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Los tatuajes, un arte a flor de piel

Los tatuajes, un arte a flor de piel

Por Angie Carolina Lozano

Estudiante Sala de Periodismo

Los caleños tienen al menos 35 lugares donde  pueden hacerse un tatuaje. Los jóvenes son los clientes más frecuentes.

La piel es el lienzo; la tinta, es la pintura; y una aguja, la herramienta. Solo hace falta la decisión del temerario y el buen pulso del artista.

Es una decisión enteramente personal que si bien es para mostrarlo al mundo, debe poseer un significado y gusto especial para quien lo lleve.

El tatuaje es una práctica cultural que ha trascendido en la historia del hombre y que ha generado diferentes tabúes en las sociedades más conservadoras.

En la actualidad, esta práctica cada vez es más aceptada en la sociedad. Muy poco se relaciona ya con maleantes y rebeldes, sino como una expresión artística por el que las personas plasman una experiencia de vida, momentos significativos, seres queridos, ideologías, etc.

“Se han convertido es una expresión de libertad; son la representación de identidad por parte de un diseño plasmado en la piel”, señala Camilo Urrea, tatuador del estudio Santa Sangre en Cali.

El tatuaje es una práctica que se remonta a 3.000 años atrás con los egipcios. También hacía parte de otras culturas indígenas precolombinas como los Azteca, Mayas e Incas. Era un ritual en el que se marcaban símbolos para la protección, la salud o para representar la madurez, la valentía u otros valores. Sin embargo, la influencia de la Iglesia Católica hizo que esta práctica fuera mal vista y prohibida entre los creyentes; un estigma que poco a poco se disipa pero que aún sigue vigente en la sociedad, ocasionando críticas y rechazo a quienes esparcen la tinta en su piel.

Dahiana Gallego, estudiante de Cine y Comunicación Digital de la Universidad Autónoma de Occidente que posee un tatuaje en la zona central de su nuca, afirma:  “No me arrepiento en lo absoluto. Hubo un momento en el que me enfrenté a críticas de la gente porque siempre van a estar en desacuerdo con que uno haga cosas fuera de lo convencional.”

Esta práctica milenaria resurge con fuerza en las nuevas generaciones en un país conservador donde hace no menos de una década era asociado a características negativas. En los años ochenta se fundó el primer estudio de tatuajes en Cali, que también lo era de Colombia y Suramérica llamado Leo´s Tattoo; trece años después fue fundada Zebra para competir con sus diseños novedosos. Al día de hoy se pueden encontrar en las páginas amarillas alrededor de 35 estudios de tatuajes en la ciudad, en el que laboran cerca de 105 empleados dedicados a este arte. Un incremento que muestra que los tatuajes no solo se han convertido en una tendencia contemporánea sino en un modelo de negocio.

Según Urrea, en un día puede atender hasta 5 personas, especialmente los sábados que es el día más concurrido en su estudio. El precio de un tatuaje tiene un valor mínimo $80.000  y aumenta dependiendo de la complejidad del trabajo por lo que semanalmente el estudio puede generar en promedio $2.500.000, sin contar con el servicio de perforaciones.

Entre los tatuajes que más se solicitan, se encuentran las siluetas de aves, plumas, símbolos de infinito, brújulas y nombres de seres queridos. La mayoría de estos diseños, según explica la psicóloga Ángela Narváez “representan una ideología de vida de los millennials, la cual manifiesta el desapego a las cosas materiales, al deseo de libertad, de conocer y viajar, de no tener un camino fijado sino de crear uno propio”

Así mismo, indica que esta práctica se ha visto en crecimiento debido a que “la sociedad experimenta un momento en el que masivamente las culturas se fusionan, adoptan prácticas, abren perspectivas del mundo y las traen para sí; un ejemplo de ello, es el tatuaje que ha pasado de ser un rito a ser una práctica, un estilo de vida y un arte.”

Por otro lado, Narváez explica que la razón que lleva a una persona a marcar su piel se atribuye a un deseo de exteriorizar y plantear pensamientos al mundo de una manera sublevada ya que la práctica en sí, es una forma de expresión fuera de lo convencional.

Realizar un tatuaje requiere de un procedimiento sumamente higiénico y de cuidado, con materiales especiales y de calidad y mediante un profesional o artista capacitado y experimentado en ello.

“Es muy importante manejar todas las normas de bioseguridad, desde el lavado de manos correcto, el armado de mesa y todos los materiales descartables”, afirma Urrea.

Si bien hay maneras de hacerlo con elementos caseros o de bajo costo, no es recomendable debido a los riesgos que conlleva a la salud. Es por esto, que hacerse un tatuaje bien hecho, bonito y duradero significa una inversión y cuidado.  (ver nota anexa)

El arrepentimiento es uno de los temores más comunes para los primerizos en este arte, por lo que es importante que el diseño se vincule a un recuerdo, acontecimiento, ideología u objeto de un valor irremplazable para que esto no suceda. De lo contrario, para retirarlo, se debe someter a un tratamiento con láser que dependiendo del tamaño y la zona donde esté parte de un precio aproximado de $120.000.

“Creo que el tatuaje marca un momento importante en la persona que se lo hizo, independientemente de la calidad visual del tatuaje. Pero cada quien es libre de decidir si vivirá por siempre con su arte en la piel”, declara Juan Pablo Perafán, estudiante de Cine y Comunicación Digital de la Universidad Autónoma de Occidente que hoy posee siete tatuajes en su cuerpo.

Teniendo en cuenta esto, otra de las indicaciones al hacerse un tatuaje, es la edad. No está demás decir que se requiere una mayoría de edad para tomar esta decisión. En los estudios de tatuajes, el rango de edad de la clientela es entre 20 y 40 años. Y la razón atiende a que es importante tener una mentalidad estable y con cierto nivel de madurez y responsabilidad para gozar de un diseño que te acompañe de por vida y evitar un arrepentimiento posterior.

Aunque parecen ser más las precauciones, riesgos y consecuencias que los beneficios tras querer o hacerse un tatuaje, el aumento de esta práctica indica que las personas están dispuestas a correr el riesgo con tal de plasmar parte de sus sentimientos o pensamientos en su piel.

Aquí hay parte de mi vida, aquí hay una parte de mi, esta soy yo… Sí me haría nuevos tatuajes, totalmente. Siempre con un significado grande; nunca tatuarme por tatuarme”, dice Gallego.

“Me imagino como alguien que colecciona tatuajes, de acuerdo a pensamientos personales o memorias. Creo que mi búsqueda por este arte tan especial seguirá hasta el final de mi vida, cuando ya no haya piel que cubrir”, concluye Perafán.

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