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Los jóvenes con alma de viejos

Los jóvenes con alma de viejos

Mientras las reformas pensionales amena­zan con aumentar la edad de jubilación, Juan Camilo, a sus 17 años, siente que su ritmo de vida no lo dejará llegar a cobrar ni la pri­mera cuota. Le teme a la vejez pero por momentos cree que la está viviendo. Hace 7 meses, pa­dece gastritis, una enfermedad que aqueja al 80% de la pobla­ción colombiana, y que según el Dr. Diego Gómez, especialista en gastroenterología, es una de las tres razones por las que más con­sultan los jóvenes junto al reflujo y los trastornos gástricos asocia­dos al dolor.

Juan Camilo no pensó que comer a deshoras podría ser la causa por la que desarrolló esta patología, pues desconocía que los malos hábitos alimenticios, así como la ingesta de alimen­tos contaminados con la bacteria helicobacter pylori, el abuso de bebidas al-cohólicas, de sustan­cias psicoactivas y de antiinfla­matorios no esteroides son los principa-les factores que ocasio­nan la gastritis en personas jóve­nes. Ahora sabe que debe ceñirse a una estricta dieta y seguir su tratamiento para no volver a pa­decer inflación de su mucosa gás­trica y con ella, el molesto ardor en la boca del estómago.

“No hacer un tratamiento oportuno de un cuadro de gas­tritis, puede traer consecuencias como la pérdida de la capacidad laboral a temprana edad, inca­pacidades prolongadas y úlceras gástricas” explica Gómez, quien mensualmente recibe en su con­sultorio cerca de 60 pacientes en­tre los 15 y 25 años por dolencias gástricas, mismas que en oca­siones, pueden estar asociadas a factores emocionales como la ansiedad y el estrés.

cine3No obstante, la visita al gas­troenterólogo no es la única que los jóvenes demandan con regu­laridad. El incremento en los ca­sos de migraña también resulta alarmante para médi-cos gene­rales y neurólogos. Las intensas cefaleas o dolores de cabeza no están reserva-dos exclusivamen­te para adultos pues hay quienes desde muy jóvenes deben convi­vir con esta patología.

“A veces no llegaba a clase porque el dolor de cabeza era insoportable, no aguantaba ni siquiera el sonido del televisor y ninguno de los medicamentos que tomaba era efectivo. Sentía como si la cabeza se me fuera a estallar” afirma Alejandra, estu­diante de séptimo semestre de odontología.

En su caso, el fuerte cambio hormonal que sufrió al iniciar la ingesta de pastillas anticon-ceptivas sumado a una excesiva carga académica, fueron algunos de los motivos por los que el mé­dico le sugirió una dieta baja en azúcares y cafeína, así como el cambio de su método de planifi­cación. Aunque otras causas de la migraña pueden son las alte­raciones en las jornadas de sue­ño y los cambios hormonales que ocurren de la niñez a la adoles-cencia.

La visión: otro dolor de cabeza

Con los cambios que ejecutó Alejandra, la sintomatología pa­reció mejorar, pero los dolores de cabeza retornaron, esta vez por cuenta de los problemas de vi­sión. Como ella, muchos jóvenes dedican gran parte de su tiempo al uso de las nuevas tecnologías y en particular de dispositivos mó­viles, lo cual ha generado aquello que los expertos llaman fatiga visual digital, es decir, la necesi­dad de forzar la vista para obser­var lo que se proyecta a través de una pantalla. Estas nuevas prác­ticas exponen los ojos a ilumina­ción LED destruyendo las célu­las foto-sensitivas de la retina, un factor que según el Colegio Nacional de Óptica y Optometría (CNOO) de España, llevará al 33% de la población juvenil a su­frir de miopía en los próximos 6 años. Lo recomendable es acudir al oftalmólogo para acceder a un diagnóstico certero y a la receta de una fórmula para prevenir o corregir la falla visual.

Ahora bien, cabeza, ojos y estó­mago, no son los únicos que su­fren por las diferentes prácticas de la población juvenil. Además de Juan Camilo y Alejandra, está Tatiana, quien como entre risas lo manifiesta: “parece una viejita todo el día quejándose de dolor en la espalda”.

El ortopedista y traumatólogo del Hospital Rafael Uribe Uribe, Juan Guillermo Montoya, afirma que los dolores de origen muscu­lar, lumbares y cervicales, son frecuentes en esta población y aunque no suelen comprometer un nivel óseo, se derivan de ma­los hábitos y costumbres postu­rales que pueden agravarse con el tiempo.

Estilos de vida sedentarios que involucran malas posturas así como la carencia de mobi-liario ergonómico son factores pro­picios para generar dolores los musculares que se pre-sentan principalmente en cuello y es­palda. Rubén Darío Hernández, ortopedista y trauma-tólogo del Centro Médico Imbanaco, com­partió su opinión experta ma­nifestando que “estas consultas son mucho más frecuentes por­que los jóvenes se sientan mal, se recuestan en posiciones inade­cuadas o se pasan mucho tiempo en una misma posición sin per­mitirse cambios, lo que genera variedad de dolencias lumbares”.

Tatiana, por ejemplo, admite que usualmente adopta posicio­nes en las que su columna per­manece curva, y a pesar de ser consciente de ello, no se molesta en corregirlas hasta que aparece en dolor.

Mejor prevenir que lamentar…

La inmediatez de la tecnolo­gía no siempre aplica para los problemas de salud puesto que existen algunas dolencias que en edades tempranas no se expre­san de forma explícita, pero que con el tiempo aparecen en forma de molestias que se desarrollan progresiva-mente. Una de ellas a los que los jóvenes están cada vez más propensos por el sobreuso de la tecnología es el síndrome del túnel del carpo, una afección que consiste en la com-prensión del nervio que va desde el antebrazo hasta la mano y que se da gene­ralmente por el uso de la extre­midad en posición irregular.

“A partir de los 30 años se em­pieza a detectar el problema con frecuencia” explica Her-nández, “los síntomas pueden presentar­se como debilidad en los dedos o manos, sensa-ción de hormigueo también llamada parestesia, y dolor general en tanto en manos como en muñecas”, añade.

Si un joven detecta alguno de ellos, probablemente se deba a la mala postura de sus bra-zos al realizar trabajos de oficina, a la falta de una superficie sólida donde apoyar ante-brazos y ma­nos al utilizar el computador u otros dispositivos, o la acción de movimientos repetitivos como en el caso de algunos deportes. Para tratarlos, Montoya reco­mienda so-meterse a una elec­tromiografía, un examen que verifica la salud del músculo y los nervios que le controlan, para clasificar el túnel y derivar las posibilidades terapéuticas ya sea el uso de férulas, inflitración de medicamentos o intervención quirúrgica.

Los oídos son órganos muy sensibles y los médicos han detectados daños por la utilización de audífonos desde tempranas edades.

Los oídos son órganos muy sensibles y los médicos han detectados daños por la utilización de audífonos desde tempranas edades.

Ante estas advertencias es mejor prestar atención. Sin em­bargo, mientras van camino al colegio o a la universidad, inclu­so mientras están frente a un computador, el uso de los auri­culares es un factor común en los jóvenes. Con un volumen que supera los 80 decibe-les reco­mendados por la OMS, la música que escuchan parece que los va a dejar sordos y en efecto, con el paso del tiempo, lo puede lograr ya que la pérdida de audición es pro-gresiva e irreversible. Pese a las múltiples alarmas, pareciera que la juventud no quiere escu­char, por ahora, que las dolen­cias de la vejez que están cada vez más cerca.

Eliana Cruz, audióloga de la Universidad Santiago de Cali, señala que cada vez son más los jóvenes que acuden a consulta por tinnitus o acúfeno, es decir, por percibir un sonido dentro del oído que no tiene origen exterior y que generalmente, se presenta como un pito o zumbido produc­to de las largas exposiciones al ruido.

En ese sentido, si en un am­biente ruidoso la persona no es capaz de discriminar el len-guaje, podría ostentar unos de los diagnósticos más frecuentes del deterioro sensorial por ruido en jóvenes: la pérdida de las fre­cuencias agudas, que es imper­ceptible hasta que se realiza un examen auditivo.

Sin embargo, el uso de audífo­nos no es el único factor que afec­ta la audición. Realizar prácticas deportivas como el tejo, el tiro y la caza, exponen a los jóvenes a sonidos de impacto que pueden ocasionar traumas acústicos y ni qué hablar del daño auditivo que se ocasiona en las rumbas.

“Todas las discotecas mane­jan unos niveles superiores a los 85 decibeles. Un joven que vaya cada 8 días a estos lugares será más susceptible a una pérdida de audición por ex-posición a ruido” afirma Cruz.

De igual forma, un estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Asso-ciation, entre muchos otros, afirman que consumir bebidas alcohólicas y fumar cigarrillo de­terioran los sistemas nervioso y circulatorio que afectan al oído, pues éste puede pre-sentar poca irrigación de flujo sanguíneo e intoxicación de sus células.

Pero los jóvenes parecen ha­cerse los sordos ante sus proble­mas de audición, Cruz ase-vera que “la mayoría de jóvenes que acuden a un primer chequeo no hacen controles, ni están dis­puestos a modificar sus hábitos” pero al entrar a la edad adulta o adulta mayor será el momen­to de percibir las consecuencias. Por ende, así como se frecuenta al médico general, la audióloga recomienda ir a consulta por au­dición al menos una vez al año.

Sin duda, cada joven lleva un estilo de vida distinto y aunque las últimas tendencias explo-ren prácticas saludables, aún queda mucho por corregir para retomar la vitalidad, frescura y energía que lleve a la población joven a cotizar las 1.275 y 1300 semanas para obtener su pensión.

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