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Madres universitarias: entre los pañales y los parciales

Madres universitarias: entre los pañales y los parciales

La mayoría de estas jóvenes no quieren rendirse ante las dificultades que implican criar un hijo y estudiar una carrera profesional al tiempo. Sin embargo, reclaman más apoyo de los centros educativos y profesores.

En Colombia la tasa del embarazo en adoles­centes es del 19.5%, es decir que una de cada cinco adolescentes entre los 15 y los 19 años es madre o está embarazada. Tres madres de las diferentes universidades de Cali cuentan sus historias a El Giro.

Un hijo que representa su vida entera le recuerda la inmadurez de sus acciones. Matías simboli­za para su mamá, Isabel, la ale­gría y el amor más grande que puede haber, el sacrificio y la lu­cha de un porvenir que le cuesta tiempo de calidad para él.

Isabel, estudiante de Arquitec­tura de la Pontificia Universidad Javeriana, tan solo hoy, después de cinco años, puede contar con claridad su historia. El amor lle­gó a su vida a una edad tempra­na, 15 años no eran suficientes para predeterminar las conse­cuencias y riesgos de iniciar una relación sexual.

Conoció al padre de su hijo dentro de su barrio, Mauricio, de tan solo 16 años y con el que pretendía vivir las experiencias del primer amor se convirtió con el pasar de un año en su marido, una palabra que para ella aún se escucha poco agradable.

Un embarazo repentino y no deseado fue como ella lo rela­ta, traumático, “yo era solo una niña que iba a tener otro niño”. Los malos pensamientos no se hicieron esperar, y para ella abortar era una opción.

Dentro de sus preocupacio­nes también estaba pensar en su futuro profesional, ya que se encontraba a punto de iniciar su carrera, y precisamente en esa faceta es donde debería demos­trar qué tan fuerte eran sus me­tas y su amor de madre.

Matías nació un 25 de sep­tiembre de 2011, cuando ella ya cursaba primer semestre. Con un bebé de brazos tuvo que asu­mir dos responsabilidades, y su único apoyo era el de su madre… “yo sentía rechazo por parte de mi papá, pero mi mamá era mi fortaleza, la que me enseñaba y me ayudaba a cuidar mi hijo”.

La universidad no le dio es­pera y tuvo que cumplir con sus obligaciones tan solo diez días después de dar a luz. Con un itinerario que tal vez muchos no resistirían, ella debía asumir dos roles, el de estudiante y madre. Días largos en medio de clases y profesores que muchas veces no entendían su situación, especial­mente los hombres.

Trasladarse constantemente entre la ‘u’ y su casa en el barrio San Fernando para amaman­tar a su hijo, lograr los tiempos en que el bebé dormía para po­der realizar los trabajos o por lo menos adelantarlos, y lo más importante, tratar de no perder los parciales para no malgastar dinero ni tiempo, hacían parte de su diario vivir.

Las rutinas hacen que las co­sas funcionen, pero según Isa­bel, a veces le hacen falta horas al día para cumplir con tantas actividades… “No son suficientes 24 horas para un niño cargado de energía y que lo único que quiere es estar con mamá”.

Para ella los días de crisis y caos llegan con las enfermeda­des, un momento en el que solo le pide a Dios que proteja a su hijo y que todo dolor que él pue­da sentir, se lo pase a ella. “Los días en que Matis se enferma yo dejo todo por él, clases y todo, y le pido ayuda a mis compañe­ros para los trabajos, porque mi prioridad en ese momento es mi bebé”.

Hoy, cuando su hijo tiene 3 años y ella cursa sexto semestre, rendirse no es una opción. Aun­que su camino ha sido largo y difícil por las complejidades que requiere la crianza de un niño tanto en valores y principios como en gastos, ella manifiesta, “no he necesitado de un papá para mí ‘Matis’ porque yo cum­plo las dos funciones.; pero nues­tro bienestar sería más estable si contáramos con la protección de un papá amoroso y responsa­ble.”

Según la psicóloga Kelly Az­cárate, hasta el momento en las universidades no hay mucha de­serción por parte de las madres universitarias, ya que las muje­res han luchado por una igual­dad y un lugar en la sociedad que no les permite devolverse en el tiempo y mostrarse débiles ante las responsabilidades que conlleva ser madre y profesional.

Por el contrario esta labor y estos seres que son parte de cada una, se vuelven la inspiración y representan la lucha y el deseo de superación, lo que hace que aún con la responsabilidad de un hijo, sigan estudiando y luchan­do por conseguir una profesión y proyectar un futuro adecuado para sus hijos.

Estos casos de jóvenes ma­dres universitarias hacen parte de la realidad social por la cual atraviesa Cali, ya que según la Personería Municipal, en esta­dísticas realizadas hasta el 2011, la ciudad ocupa el tercer puesto del país de embarazos en adoles­centes.

En relación a los porcentajes universitarios consultados con los departamentos de Bienestar Universitario de la Javeriana, San Buenaventura, Icesi y Au­tonoma, tan solo en esta últi­ma estiman que un 60% de las estudiantes que hacen parte de la institución, son madres. Las otras universidades manifiestan no tener claridad sobre el tema.

Casos de madres universita­rias son muchos, pero los relatos de las experiencias y dificultades que pasan dentro de su proceso como madres y estudiantes son poco conocidos. Por eso Sandra García se atreve a contar su his­toria con su pequeña Camila, que tiene 3 años y medio. Ella tenía 17 años cuando quedó em­barazada de su ‘princesa’, como ella cariñosamente la llama.

Afrontó muchas circunstan­cias difíciles al enterarse de su embarazo, ya que había termina­do su relación sentimental y solo dos meses después se dio cuenta de la noticia que cambiaría sus planes cuando apenas cursaba el grado once, presentaría el Icfes y cumpliría uno de los logros más importantes, graduarse de bachiller; ahora debía empren­der otra labor mucho más difícil que ser universitaria, llegar a convertirse en madre.

Sin el apoyo de su ex novio pero contando con sus padres, ella comenzó a notar los cambios en su cuerpo ocultando su barri­ga en su colegio por miedo a ser rechazada. Afrontó casi dos me­ses sin que su madre le hablara y sola contaba con su mejor amiga, quien siempre la apoyó y con su padre que a pesar de viajar tan­to por su trabajo siempre tuvo y tiene una palabra de cariño para ella y su pequeña.

Logró graduarse en el 2011 del colegio, pero venía un reto más duro, el de entrar a la universi­dad con una hija recién nacida que necesitaba de toda su aten­ción y cariño.

Su amor de madre la impul­saba más a estudiar, Sandra contaba con los recursos sufi­cientes para hacerlo y su mamá se ofreció a cuidar a la pequeña Camila, mientras ella asistía a clases, pero aunque sus horarios eran flexibles, sufría cuando su madre la llamaba a decirle que Camila no quería calmarse y que lloraba mucho.

Para la mayoría de estas chicas, la maternidad prematura las obliga a mul¬tiplicarse en sus funciones, por lo que pueden padecer estrés.

Para la mayoría de estas chicas, la maternidad prematura las obliga a mul¬tiplicarse en sus funciones, por lo que pueden padecer estrés.

’’Yo solo mostraba cara de desilusión cada vez que el pro­fesor ponía trabajos en grupo donde sabía que debía reunirme por horas lejos de mi casa y de mi hija que preguntaba por mí todo el día y se quedaba llorando cuando yo salía’’.

Cuando esta madre universi­taria llegaba a su casa lo que me­nos hacía era descansar, sus pro­fesores a veces no comprendían su situación y cuando Camila se enfermaba y ella no podía asistir no se lo aceptaban como excusa y hasta perdió una materia por faltas de asistencia.

Las cosas lograron encontrar su rumbo, Sandra fue avanzan­do en su carrera y Camila fue creciendo, pero como era poco el tiempo que compartían, su pe­queña hija comenzó a verla como su hermana y no como su mamá, y a su abuela como esa madre, al ser ésta quien le daba todo y permanecía a su lado la mayoría de horas de su diario vivir.

Para esta joven madre era muy duro estar lejos de su pe­queña, pero también se sentía afortunada de tener quién cui­dara de ella mientras estudiaba, ya que en algunas ocasiones veía cómo otras de sus compañeras asistían con sus hijos a la Uni­versidad al no haber encontra­do con quién dejarlos y tener un parcial muy importante o no poder faltar a una clase. Así las cosas, logró organizar sus hora­rios tanto de clases como de su rol de madre en cuanto a horas compartidas con su pequeña y actualmente cursa sexto semes­tre de Ingeniería Civil.

“yo era solo una niña que iba a tener otro niño”.

“yo era solo una niña que iba a tener otro niño”.

El éxito y la realización per­sonal no son una fórmula mate­mática exacta que se divulgue y garantice la felicidad, eso lo sabe Lizeth, una joven madre de 30 años de edad que sin dificultades económicas y dentro de un hogar estable al lado de su esposo, vive un dilema en cuanto a su reali­zación como profesional.

Ella se siente orgullosa de ha­ber formado una linda familia, sólida y llena de amor, y que el resultado de este sea una niña de dos años y un bebé en ges­tación. Pero aún ni el amor por sus hijos ha logrado satisfacer los retos propios de culminar su carrera de Comunicación Social, que se ha visto afectada por sus responsabilidades como mamá.

Comprensión por parte de la institucion, Lizeth siente que no encontró. Para ella el apoyo aca­démico era fundamental para no desertar, pero tras la presión, la unica opción fue cancelar y ver tan solo dos materias.

“En el embarazo de Ana Sofía yo sentía que no podía más. En mi casa todo era un drama. La adaptación a la vida en pareja cuando nos casamos fue dura y pasar por los cambios hormona­les aún más, yo terminé viendo dos materias de seis.”

Días agitados, noches en vela, teteros, leche y pañales fue lo mínimo a lo que se enfrentó en un comienzo Lizeth, pues debe­ría aprender a cumplir varios roles al mismo tiempo: mamá, esposa y estudiante.

Las travesuras son otra cons­tante en su diario vivir, querer explorar, jugar o simplemente querer estar con mamá no da es­pera para ‘Sofi’. Por el contrario, para Lizeth la jornada no termi­na al salir de clases ni al llegar a su casa, los pendientes del hogar se aplazan y para ella solo vale compartir un tiempo en familia.

madre-4Ella dice, “los hijos son una bendición, pero no he logrado cre­cer como profesional”. Su camino ha sido largo en su carrera, debi­do a los recesos en sus semestres y al no querer dejar a su peque­ña hija con nadie. Ahora ella re­cuerda que… “quería llegar a mis treinta años siendo una profe­sional, con solvencia económica. Para mí el apoyo de mi familia ha sido muy importante, el amor y la ayuda de mi esposo también, pero mi parte profesional aún no me llena y esto me causa un poco de tristeza’’.

Esta joven madre concluye que le falta formación profesio­nal y adquirir experiencia labo­ral, ahora en noveno semestre solo quiere culminar su carrera y ejercerla para así brindarles un mejor futuro a sus hijos y sentir la satisfacción del deber cumplido, pues como ella dice… ‘’ser madre joven no es fácil y es de sacrificios, tanto económicos como personales’’.

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