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Opinión: se vale amar en pandemia

Opinión: se vale amar en pandemia

Nathalia Andrea Marín Palomino, estudiante Comunicación Social – Periodismo.

Hace más de 10 meses no veo a mi pareja. Solíamos vivir con mi cuñada en un apartamento de tres habitaciones y un gato gordo en el sur de Madrid, mi tiempo en Europa fue un sueño, no hubo día en el que no fuera feliz. Luego tuve que regresar a mi país, mi carrera no se terminaría sola y quiero ser alguien en la vida. Volví sola, pero no soltera.

Al estar yo en Colombia, mi pareja se mudó a Inglaterra, emprendimos la aventura de amar con un océano de distancia. No fue fácil, pero tampoco imposible. Cuando encuentras a una persona que te hala para delante y no para atrás, las adversidades pueden vencerse. Sin embargo, no esperábamos que un virus nos alejara, ni permitiera que en el mismo territorio nos separara. Él está aquí, logró entrar al país en marzo antes de que cerraran toda frontera, pero llegó en pleno inicio de cuarentena. Pasaron ocho meses para que el pisara Colombia; pero le siguieron otros dos -y contando- en el que no he podido ni darle la bienvenida. 

La malicia humana y vivaz fácilmente podría influenciarnos a romper la cuarentena, a encontrarnos en un sitio en el pico y cédula, a escaparnos de nuestras familias por un rato. No obstante, hay motivos más grandes que nuestros caprichos, y preferimos ser responsables a pesar de deprimirnos cuando aumentan la cuarentena. Llámennos tontos o cobardes, pero como dice papá “el que persevera, alcanza”… y nosotros, bien enamorados, esperamos el momento ideal (y sano) para al fin darnos un abrazo.

A pesar de que esté en una tragicomedia romántica, hay otras historias que siguen conservándome la esperanza, y dándome ánimos durante la espera. 

Daniel García, caleño de 22 años, iba a proponerle matrimonio a su novia Alejandra antes de decretarse el aislamiento preventivo obligatorio. Le contó a Blu Radio que mandó a hacerle el anillo y se iba a arrodillar ante ella en su décimo cumplemeses el 9 de abril, el COVID-19 lo impidió.

Pero como el amor es atrevido, García no esperó hasta que levantaran la cuarentena para cumplir su plan: con la ayuda de la Policía formaron un montaje casi teatral en el que los comandos llegaron al trabajo de la novia, le “descubren” un comparendo sin pagar y puede compensar armando un rompecabezas. Las piezas unidas enseñaron un “¿Quieres casarte conmigo?” y un Daniel arrodillado entre policías, compañeras de trabajo de la prometida y cámaras, recibió el “sí” de la mujer de sus ojos, llorando detrás del tapabocas, con un abrazo en vez de un beso. 

Y como esta aventura, la AFP reveló que en un salón de bodas en Virginia, U.S.A, llamado Glencliff Manor, ofició a una pareja en sagrado matrimonio bajo normas de distanciamiento, bioseguridad, máximo con 10 invitados y duración de una hora. El “sí acepto” de los novios estaba pintado en sus tapabocas y la felicidad irradiaba en sus ojos.

Amor en tiempos de pandemia.

Estar en época de pandemia y aún así triunfar en el amor -en el caso de estas parejas- debe de sentirse como ganarle a los padres en una discusión o vencer el cáncer: una alegría calurosa y genuina.

No pierdo la esperanza de ser afortunada al ver a mi pareja otra vez. Los dos estamos bien, la relación también. El mundo está en momentos de incertidumbre y prevención, nos urge la cercanía y el contacto físico; la sociedad no ha dado espacio para pensar más allá del coronavirus y la crisis económica. Pero, el amor es para los intrépidos, los valientes, temerarios. Para quienes damos todo o no damos nada, quienes se arriesgan a cruzar paredes, fronteras u océanos. También para los que esperamos pacientemente.

Es una resistencia, y mientras existan apasionados a luchar por causas, sé que el virus permitirá volver a vernos. 

En honor a nuestro aniversario…

 

Por: Nathalia Andrea Marín Palomino

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