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Sexo casual en sitios públicos

El ‘cruising’ y el ‘doggin’

Sexo casual en sitios públicos

El ‘cruising’ y el ‘doggin’

El ‘cruising’ y el ‘doggin’ son actividades prohibidas por el Código Nacional de Policía.

Cuando faltan pocos minutos para que sean las siete de la noche, Martín, un joven estudiante de medicina de 21 años, prepara su indumentaria deportiva para salir a trotar… Al menos eso piensan en su casa. El joven es uno de los centenares de hombres que esperan con impaciencia la oscuridad, como vampiros que se refugian en la parte más oscura del parque del Ingenio, y cuyas orgías no son de sangre, sino de sudor, incomodidad y anonimato. “No poder ver bien la cara del man que me estoy tirando me excita mucho… saber que es un desconocido y que tal vez tenga esposa o hijos, eso me arrecha más todavía”.

Desde que el hombre practica el sexo, es decir, desde que el hombre es hombre, ha existido la tendencia a encontrar excitación en actividades u objetos que son atípicos o extremos; a estas conductas se les conoce como parafilias. En Cali hay una parafilia en auge, la agorafilia o gusto por tener sexo en sitios públicos y espacios abiertos, ésta se practica de dos formas: teniendo encuentros casuales con desconocidos o haciendo el amor furtivamente en pareja.

La primera pregunta que surge es ¿qué motiva a alguien a cambiar la comodidad de una cama mullida por una cópula en vertical, apurada e ilícita? La respuesta, según la sicóloga Angélica Rebolledo, es simple: aburrimiento sexual. “En nuestra época ya lo hemos visto todo y hecho todo… El sexo en su forma más ortodoxa ya no resulta, digamos excitante, para muchas parejas. La gente busca nuevas formas de explorar y de divertirse con su sexualidad. En terapia de parejas en crisis es aconsejable, siempre y cuando no afecte la integridad personal”.

Son las once de una calurosa noche caleña en el barrio Tequendama, en una pequeña zona industrial en pleno corazón residencial del sur de Cali, un carro permanece parqueado frente a una bodega. Lucy, empleada bancaria de 28 años, mira con nerviosismo desde el interior del vehículo de su esposo. Esta noche va a ser en la que por fin lo hagan, van a tener sexo en la calle. Desde hace algún tiempo vienen planeándolo, buscando el sitio ideal: sin tránsito humano, sin otros libidinosos en busca de aventura y lo más importante, sin el peligro de que la policía sea alertada por algún vecino puritano o alguna vecina envidiosa. Aunque buscan evitar el peligro a toda costa, una dosis de riesgo es requerida. El sitio que escogieron, aunque muy poco transitado y oscuro, es iluminado por las farolas de automóviles que pasan frente a ellos, y cuyos conductores probablemente creerán haber visto dos siluetas en una posición comprometedora, así como también lo creerán el celador de la cuadra y algún incauto transeúnte que salió tarde del trabajo.“Rico hacer algo distinto…Llegó un punto en la relación en que nos aburrimos de lo mismo, entonces andamos buscando cositas diferentes… Ya hicimos tríos, compramos juguetes y ahora nos dio por esto”.

Gais y heterosexuales tienen formas distintas de referirse a la práctica del sexo con desconocidos ‘en la calle’: Cruising y Dogging. La primera, es usada por la comunidad gay desde la década de 1970 y tiene un significado que se puede interpretar como “hacer patrullaje”. El dogging o cancaneo, como se le conoce en los países de habla hispana, es una palabra que nace de la excusa que usaban los que acudían a parques a tener sexo: salir a pasear al perro.

Como Martín son muchos los que disfrutan tener sexo en el Parque del Ingenio. Durante una hora nocturna se pueden contabilizar 35 personas caminando por el jarillón del río que lo atraviesa. Los mismos caminos que durante el día son utilizados por señoras con french puddles, durante la noche son escenario de masivas actividades sexuales entre personas que no se conocen. La luz del día revela el desenfreno nocturno del parque, condones usados que se cuentan por docenas y botellas de licor barato, cubren las orillas del río Meléndez.

Al parecer, los parques son los espacios predilectos de quienes disfrutan la furtiva actividad, que se practica en El Parque del Ingenio, el Humedal de la Babilla, el Ecoparque Río Pance, el Parque de las Garzas, el Parque del Acueducto y la Colina de San Antonio… Sin embargo, no solo se practica en estos espacios recreativos. Otros lugares reconocidos por ‘cruisers’ y ‘doggers’ incluyen baños de universidades, hospitales y centros comerciales; el exterior de espacios como el Coliseo del Pueblo, el Estadio Pascual Guerrero y el Centro Administrativo Municipal.

Aunque existan sitios reconocidos por atestiguar actos libidinosos de manera recurrente, cualquier espacio público le puede resultar útil a un agorafílico, siempre y cuando le ofrezca una dosis mínima de peligro. De acuerdo con la sexóloga Frauky Jiménez, lo característico de esta parafilia, es que quienes la practican encuentran placer en el peligro de ser descubiertos o vistos por otros, la excitación tiene su raíz en el exhibicionismo.

El sexo casual 2.0 

Internet se ha convertido en la principal aliada de los que disfrutan el sexo anónimo y en sitios públicos. Existen siete grupos en Facebook y una cuenta en Twitter que reúnen a 5.500 adeptos a estas prácticas, sitios web como www.manhunt.com y aplicaciones como Grindr, Tinder, Bender y Badoo son espacios virtuales donde, además de acordar citas, se comparten experiencias y se dan consejos que facilitan la práctica del ‘crusing’ y el ‘dogging’.

El sitio de internet www.gayscruising. com ofrece un mapa de Cali con 31 ubicaciones señaladas, que corresponden a espacios donde se puede practicar el ‘cruising’. En el servicio de localización Foursquare se ofrece un plano similar, que incluye 14 puntos estratégicos para los ‘doggers’.

Poner a prueba la efectividad de las redes sociales para aliviar las bajas pasiones es fácil. El Giro realizó un experimento para demostrarlo. Se creó una cuenta en twitter, en la cual se colgaron fotos de desnudos conseguidas en internet. A continuación se publicó el siguiente trino: “busco manes dotados para morbo en los baños de Unicentro @cruisingcali”. (Mencionar a la cuenta @cruisingcali es importante, pues así el mensaje se hace visible para 595 ‘cruisers’). Un rato después, los mensajes privados no se hacen esperar: 5 en los primeros 10 minutos. Se acuerda una cita con un usuario que aseguró poder llegar en 10 minutos, una vez concretado el encuentro se eliminó la cuenta. Este pequeño experimento tomó 25 minutos.

Con las aplicaciones para dispositivos móviles, la efectividad es mucho más fácil de comprobar, pues éstas funcionan con un sistema de posicionamiento global, que permite ver a qué distancia están otros usuarios, quienes comparten sus características y gustos en un perfil. El uso de estas aplicaciones se ha generalizado tanto, que al utilizar Grindr en distintas zonas de la ciudad, se pudo encontrar que siempre hubo al menos 5 usuarios que se encontraban a menos de un kilómetro de distancia.

No importa dónde se le dé rienda suelta a este sexo casual, sin duda el mayor punto de reunión es el ciberespacio. La facilidad que brinda la web para acordar estos encuentros puede justificar que este hábito se haya tomado la noche caleña y se lleve a cabo en casi todos los sitios públicos de la ciudad. La cifra de personas que se identifican como ‘cruisers’ y ‘doggers’ en redes sociales, corresponde al 0,2% de la población de Cali.

Sexo en la calle, ¿negocio y placer? 

Una comunidad que se suma a la práctica del ‘cruising’ es la de las prostitutas trans, cuyo oficio se ha trasladado de zonas céntricas a sectores residenciales, ante la impotencia de sus habitantes.Mariana es una sexo-servidora transgénero de 19 años, recorre las calles desde los 16 y la Autopista Simón Bolívar con Carrera 80, desde hace 4 meses. Trabaja estratégicamente cerca al polémico Parque del Ingenio, por lo que la joven aprovecha para usarlo con sus clientes o para tener un rato de placer conFalguno de los hombres que hacen cruising en el área. “Acá vienen y nos recogen, nos llevan a moteles…Si el cliente quiere, deja el carro parqueado por acá cerca y lo hacemos en el parque… de vez en cuando es bueno uno gratis, siempre y cuando sea un pollo bien lindo”. 

Vecinos, en alerta 

Los vecinos del sector están preocupados por esta situación. Guillermo Vargas, miembro de la asociación de vecinos del Ingenio, comenta que en reuniones con la Policía se ha descubierto algo que llama la atención: Losdueños de los lujosos automóviles a los que las prostitutas se acercan a negociar tarifas y condiciones,son hombres casados y reconocidos profesionales.

 A pesar del disgusto de los residentes y de que la policía ya está enterada del hecho, no hay mucho que se pueda hacer. Lo único castigable en la conductade las acompañantes es que utilicen el parque para cometer actos sexuales, que ellas ejerzan su oficio en la calle no es ilegal. Según el Artículo 85 del Código Nacional de Policía, el sexo en público constituye una contravención, es decir una falta al orden público de menor envergadura que un delito.

“Hacemos operativos en los que conducimos a todos los individuos que incurren en estas actividades a la estación de Policía, ahí se les hacen las contravenciones escritas y se les recuerda que no pueden tener este tipo de conductas”, explica el Comandante John Vargas. Desde el punto de vista sociológico, el malestar que los actos agorafílicos causan en quienes los presencian o los saben cerca, tiene dos explicaciones.

Orfa Margarita Giraldo, autora del artículo académico ‘Multiculturalidad y sana convivencia’, manifiesta que la sexualidad en espacio público choca porque es un acto consagrado a la esfera privada, llevado al escenario donde conviven todos. “En la esfera privada están permitidos todos los comportamientos, así sean dañinos para mí… en la esfera pública hay muchas más restricciones, pues lo que hago, directa o indirectamente, afecta a todos”.

A pesar de las posibles consecuencias legales y de ser vistos con malos ojos por muchos, quienes se dedican a estas prácticas no parecen muy dispuestos a frenar sus impulsos. Martín asegura que seguirá frecuentando el parque tres o cuatro veces a la semana; mientras Lucy y su compañero continuarán buscando un sitio solitario donde sientan la adrenalina de poder ser descubiertos.

Ellos, con sus acciones, parecen querer recordar aquella frase inmortal del famoso ‘beatles’ John Lenon: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor…aunque la violencia, se practica a plena luz del día”.

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