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La cara de Cali detrás del rap

La cara de Cali detrás del rap

Uno de los intérpretes de rap en Cali, ‘El Loco’.

El golpeteo, la rima, la mezcla y los versos de la expresión artística más significativa del hip – hop, es lo que se ve en las canciones del Loco, El Fares y Beto; tres raperos de la ciudad de Cali que cantan con empeño, pasión y orgullo las letras que surgen en sus barrios.

Según relata María del Carmen Muñoz, una historiadora de la Universidad del Valle, “el rap nace propiamente por la comunidad latina y las comunidades afroamericanas de Estados Unidos” algo que se trasladó a la ciudad de Cali entre los años ochenta y noventa. ‘El loco’, un hombre de tez blanca, contextura delgada, ojos claros y cabello claro, rapea y marca su estilo en cada una de sus canciones, como también lo hace Beto, un chico de tez morena, contextura delgada, estatura alta, cabello afro y ojos oscuros. Porque el rap se volvió una cultura que no condiciona raza, género o estrato socioeconómico; sino que, por el contrario, está hecho por cualquier persona y es para cualquier comunidad.

Porque el rap más allá de caracterizarse por el golpe seco, el rodear con una mano la boca y hacer una serie de sonidos como pista para dar paso a la improvisación, permite ser la voz de la comunidad respecto a las situaciones económicas, culturales, sociales, religiosas y políticas que los rodean. Convirtiéndo así, en una forma artística de exponer inconformismos e injusticias -y por qué no- triunfos y alegrías individualmente o como sociedad.

El rap como instrumento de transformación social

Andrés Felipe González es un joven rapero y líder comunitario del barrio Los Chorros, ubicado en la comuna 18 de Cali. Durante sus 25 años ha vivido en una zona marginada, de escasos recursos y carente de oportunidades. Pero fue el 2009, cuando afrontó complejos momentos personales, que la vida lo llevó a tomar nuevos rumbos.

“En ese tiempo no estaba delinquiendo pero estaba empezando a andar con armas y manejaba un lenguaje un poquito violento”, relata Andrés Felipe. Éstas situaciones lo impulsaron a buscar una alternativa de vida diferente a las que lo estaban rodeando. Fue en ese momento cuando surgió con fuerza ‘El Fares’, que significa “el que se abre brecha”.

Desde ese momento, entonces, decide intervenir su comunidad con proyectos para incidir en la formación de niños, jóvenes y adultos. Teniendo a cargo la escuela de Las Minas, espacio en el que a través de la cultura rap atiende a interesados y miembros del grupo Prisioneros de Esperanza y apoya a la Fundación Pan Vivo que realiza intervención social con los niños del sector. De forma que este espacio es usado como un centro de desarrollo comunitario.

Así como ‘Fares’ trabaja por una de las comunas de Cali. Alberto Vidal, conocido como ‘Beto’, es artista en las fundaciones El Bochinche y Sí Mujer y, Coordinador cultural del colectivo Desmovilizando calles en el oriente de la ciudad. Este proyecto pretende pulir a jóvenes y se enfoca en el deporte, la cultura, la educación pero todo va muy ligado al rap. “Cuando nos reunimos, más que yo enseñarles a ellos es a compartir conocimientos”, afirma ‘Beto’.

Este joven de 22 años, a temprana edad llegó a Cali desde Bogotá. Sus gustos por el rap se detuvieron durante unos años, debido al desconocimiento del rap en la capital de la salsa. Pasión que se revivió al momento de escribir una canción en el colegio cuando cursaba su grado once. En la actualidad, está en el proceso de darse a conocer y ha empezado a cantar en los festivales representativos de la ciudad con la que podría considerar como su segunda familia, la banda Complementos.

‘El loco’, otro de los artistas urbanos, se ha caracterizado por su er un hombre que a sus 47 años ha dedicado la mayor parte de su vida al hip-hop, teniendo la oportunidad de bailar break dance desde niño. Además, tuvo el privilegio de poder rapear a finales de los 90 por su gran gusto hacia los grupos Estadounidense transmitidos por televisión y, por el rapero Vico C. Razones por las que después de 15 años pertenece al grupo llamado ‘IGZ’.

Un grupo que está ubicado en el barrio Siloé, donde se promueven distintos valores a los jóvenes para demostrar que en la loma hay mucho más para mostrar que la violencia que replican los medios de comunicación. Es decir, que hay jóvenes que son guerreros, pero para ser solidarios y trabajar por la convivencia y la paz.

Una expresión artística que acontece en el transporte público

‘Fares’ recuerda que cuando se interesó por el rap “trabajaba en una universidad pero sentía que estaba desperdiciando gran parte del tiempo en cosas que no me gustaban entonces, recuerdo que renuncié y con lo que me pagaron me compré un bafle y me fuí a trabajar a los buses. Eso obviamente fue un golpe duro para mi familia porque ellos decían: usted fue el único que medio estudió y ahora es dizque un trabajador ambulante.”

‘El Loco’ reconoce que a través del sistema de transporte público de Cali, muchos raperos han identificado una manera de subsistir, razón por la cual, constantemente en los distintos recorridos de los vehículos se ven artistas “rapeando, improvisando y algunos haciendo canciones de ellos”. Además, aclara que “si no existiera el MIO pues lo estarían haciendo en otros buses o en otros sitios”.

Asimismo, ‘Beto’ comenta que permaneció “un tiempito largo cantando en el MIO. Al principio fué muy bacano porque como las personas no estaban acostumbradas a eso, entonces lo veían a uno y era con una sonrisa o te grababan, había personas que tenían enlaces con la música entonces te invitaban a cantar a algunas partes o a radios. Estoy hablando de finales del 2012 como hasta inicios del 2014. Luego ya se puso un poco pesado porque la gente empezó a ver eso como un negocio y se empezaron a meter más personas”.

El sicólogo social Jairo Ramírez concluye que “el rap finalmente ha invadido un poco el ámbito de la realidad cultural de muchos sectores, pero es predominante en zonas de alta vulnerabilidad, porque se ha constituido como un elemento muy fuerte para la identidad de los jóvenes”. Y como no está de más el decir que el rap mueve masas, esta revolución artística ha incursionado fuertemente en la ciudad y aunque es abordado por varias edades, predomina en los jóvenes.

En sus letras lo que podemos encontrar es una forma de protesta social, de reclamación hacia el Estado, hacia la sociedad por la marginalización que hay en los sectores. Sobre todo narran historias de lo que pasa en el barrio, del cotidiano, de los sueños y básicamente de aquello que no logra responder a las dinámicas que el Estado propone”, enfatiza, por su parte, la historiadora Muñoz.

Por Daniela Zuluaga y Carolina Rodríguez

Estudiantes de Sala de Periodismo

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