seguir luchando por sus idelales.

“Cuando me retiré de todo comencé a trabajar; después en la Universidad del Valle hubo una carrera que surgió del acuerdo de Paz con el M-19 que se llamaba Estudios Políticos y Transformación de Conflictos. Esa carrera se pensó para que una gran cantidad de personas que estuvieron en la guerrilla y tenían mucha experiencia política, en trabajo comunitario y social, pudieran profesionalizar esos estudios, validarlos y tener un título profesional… Así obtuve mi título. Después hice una especialización, porque me ofrecieron una beca de Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Javeriana” , recuerda Diego.

Una de las motivaciones que lo obligó a cambiar fue la muerte de su compañera sentimental después del acuerdo de paz.

Esta difícil situación lo sumergió en un mundo espiritual y vocacional para luchar por el cambio social, pero desde los espacios democráticos, con la firme convicción de que la lucha armada ya no era un escenario posible en el país.

Posteriormente, escribió ‘Memorias de abril’, un libro en el que narra hechos de su vida e invita a la reconciliación (publicado en marzo de 2010).

Actualmente, es miembro de los comités de promoción del Mandato Ciudadano por la Paz de las movilizaciones del no más contra el secuestro, y de la Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra (Redepaz). Analista y colaborador de opinión de El Tiempo y El País; es asesor del Programa Presidencial para los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

Unas contundentes palabras finales de Diego, resumen lo que significó su paso por el conflicto armado. “¿Qué fue lo duro de la guerra? Todo en una guerra es trágico. La guerra resulta ser, de comienzo a fin, algo inútil, una enorme pérdida de tiempo y de recursos y, sobre todo, de preciosas vidas humanas”.

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