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Opinión: axilas arcoíris

Opinión: axilas arcoíris

Danna Doncel, estudiante de Sala de Periodismo.

Nacieron como una declaración a la propiedad de los cuerpos, un sinónimo de orgullo e irreverencia, una manera de gritar que las mujeres son suyas desde el vello axilar hasta, hasta la punta de sus pies, pasando por sus glúteos, su corazón, senos y sobre todo su mente.

La revolución feminista tiene una historia de más de 200 años, en ellos se dibujan gritos, muertes y antecedentes que pesan sobre generaciones enteras, sin embargo, este es un fenómeno que no solo ha sido digno de estudio, también ha generado transformaciones sociales.

Las axilas verdes fueron las primeras en surgir, uno de los primeros casos reconocidos fue publicado por The New York Times, una chica estadounidense llamada Destiny Moreno decidió ir a una peluquería para un cambio que levantaría más miradas que ninguno en su vida, luego de esto grandes mujeres de la farándula hollywoodense seguirían la tendencia. Las axilas podían ser, verdes, moradas, amarillas, con trenzas, neones, podrían ser un arcoíris si se quisiera, el limite era el cielo.

La representación simbólica de la psicodelia axilar se expandió por Alemania, Francia, España, Rusia, Corea, Singapur, hasta que llego al extremo del mundo en el que se baila música tropical y se muere en la misma medida, Latinoamérica no iba a quedarse atrás en la oleada de colores que representaba este símbolo, México, Argentina, Chile e incluso Colombia han hecho un espacio dentro de su cotidianidad para cargar con su imagen un discurso político.

La cultura es la madre de la lengua, de las faldas largas, los peinados adornados, las camisas bien abotonadas, los zapatos lustrados, siempre brillantes. La cultura es la madre de todo, la dueña del tedio.

Durante mucho tiempo las mujeres utilizaron faldas por debajo de las rodillas, medias veladas, blusas con mangas, durante mucho tiempo nadie se preocupó por su vello, porque nadie lo veía.

El primer anuncio que empezó a reconfigurar la cultura que existía se publicó en la revista Harper’s Bazaar en mayo de 1915, la nueva tendencia invitaba a las mujeres a lucir vestidos de tirantes y levantar sus brazos con libertad, sin preocuparse por los vellos. De ahí en adelante nada se detuvo, los vestidos se convirtieron en una revolución, las mujeres descubrían sus piernas, sus brazos, su cuerpo, todo bajo un concepto de moda publicitario. La sensualidad ahora tenía código de barras.

La propiedad de los cuerpos y su independencia, ha desencadenado un debate tan largo como carente de sentido ¿Quién decide sobre el cuerpo femenino? La iglesia, la familia, la publicidad, la ciencia, la cultura y cada uno de sus componentes debatía con una opinión al respecto, sin embargo, el feminismo moderno, con sus más de 200 años de historia, ha impuesto una respuesta fuerte y clara: sobre el cuerpo decide quien lo habita.

Sin embargo, esta no era una decisión que pudiera resumirse a una respuesta, por el contrario, la respuesta de la propiedad del cuerpo seria lo que llevaría años después a la lucha de los derechos para la mujer. Esta comenzó siendo por la educación y la jerarquía social en las que se les ubicaba siempre debajo de los hombres.

Luego se convirtió en un reclamo de participación política y social, las mujeres querían llegar a la universidad, participar en política pública, vestirse según su concepto no el de un padre, un patrón o un esposo.

Algunos conceptos se flexibilizaron, pero aun sin haber conseguido todos los derechos anhelados por el feminismo, la tercera exigencia mundial de las mujeres tuvo que ver con sus cuerpos, sus libertades y sobre todo la revocación de leyes que las subyugaban como el matrimonio obligatorio o la clandestinidad del placer sin intenciones reproductivas, los anticonceptivos, las libertades. El placer ahora seria feminista, exigente y social.

Estos procesos llevaron al feminismo a lo que es hoy: la reafirmación de la importancia de los derechos conseguidos y por los que aún se lucha. El feminismo contemporáneo se caracteriza por ser inclusivo, autentico y sobre todo íntimo. La virtualidad permitió que las protestas sociales dejaran de ser solo en las calles, en la actualidad se conocen mediante una pantalla.

El feminismo se ha convertido en la liberación de una generación que alza sus brazos como símbolo sin importar si usa vestido, pantalón o si tiene las axilas tan perfectamente rasuradas como la modelo de la revista Harper’s Bazaar.

La comparación de la libertad femenina con la masculinidad es aún un juicio con el que las feministas de nuestra época deben luchar, un ejemplo de esto es el caso de Virginia Lev, una fotógrafa Argentina que decidió dejar de depilarse desde hace mas de 10 años y ha tenido que escuchar criticas como que “quiere parecerse a un hombre”, “no es femenina” o “solo desea llamar la atención”, en cualquier caso Virginia asegura que “sobre el cuerpo debemos decidir las mujeres, no la sociedad o las imagines que nos den”.

Es por esto que el diminuto, delicado y clandestino vello de la axila tiene una importancia tan grande dentro del feminismo, más que una decisión física, un descuido de la estética o lo que es a los ojos de muchos un acto desagradable, la decisión de dejar que el curvilíneo vello del cuerpo femenino crezca junto a la naturaleza del tiempo es una postura revolucionaria, visible, móvil y contundente.

Las axilas del siglo veintiuno tienen la cualidad de poder ser un arcoíris, un descanso de la ajetreada búsqueda del concepto de belleza femenina o una bandera que represente la lucha de generaciones enteras, las axilas del siglo veintiuno son sinónimo de revolución y libertad.

 

Por: Danna Doncel/ Estudiante Sala de Periodismo 

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